Tecnologías de la comunicación y subjetividad social

Ya en los años 60 Marshal McLuhan (1992) sostenía que el cerebro humano es un ecosistema biológico en constante diálogo con la tecnología y la cultura y agregaba que "la velocidad eléctrica tiende a abolir el tiempo y el espacio de la conciencia humana. No existe demora entre el efecto de un acontecimiento y el siguiente. En la era eléctrica nos vemos a nosotros mismos cada vez más traducidos en términos de información, dirigiéndonos hacia la extensión tecnológica de nuestra conciencia."

Recordaba que Harold Innis, economista y experto en comunicación canadiense, fue el primero en demostrar que el alfabeto es un agresivo absorbedor y transformador de culturas.

En definitiva, lo que McLuhan adelantaba, con gran intuición, es que sea en el paso de la cultura oral a la cultura escrita como en el paso de la cultura mecánica a la eléctrica y a la digital, las tecnologías de las comunicaciones producen verdaderas revoluciones en la formulación de la subjetividad de las sociedades.

Ello significa que la estructura mental de la sociedad y de las personas está influía por el tipo de tecnología que la sociedad dispone. “Somos lo que vemos, formamos nuestras herramientas y luego estas nos forman”, diría McLuhan (1996).

En la Galaxia de Gutenberg , plantea que en el paso de la cultura oral a la alfabética, no solo se crea una nueva memoria que hace perdurar el pensamiento humano sino que además las palabras adquieren significado mental y se genera una nueva creación imaginaria.

El conocimiento y el manejo de la información es poder y la Ilustración, el Iluminismo y la propia Revolución Francesa habrían sido imposibles sin que mediara la creación de la imprenta y la publicación de las obras que generaron el pensamiento político hegemónico de esta fase de la modernidad.

Los periódicos acompañaron en el siglo XVIII a la revolución industrial, a la expansión del capitalismo, al liberalismo que creó al ciudadano, la igualdad ante la ley y el derecho a la propiedad, premisas con las cuales nace la democracia moderna.

Pero, también, la imprenta y los periódicos permiten la expansión del pensamiento social, en particular de las ideas de Marx, que representó a aquella clase que de súbdito se transformó en un ser libre de vender su fuerza de trabajo en el mercado y en un sujeto político que expandió los confines de la democracia e instaló el principio de la igualdad social.

Es el paso a la tecnología de la imagen, el surgimiento de la Televisión, que cambia la forma de vivir de las sociedades, lo que permite a McLuhan (1990) predecir que esta nueva forma de comunicar iba a transformar el mundo en una Aldea Global, lo que se profundizaría cuando el satélite permitió trasmitir imágenes y “comunicar en tiempos reales a gran distancia”.

La influencia del medio televisivo sobre la vida privada de los ciudadanos es uno de los fenómenos centrales en la evolución de la sociedad contemporánea.

Se trata de un fenómeno que produce incluso una auténtica mutación antropológica, ya que incide en los parámetros cognoscitivos, en las disposiciones emotivas, en el imaginario colectivo, en el sentido, en los ritmos y los contenidos de la existencia cotidiana.

La sociedad de los últimos 40 años del siglo XX y del primer decenio del siglo actual, ha estado regida por la influencia de los medios y en particular de los visuales.

Televisión y video han orientado y, en gran medida, determinan la composición de significados, las representaciones que nos hacemos de la sociedad, la definición de nuestros deseos que creemos íntimos y libres.

En el tiempo en que decae la lectura y la sistematización conceptual como modos de interrelacionarse con el mundo, la imagen pasa a primer plano en su rol de componer nuestra concepción de la realidad.

La televisión hegemónicamente reemplaza a la escuela como principal aparato educador y las instituciones clásicas encargadas de la socialización de los individuos, entre ella los propios partidos políticos, pierden influencia y efectividad.

Se sale, como señala Sartori (1989), del “mundo de las cosas leídas” para entrar en el “mundo de las cosas vistas”. Hay un paso del “homo sappiens” al “homo videns” y, por tanto, al de un ser humano donde el significado de las cosas ya no se da en términos de conceptos sino de imágenes y de emociones.

