Feria de Invierno: artesanías para la pausa y el frío

La estación fría trae consigo una pausa. Un cambio de ritmo que -en apariencia- repliega la vida hacia lo doméstico, sin embargo, en ese mismo gesto se abre también la oportunidad de volver a mirar aquello que permanece, que resiste y que da sentido. En ese contexto se inscribe la tercera versión de la Feria de Invierno Artesanía UC, que entre 7 y 10 de mayo se realizará en el Centro de Extensión del Campus Oriente UC, con entrada liberada y horarios continuados entre 11:00 y 19:00 horas.

Más que un evento estacional, esta feria permite observar un fenómeno cultural de mayor alcance. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Consumo Cultural 2024, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la artesanía es hoy la disciplina artística con mayor nivel de asistencia en Chile. El dato confirma una intuición extendida (y también estudiada): existe una conexión profunda entre las personas y los objetos que condensan historia, identidad y oficio.

Sin embargo, ese interés convive con condiciones desiguales para quienes cultivan estos saberes. El quehacer artesanal, fuertemente unido a los ciclos naturales, determina un calendario en que hay tiempos específicos para todos: la recolección, el acopio, la transformación de las materias primas y también los usos y las ventas. El invierno dificulta la circulación, exhibición y comercialización de la artesanía, lo que vuelve especialmente relevantes las plataformas que permiten sostener los oficios durante todo el año. En esta edición, 37 artesanas y artesanos provenientes de 13 regiones -desde Arica hasta Aysén- se reúnen en Santiago, dando cuenta de la diversidad territorial y material de la creación artesanal contemporánea.

La selección, que surge de más de 250 postulaciones, combina trayectoria y renovación, en la cual la mitad de los expositores participa por primera vez. Alfarería, textiles, cestería, madera, piedra, papel, cuero y orfebrería conviven como expresiones de un conocimiento que se transforma sin perder su raíz. Cada obra es resultado de un proceso donde el tiempo, la técnica y el entorno dialogan de manera inseparable.

La recepción de la Feria de Invierno ha sido consistentemente positiva, tanto por el público como por las y los artesanos, quienes año a año muestran mayor interés en participar. Este entusiasmo no es trivial y supone una responsabilidad y la oportunidad para poner al servicio de la cultura una historia de más de cincuenta años de trabajo conjunto entre la universidad y el sector artesanal. Se trata de un vínculo que ha contribuido a dar visibilidad, proyección y dignidad a oficios que forman parte del patrimonio cultural del país, y es que la Feria de Invierno proyecta el legado de la Muestra Internacional de Artesanía UC que en la época estival reúne a más de 100 cultores y que en 2026 llegará a su versión número 53.

La coincidencia con el Día de la Madre introduce una dimensión adicional. En una fecha marcada por el consumo, la artesanía propone una alternativa basada en el sentido, pues regalar una obra hecha a mano implica reconocer una historia y, muchas veces, un linaje, por lo que no es para nada casual que sean mujeres -madres, tías, vecinas y abuelas- quienes han sostenido en gran medida la transmisión de estos saberes, proyectándolos hacia nuevas generaciones.

La Feria de Invierno, en su tercera versión, vuelve a ofrecer una oportunidad de encuentro cultural significativo que aspira a transformar a las personas e impactar positivamente en la sociedad. Su alcance no se limita al espacio donde ocurre, si no que se proyecta hacia las comunidades y territorios de cada cultor y cultora, reforzando circuitos económicos y culturales que sostienen estas manifestaciones. En ese sentido, también expresa el compromiso de la UC con su rol público y con el resguardo de prácticas que son fundamentales para la identidad de los pueblos.

Lejos de limitarse a la exhibición y venta, la feria incorpora talleres, recorridos guiados y actividades familiares que permiten comprender la artesanía como proceso y no solo como objeto, para lo cual se proponen espacios de mediación cultural donde el público no solo observe, sino que tenga una experiencia que les conecte -a través de los sentidos- con técnicas, personas y materias primas.

En un contexto marcado por la inmediatez, detenerse frente a un objeto hecho a mano puede parecer un gesto menor, sin embargo, en esa pausa se juega la posibilidad de reconectar con aquello que toma tiempo, que requiere dedicación y que porta significado. Tal vez por eso la artesanía sigue convocando pues en su aparente sencillez, ofrece una experiencia cultural cercana, tangible y profundamente humana.