Educación Técnico Profesional sin techo

En el Mes de la Educación Técnico Profesional (TP), la discusión no debiera limitarse a reconocer su aporte al desarrollo del país, más aún cuando reúne a más de 595 mil estudiantes, cerca del 45% de la matrícula de pregrado de la Educación Superior, según SIES (2025). También debiera llevarnos a la pregunta ¿ofrecemos a quienes eligen esta ruta oportunidades reales para seguir aprendiendo y proyectarse profesionalmente? La respuesta es clara: aún no en la magnitud que el país requiere.

Por eso, una primera vía de solución es ampliar las trayectorias formativas dentro de la misma educación TP. Chile debe dejar atrás la idea de que esta formación termina en un título técnico o profesional. En un mercado laboral que cambia rápido, estudiantes y titulados requieren actualización, especialización y reconversión. La experiencia internacional muestra que este camino es posible: en Europa, universidades de ciencias aplicadas ofrecen másteres profesionales y aplicados, vinculados con el mundo productivo, como Technische Hochschule Köln, en Alemania; y Hanze University of Applied Sciences, en Países Bajos.

Chile puede avanzar en esa dirección: la educación TP no solo debe formar para el empleo inicial, sino también habilitar a los institutos profesionales acreditados para impartir postgrados aplicados conectados con las necesidades productivas, de modo que los estudiantes puedan seguir avanzando dentro del propio subsistema TP.

Una segunda vía, complementaria a la anterior, es fortalecer la articulación entre la educación TP y las universidades. Chile cuenta con instrumentos relevantes, como el Marco de Cualificaciones Técnico-Profesional, el Sistema de Créditos Académicos Transferibles y mecanismos de reconocimiento de aprendizajes previos. Sin embargo, su aplicación sigue siendo acotada. En la práctica, la continuidad hacia la universidad depende de convenios y decisiones institucionales.

El resultado es conocido: carreras que no conversan entre sí, asignaturas que deben repetirse, aprendizajes laborales que no siempre se reconocen y trayectorias que se alargan. Para una persona que estudia y trabaja, o que busca reconvertirse, esa falta de flexibilidad puede incidir en su decisión de continuar.

En agosto, durante el Mes TP, vale la pena insistir en una idea simple: la educación técnico profesional no debe ser una vía terminal ni de segunda categoría. Debe ser una trayectoria completa de formación, especialización y desarrollo profesional. No basta con celebrar su aporte; debemos crear condiciones para que quienes eligen esta ruta puedan seguir avanzando a lo largo de su vida laboral.