El bueno, el malo y el subsecretario

Un gobierno que crea emergencias. Este no es un país donde las derrotas se reconozcan con facilidad. Así que nadie se extrañó cuando Kast "explica" las salidas de las ministras poniendo un rostro de autocompasión diciendo: "No esperaba hacer un cambio tan pronto". No faltaba más. La modificación más intempestiva de elenco en 36 años no estuvo acompañada de ningún relato razonable. Son "cosas que pasan", pero que, en realidad, se deben a los errores presidenciales al conformar equipo. Mala señal.

Para que este cambio hubiera significado un giro importante se necesitaba incorporar más a Chile Vamos a las labores de gobierno, pero es algo que se evitó.

Kast hizo el cambio de gabinete, pero no ha rectificado su conducta. Por lo mismo se ha establecido un equipo inestable. Los enfoques evitan reconocer que el diseño basado en traer novatos para hacer el trabajo de veteranos era una tontería.

El área política no funciona con biministros. Interior y la vocería organizan sus equipos de manera muy distinta. La jefatura de gabinete se concentra en las tareas principales y en la negociación política. Funciona por focalización. La vocería necesita saber de todo, porque debe estar preparada para responder por todo. Puede que dispongan de información similar, pero la usan para finalidades que les son propias y no se puede estar pensando en un mismo asunto de maneras tan diversas, estando disponibles siempre cada uno en su especialidad.

Claudio Alvarado se tiene que concentrar en la negociación en el Senado y en la coordinación del gabinete. Fue nombrado vocero porque cuando el método de la Presidencia es la improvisación pueden pasar las cosas más extrañas. Steiner y Sedini fueron producto de la improvisación y de la falta de conocimiento de las personas que se nombran. Sus reemplazos se explican para no otorgarle mayor poder a Chile Vamos, no reconocer la falta presidencial y salir del paso.

Todo esto ha sido confuso y seguirá confuso, pero los recién nombrados deben saber solucionar los entuertos en que los pone Kast y eso es lo que han hecho. Así que los roles quedan distribuidos de la siguiente forma: Alvarado es el negociador bueno, Quiroz es el negociador malo y Pavez el vocero sin título oficial porque donde manda capitán no manda marinero. De este último se dice que es un "vocero de contingencia" como si hubiera un vocero que no lo sea.

¿Todo arreglado? No. Todo listo para seguir con una disputa de poder que la Presidencia no resuelve porque carece de la visión estratégica que le permita zanjar. La toma de decisiones no está reglamentada, no es solo institucional y se pueden asumir resoluciones contradictorias dependiendo de quien las tome.

Un gobierno, dos estrategias

Este parece un gobierno dedicado a la transferencia de recursos desde el sector público al sector más poderoso del sector privado. A eso le dedica máxima atención y es una preocupación con evaluación al día.

No ocurre lo mismo con lo que son las materias destacadas en el programa y que debiera motivar la acción conjunta del oficialismo. Porque lo usual es que la estrategia a seguir por los partidos no tiene una resolución unitaria. En la práctica, se verifica la existencia de dos modos de proceder muy diferentes y hasta antagónicos. Una línea busca acuerdos nacionales amplios, se muestra dispuesta al diálogo y trabaja para iniciativas que cuenten con respaldo perdurable.

Otra línea de acción cree que es posible imponer sus puntos de vista y que es preferible derrotar a los adversarios que ceder en una negociación, quiere mantenerlos ocupados con emplazamientos y cuestionamientos permanentes. Parte de la base de que los opositores no se recuperaran ni ahora ni después y hay que trabajar para que no suceda.

El Gobierno no ha mostrado la capacidad de poder regular este tipo de conflicto ocupado como está en controlar los problemas permanentes que le prodiga sus constantes improvisaciones. De hecho, en su misma conducción política se representan estos dos modos antagónicos de hacer frente a la contingencia. Así que tenemos a Alvarado abriendo puertas y a Quiroz dando portazos. Al final, el gobierno es la suma de ambas cosas y lo que está predominando es la imposición como línea de fondo y de intentos de diálogo en la superficie que no alteran y más bien complementan la orientación predominante que imprimen los duros.

El fácil modo con que el oficialismo impuso su reforma miscelánea en la Cámara por amplio margen y la posibilidad cierta de conseguir el apoyo del Senado aunque de modo estrecho, hace todavía más difícil que las posiciones internas logren un acuerdo. Al aumentar la polarización no queda más alternativa que ordenarse.

Quienes presentan la acusación constitucional contra Grau saben perfectamente lo que están logrando: una mayor polarización que incentiva el protagonismo de los más duros en la oposición, dejando a los demás de espectadores. Es precisamente lo que quieren provocar.

Buscan que la izquierda se dedique a defender, que exacerbe sus críticas y que se dedique a temas de interés político alejado de las preocupaciones ciudadanas.

El veranito de san Juan

La situación descrita parece lo suficientemente desordenada como para esperar que al gobierno le vaya bien, pero eso sería un error por dos motivos: Primero, porque no hay una oposición ordenada y bajo un liderazgo competente como para aprovechar los errores oficialistas y, segundo, porque estamos muy cerca de la primera cuenta presidencial, lo que permite establecer un clima muy favorable aunque de corto plazo para el gobierno.

Las habilidades del entorno de Kast son mucho más de campaña que de gestión y el tiempo corto le permite un regreso breve al pasado reciente. Para cuando se inicie el mes, el gobierno habrá creado la impresión de que tiene la situación controlada, que las soluciones están a punto de implementarse y de que, por fin, los diversos ministros han encontrado el rumbo adecuado.

Pero gobernar no es aparentar y los espejismos parecen reales pero desaparecen con la cercanía. El gobierno llegar al término de los primeros 90 días sin haber cumplido sus propósitos en la instalación. Se esperaba cosechar respaldo popular y ha sucedido lo contrario. Lo que viene es una etapa dura y los conflictos sociales no han desapareció solo porque el gobierno no los tiene contemplado en sus planes.

La buena política no es reemplazable, los acuerdos nacionales son necesarios para la estabilidad institucional, navegando a la deriva no se llega a ningún puerto seguro. Si alguna vez necesitamos de líderes responsables y transversales, es ahora.