Contra toda sabiduría digital en la cultura de la inmediatez, comparto una idea. En estos días, la noticia que más me impactó fue la caída de rendimiento en la prueba PISA. Inevitablemente recordé que la semana pasada leí dos columnas que me removieron el alma antes la pregunta cuál es el rol de las instituciones de educación en un mundo donde el acceso a la información es cuasi-universal y la IA convierte ese conocimiento basal en resultados inmediatamente.
Una es la columna de Francisco Morandé J., donde reflexiona sobre el rol del académico en la sala de clases más allá de sus publicaciones, o como decimos hoy: "producción intelectual". La otra la de Abel Sánchez en LinkedIn. En esa columna Abel cuenta cómo un profesor de la Universidad de Chicago tiene 258 working papers (manuscritos en el pipeline) en lo que va de 2026. Aquí el foco estaba en el rol e impacto de la IA generativa y la agentic IA en la "producción de conocimiento".
Estas dos columnas me provocaron las preguntas del título. A los 23 años decidí dedicar mi vida "a educar" en una universidad (y no en mi industria), así es que naturalmente la irrupción de la IA me ha tenido, como a varios, reflexionando respecto al rol del profesor y del académico en el futuro de la educación universitaria.
Mi reflexión es la siguiente. Tal vez, el impacto de la IA ya fue. Nos puso contra el espejo. Nosotros siendo el mundo universitario. Tal vez la IA le puso nombre a los vicios del mundo universitario. El foco en la publicación hizo que un ejercicio reflexivo por naturaleza se convirtiera en un ejercicio productivo. La intimidad de la reflexión en su valor, se reemplazó por el foco en la escalabilidad de la capacidad de publicar. La especialización de tareas en los equipos de investigación reemplazó el sentido de aprender de un maestro: que es por una parte compartir un arte, por otra aprender, apropiarse de un arte inicialmente ajeno. En la universidad el objeto del arte es el conocimiento.
Ya antes de la IA, el mundo universitario había concentrado sus esfuerzos y todo su sentido existencial a la "producción de conocimiento".
La conclusión fue que el conocimiento es un commodity, luego la pregunta sobre el valor de las universidades. Desde el mundo escolar y el mundo empresarial se desafía a la "universidad" a responder cuál es su valor al menos a dos dimensiones: ¿Qué es el valor de la universidad? ¿Por qué la universidad?
El contexto: El conocimiento es un commodity con costo cero de acceso en tiempo presente y costo cero de producir en tiempo futuro. Hoy, su valor no reside en su producción (propiedad que la IA monopoliza). Hoy el valor del conocimiento es indirecto, vía el desarrollo del proceso cognitivo y ético de quien aprende. Esto desarma las bases tradicionales del valor universitario que centraba el valor del conocimiento en sí, y sus implicancias.
Mi respuesta a esas preguntas son: reflexión, apropiación e intención.
El valor de la educación universitaria es el proceso reflexivo que genera en el agente de la acción de aprender, la apropiación de la capacidad de generar nuevo conocimiento, y, por lo tanto, de intencionar su uso en el presente y el futuro.
La IA puede o podrá generar conocimiento, pero muchas veces un usuario no reflexivo (y con conocimiento) no podrá reconocer el valor de utilidad del conocimiento generado por la IA. Más aún, esa falta de dominio impide la intención del uso de ese conocimiento. A falta de reflexión, se impide la apropiación, sin apropiación no hay intención.
Aparece ahí el porqué: si no se puede intencionar, no hay responsabilidad por lo que otro valor clave, práctico de la educación universitaria es la responsabilidad moral del uso del conocimiento generado por quien genera el conocimiento.
Podemos delegar la decisión técnica de optar entre A o B a una IA. Y en que no hoy, en el futuro sus respuestas operativas serán ex-post más eficientes o "mejores" bajo la lógica de una función objetivo predefinida. El aporte de la universidad no radica en enseñar a optimizar o ejecutar la "elección correcta" desde una perspectiva algorítmica. El valor formativo, su valor social consiste en preparar al ser humano para asumir la responsabilidad ética de sus decisiones frente a la incertidumbre: convivir con el desconocimiento de verdades absolutas y en cambio habitarnos. Esto no es producción, es reflexión.