"Me parece que no somos felices; se nota un malestar que no es de cierta clase de personas ni de ciertas regiones [...] sino de todo el país", afirmó Enrique Mac-Iver en 1900, al describir su percepción de Chile en vísperas de su primer centenario. Más de un siglo después, aquel malestar tiene expresiones distintas. Una de ellas aparece hoy en la mirada de los consumidores sobre la economía: en agosto, Chile registró la mayor caída en confianza entre las 30 economías medidas por Ipsos. El indicador descendió a 38,1 puntos, su nivel más bajo desde febrero de 2023.
Las señales detrás de este resultado son diversas. La preocupación por el empleo, la situación económica o la capacidad de compra incide en la manera en que las personas toman sus decisiones cotidianas. Es bastante claro que las marcas por sí solas no pueden resolver esas inquietudes, pero tampoco deben ignorarlas.
Cuando existe mayor cautela en el público, las marcas también tienen una responsabilidad: comunicar con claridad, explicar adecuadamente las condiciones de sus ofertas, presentar beneficios sin exageraciones o, simplemente, cumplir lo prometido son formas concretas de cuidar la relación con los consumidores.
Durante Fiestas Patrias, muchas campañas apelan a símbolos propios de nuestras tradiciones. En ellas, el tono festivo /emotivo no debiera restar claridad a las ofertas ni dejar en segundo plano sus condiciones. La confianza tarda años en construirse, pero puede perderse en una sola mala experiencia. Protegerla debe entenderse como una exigencia ética, además de un activo estratégico de largo plazo.