"Rosalyn. Dos mujeres, un enigma"

Ha tenido una temporada muy exitosa en el Teatro Finis Terrae una de las obras más interesantes del año, "Rosalyn. Dos mujeres, un enigma", un laberinto al estilo del italiano Eduardo Erba, pleno de reflexiones y esquirlas.

Esther es una escritora de bestsellers pronta a un interrogatorio peor al que se debe vivir con un editor: la acusan de un homicidio perpetrado hace cuatro años, un lapso óptimo para un olvido consolidado, bajo el trabajo artesanal de la cuestionada percepción humana.

Su testimonio le exige evocar a una tal Rosalyn, empleada de limpieza cuyo super poder consistía en la invisibilidad social, pero ahora regresa y se alza como la clave del puzzle. Por supuesto, brotan las culpas de rigor y los secretos de manual, tan propicios para los críticos dominicales.

Los recuerdos de la exitosa escritora se tornan fragmentos, transformando la investigación en un cotizado descenso a las zonas oscuras de la psiquis. Hay una estructura de cine y una dramaturgia en idilio con la novela negra. Es un enigma, con sones de thriller psicológico, donde la memoria juega a ser el testigo más propenso al perjurio.

La obra cuenta con dirección de Bárbara Ruiz-Tagle y la asistencia de dirección de Ángeles Rivero. El elenco está coprotagonizado por María Olga Matte (Esther) y Alessandra Guerzoni (Rosalyn), quienes también lideran la producción ejecutiva, sumando además la traducción de la propia Guerzoni. El apartado visual y atmosférico, cobra vida gracias al diseño de escenografía e iluminación de Rocío Hernández y el diseño de visuales es de Alex Waxghotn.

El verdadero escenario del misterio no es la comisaría, el hotel, los suburbios o la sala de conferencias, sino la propia mente de la protagonista, la cual podría ser la de cada uno de nosotros. Poseemos una conciencia y percepción frágil, usamos máscaras urbanas, vivimos relaciones tóxicas y debemos lidiar con fantasmas, miedos y juicios hechos, todo con la madera de nuestras experiencias.

El consagrado autor de "Maratona di New York" y de "Venditori", viene a permitir en "Rosalyn, Dos mujeres, Un enigma" un interesante debate sobre las memorias de víctimas y victimarios, tanto que puede ser un festín para escuelas de psicología y la psiquiatría.

La escritora acusada, sufre un quiebre psicótico y moral entre la negación absoluta y la aceptación de su propia monstruosidad. Las heridas personales la llevaron a construir una mujer exitosa, culta y civilizada, ésta debe elegir ser una asesina o defender la máscara glamorosa de su status.

Lo que en "Crimen y castigo" de Dostoievski es conflicto moral y espiritual, en "Rosalyn" es psicológico y clínico. En un caso policial será materia de la criminalística y la psicología forense, pero ¿cómo se transita este asunto cuando enfrentamos los crímenes de lesa humanidad, hoy berreados desde le negacionismo?

La gran diferencia radica en la intención del relato: El aparato represivo y los victimarios construyeron una "verdad falsificada" de manera deliberada, consciente y planificada, con pactos de silencio, destrucción de archivos, montajes de prensa y un empate moral vía negacionismo, expelido por todos sus medios de propaganda. Hasta piden un "Museo de toda la verdad", post horrores del siglo XX.

Mientras tanto las víctimas, deben recurrir a su memoria para testificar sobre una fractura real. Si ésta falla en ciertos datos, es por el daño del propio trauma.

El Chile en eterna post dictadura y Esther comparten el mismo embrollo: una fachada de éxito construida sobre el crimen oculto. Esther proyecta una vida glamorosa, pero su estabilidad es un engaño. Dice poseer más contactos que el abogado Hermosilla, culpas, mentiras y vacíos, prontos a desmoronarse, sobre todo cuando Rosalyn devenla el caso frío de ayer.

El modelo económico y social chileno opera parecido. Bajo el bestseller del oasis macroeconómico, heredado de los Chicago Boys, yace el dinero mal habido. El closet de los chilenos huele mal.

Esther y Chile prefieren la omisión selectiva y las apariencias, en vez de enfrentar sus aberraciones. Sin embargo, el viaje físico y psicológico por los suburbios de la ciudad en la obra despoja a la novelista de sus caretas, como la crisis del país iniciadas desde la muerte de Pinochet, demuestran cómo la desigualdad estructural siempre rebrota. Ni la escritora puede evadir su complicidad en el asesinato, ni el país puede sostener más ese relato de "éxito" sin los fantasmas. Ambos son prisioneros de un pasado sin terapia.

Erba construyó a Rosalyn como una coartada inocente, torpe, estrafalaria y vulnerable. En estos nuevos locos años '20, ella, más los grupos medios y populares atrapados en la violencia de los oligarcas son una fuerza explosiva oculta ya conocida: ambas son instinto de supervivencia, capaz de transformarlo todo drásticamente cuando aparecen en escena sin avisar.

La temporada en Teatro Finis Terrae fue aclamada por la crítica, destacando la dirección y las actuaciones, la obra generó un balance positivo impulsado por el boca a boca y una alta demanda en sus funciones de cierre. Rosalyn volverá a aparecer...muy pronto.

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