A diferencia de McLuhan, que confiere a la TV un rol esencial en el surgimiento de la globalización como efectivamente ha ocurrido, parte importante de la intelectualidad, sobre todo europea, ha sido despiadadamente crítica con el rol, considerado excesivo, de la TV en la vida de la sociedad.

De Carl Schmitt a Luhmann y a Habermas la sociología y la filosofía europea colocaron el acento en el impacto de los medios de comunicación sobre los espacios tradicionales de la democracia, mostrando la creciente influencia sobre los procesos de formación de la opinión pública.

En un momento el filósofo francés Jacques Derrida (1989), para el cual “la democracia es solo una promesa y está aún por venir”, avanzó una propuesta de “aggiornamento” de la democracia, basada en la idea de una “opinión pública independiente”, es decir, una opinión pública que sepa interrogarse críticamente sobre los principios mismos de la democracia, comenzando por la idea de la democracia.

Sin embargo, el mismo Derrida sostuvo que la independencia de la opinión pública está más que nunca amenazada por los medios de comunicación de masas.Su conclusión es muy radical, “la TV hace mal a la democracia” y, por tanto, señala, “es necesario luchar contra la nueva censura que amenaza a las sociedades liberales: la acumulación, la concentración, los monopolios de la comunicación que pueden reducir al silencio todo aquello que no entra en sus propios esquemas”.

También Karl Popper (1994), uno de los padres de la sociedad liberal abierta, en su último ensayo antes de su muerte, se ocupa de lo que llama “los peligros que emanan de la Televisión para la libertad”

“La Televisión sostiene Popper, se ha convertido en un poder político colosal. Podría decirse que es incluso el más importante de todos, casi como si hablase de Dios mismo. Y así será un día, si seguimos permitiendo el abuso por parte de este medio de comunicación.”

Por su parte, el sociólogo norteamericano y experto en comunicación de masas, Todd Gitlin(1994), fundamenta la acusación que se hace a los medios norteamericanos de degradar la política.Destaca que la influencia de los medios y especialmente de la TV en relación a las campañas políticas, tiende a banalizar la competencia ya que se destacan aspectos de imagen más que propuestas y contenidos, imitando las formas deportivas y del espectáculo.

Es obvio, que la Televisión cambia el lenguaje de la política que no está determinado por el tiempo destinado a hacer comprensible el argumento a la gran masa sino a los tiempos del “efecto sonido e imagen” que la TV transmite y que es seleccionado a través del montaje por la propia Televisión.

La visión crítica de intelectuales europeos y norteamericanos sobre el rol de la TV, se apoyó en que el presente se caracteriza por la analogía y la homología entre la crisis de las grandes filosofías de la historia y la crisis del imaginario colectivo, construido por los grandes medios históricos como el cine, la radio, la prensa de masas.

Ello fue reemplazado crecientemente por formas de comunicación y de tecnología “auto hipotéticas”, de medios expresivos, de elaboración de lenguajes que llegan a la artificialidad del sujeto. La TV y la tecnología de las comunicaciones fue vista, unilateral y reductivamente, como un riesgo de desestructuración de lo social hacia otros polos de atracción.

Los representantes de la Escuela de Frankfurt, especialmente Adorno y Horkheimar (1987), van más allá en su crítica al papel de la TV y de la industria cultural en general, convertida en una “industria de las diversiones”, la cual reduciría al ciudadano en una “censurable calidad de consumidor.”

De esta forma, se liga directamente la crisis del sistema político democrático a la política de los medios. Althusser(1971) mismo se declaraba defraudado de las expectativas emancipadoras de los medios electrónicos convertidos, según él, en “aparatos ideológicos del Estado o en represoras “industrias elaboradoras de la conciencia”.

Para muchos intelectuales, el desarrollo del medio televisivo resulta nocivo para la política porque produciendo mundos virtuales y estableciendo una gran confusión entre historia - realidad y ficción, ello lleva a evaporar los espacios públicos hasta convertir a la sobre modernidad de los medios en la productora de no lugares y ellos, junto al relato y a la estructura social resultan indispensables para la política.

Sin embargo, para el teórico francés Lucien Sfez (1988), que busca explicar el carácter apocalíptico de las críticas a la Televisión y al sistema de medios desde el mundo intelectual europeo, especialmente en los años 80 y 90, ellas corresponderían a un afán desesperado por encontrar “un elemento capaz de mantener el consenso” cuando se han perdido los criterios de legitimidad como los factores tradicionales de la integración social.

Obviamente es miope no reconocer que gracias a la influencia del medio televisivo, el horizonte cognoscitivo y las posibilidades de experiencia de las sociedades se han dilatado enormemente, que se ha expandido la dimensión de la esfera pública.

No hay duda que gracias a la televisión, la vida emotiva e intelectual es hoy potencialmente más rica, más compleja, más integrada y ella ha sido, junto al mercado mundializado, el vehículo de la globalización y, también, al creciente surgimiento de fenómenos multiculturales.

Esto nos traslada a un mundo donde la dignidad de lo visible es la que permite la dignidad de la acción y no a la inversa.Ciertamente la visibilidad del mundo vivido es clave para la configuración de las relaciones sociales, para identificar sujetos y cosas.

Esto, porque es cierto que la comunicación televisiva funciona sobre la base de una lógica autorreferencial: se organiza como un mundo en sí mismo, habla de sí misma, refiere a sí misma toda experiencia y constriñe a toda experiencia a hacer referencia a su universo simbólico.

Todo ello hace que sea necesario, desde el punto de vista de la sociología y de la política, dedicar una mayor atención a la relación entre “media” y el sistema social en su conjunto como premisa para el desarrollo de un “aproccio” socio-cognitivo al tema del efecto de la comunicación medial en el tiempo.

La televisión opera sobre todo a través de la creación de un tejido de experiencias.Como bien señala el estudioso norteamericano Raymond Williams una de las características más notables de la televisión es la enorme profusión de historias que ofrece.

Nunca antes, generaciones de seres humanos estuvo expuesta a una multitud de narraciones como hoy y, por tanto, esas narraciones se incorporan a nuestra cotidianeidad. La televisión es “fluida”, una cosa conduce a la otra, la gente mira la televisión, no unidades narrativas distintas y preseleccionadas.

El “control remoto” que permite el “zapping” por centenares de canales – lo cual provoca la alegría de los teóricos posmodernos que celebran la cultura de re mezclamiento como ejercicio de la libertad - evidencia un viaje por una multitud de historias, pasado y presente está mezclado y todo es parte de la realidad virtual con la cual convivimos diariamente.

Detrás de esta velocidad en el transcurrir se transmite el sentido de la velocidad de una versión comercial de la vida urbana, de la abundancia de objetos de consumo, de la superficialidad en las relaciones sociales.

La publicidad y más en general una buena parte de la programación televisiva nos invita a pensar como consumidores, cuando se tiene dinero, como frustrados cuando no se tiene acceso a lo que muestra la televisión, pero no como ciudadanos.

El politólogo italiano Furio Colombo (1976), al diferenciar entre “territorio real” y “ territorio visivo“ lo grafica así : “ la democracia visiva es inversamente proporcional a la efectiva participación democrática de los hombres en sus propias instituciones “ y agrega que “ la comunicación visiva se plantea como un nuevo territorio e induce a tal desalojo organizativo y político del territorio real que la presencia y la fuerza del territorio visivo provocan el desamparo y la desactivación de la acción social en el territorio real.”

Hoy, sin embargo, el paso de la tecnología electrónica a la digital en las comunicaciones influye en la formación de una nueva subjetividad ligada ya no a la calidad de espectadores de la televisión, que necesita público que vean su programación, sino a un protagonismo de la sociedad civil que con los instrumentos interactivos de lo digital, que son móviles, puede auto convocarse, tener voz al margen de los medios tradicionales y exigir participación en las decisiones políticas.

Las nuevas fronteras de la tecnología de la información amplían el espectro de opinión pública y, en particular, la conexión computador – teléfono – Internet y sus ramificaciones- hacen posible el surgimiento de nuevas formas de comunidad y le dan una enorme oportunidad a la política y a los partidos en la medida que ellos también sean capaces de pasar de lo análogo a lo digital y que utilicen las nuevas tecnologías de la información para escuchar y consultar a la ciudadanía, horizontalizando la democracia.

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