TVN, televisión pública o de gobierno

El Presidente Piñera es un hombre de obsesiones. Una de ellas es controlar políticamente a TVN, transformarlo en un canal de gobierno y no de Estado. Ahora se ha involucrado directamente para lograr la salida del Director Ejecutivo Jaime De Aguirre amenazando incluso con el envío de un proyecto de ley para destituirlo.

Esto, después que Francisco Orrego, Presidente renunciado, nombrado por Piñera hace 10 meses, no lograra, incluso recurriendo a maniobras ilegales, filtraciones, intentos de censura a programas de investigación periodística, sacar a De Aguirre.

De Aguirre llegó a TVN por acuerdo unánime del Directorio e hizo un trabajo intenso recomponiendo una parrilla debilitada y aumentando, en todos los segmentos, el índice de audiencia del canal público. Lo más curioso es que cuando Piñera compró CHV nombró a De Aguirre como Director Ejecutivo y este sacó a este canal del cuarto lugar y lo llevó al primero. ¿Entonces, la pregunta es porqué De Aguirre servía para el negocio privado del Presidente en CHV y no sirve como Director del canal público?

Sin embargo, esta historia no es nueva. En su primer período presidencial Piñera trató de destituir, sin lograrlo, al Director Ejecutivo de TVN Mauro Valdés, nombre propuesto por los Directores de derecha del canal y acordado por unanimidad.

Piñera nunca perdonó a Valdés la profundidad y extensión con que TVN llevó las protestas estudiantiles del 2011 que, como la historia ha mostrado, fueron un hito y no podían, como pretendía La Moneda, ser minorizadas u ocultadas por los noticieros de la TV pública.

Se vivieron cuatro años de tensión extrema, de una lucha interna intestina atroz, que culminó con que el Presidente del Directorio de la época provocó la salida de toda el área dramática histórica de TVN con el argumento que había que ahorrar 500 millones pero ignorando, porque no sabía nada de TVN como empresa cultural y de comunicaciones, que esa área dramática producía cinco veces su costo, que financiaba el canal, que lograba no solo alta audiencia con dos teleseries en el horario pre prime y prime, y con ello también el noticiero central era el de primer sintonía, sino que arrastraba todo el tren programático teniendo a TVN en el primer lugar.

Es aquí donde comienza el descalabro de TVN, se debilita en extremo su programación y con ello cae la participación del canal en el pozo publicitario. Esto ha sido tratado de ocultar por parte del ex Presidente Francisco Orrego que incluso en su comparecencia ante la Comisión Investigadora de la Cámara lo trató como un hecho anecdótico, pero todo el mundo en TVN sabe que la obligada renuncia de Quena Rencoret a TVN y la salida de 90 personas del área marcó un antes y un después en la programación, en el rating y en las finanzas del canal público y ello solo puede ser negado por obstusidad ideológica o ignorancia sublime.

De hecho, a partir de allí, TVN fue gradualmente perdiendo rating y descendiendo del 30% de participación en el pozo publicitario a solo el 15% actual.

El verdadero objetivo de Piñera, ayer como hoy, es controlar a TVN desde La Moneda. Para eso era necesario la salida de De Aguirre y el envío del proyecto de ley que modifica el quorum para designar o remover al Director Ejecutivo.

De esa manera Piñera se asegura nominar al Presidente del Directorio, su mayoría al Director Ejecutivo y este a toda la plana mayor de TVN. Se quiere convertir a TVN en un canal de gobierno y no de Estado.

Hay que decir, para ser totalmente transparente, que esta es una tentación compartida también por algunos ex ministros y parlamentarios de centroizquierda que no escapan a la tentación de un canal que obedezca los designios del gobierno de turno, reduciendo entonces la pluralidad y la autonomía que ha caracterizado a TVN desde la dictación de su ley orgánica en 1992.

Se prefiere por Piñera, sectores de la derecha y aún más allá de ellos, un canal donde sea posible controlar la información, hacer de los noticieros verdaderas pautas de los discursos presidenciales y, de paso, controlar esos “incómodos” programas de denuncia y de investigación periodística que colocan a la luz irregularidades del mundo empresarial, de las FFAA, de la Iglesia y del propio mundo político.

Esto no es una novedad en los Canales de TV pública en América Latina. Muchos de ellos, con méritos incuestionables en diversos programas que no pasan el filtro de rating/publicidad ya que tienen financiamiento estatal, son canales de gobierno más que públicos, obedecen y sirven al líder y a la popularidad de su gobierno. Ello los ha convertido en canales de nicho político/ideológico, mas uniformes, han reducido su audiencia y han perdido el sentido de la pluralidad de ideas, intereses, misión que resguarda el actual modelo del canal chileno.

Por el contrario, TVN es algo inédito internacionalmente, canal público, con autonomía, pluralista como esencia, plural también en la composición de su Directorio nombrado por dos poderes del Estado y financiado a través de la publicidad.

Advierto que si modifican las bases en las cuales se apoya el pluralismo y la misión pública de TVN, que resguarda la ley orgánica 19.132 del año 92 y las modificaciones establecidas en la ley 21.085 del 2018, se estará colocando en riesgo el carácter público del canal y convirtiéndolo en algo muy distinto lo que puede, como ocurre en otros países de América Latina, transformarlo en un canal intrascendente porque no hay duda que estar en la competencia con los otros canales abiertos genera una dialéctica que obliga a la superación y a generar una oferta masiva de mayor calidad que marque la diferencia entre lo público y lo privado.

La idea del canal “formativo” puede terminar en un canal “adoctrinador” de una u otra tendencia dominante y en una programación que no despierte ningún interés, máxime cuando se ha extendido inconmensurablemente la esfera de la entretención a través de las redes sociales y de los espacios y plataformas digitales en crecimiento a nivel mundial.

Una de las mayores falencias de TVN es que hoy no se distingue nítidamente su función pública, su diferencia con los canales comerciales que antes era evidente.

Esto ocurre o porque los otros canales abiertos se han liberalizado en su programación, o porque la comunicación global ha uniformado los gustos de las audiencias, como en un momento largo ocurrió con las teleseries turcas, o porque simplemente no se ha encontrado, por límite creativo, los espacios donde la TV pública marca su diferenciación con la TV comercial.

Ese es un punto clave a abordar en el debate dentro del Directorio, de la futura Administración, en el Parlamento y en la propia ciudadanía que no puede quedar al margen ya que de ello depende la creación de un nuevo consenso, de un nuevo sentido de la TV pública: donde se marca la diferencia en una programación que debe ser masiva, plural, transversal, con mensaje valórico que es parte de la misión de la TV pública y todo ello en un estándar de mayor calidad.

Y la calidad y la masividad cuesta, no es gratuita, se corren riesgos y obliga, a un canal con pérdidas relevantes ahondadas por la reducción del 20% en los últimos años en la dimensión del pozo publicitario, a dimensionar cada paso que da para producir un nuevo equilibrio entre modelo de gestión/audacia, calidad de la programación y financiamiento a partir de que es una industria en general en crisis en Chile como en el mundo y que continuará , como ocurre también con los medios en papel, sufriendo los embates de la gigantesca oferta  proporcionada por la dimensión de los cambios tecnológicos en la comunicación digital y oferta que pone a disposición de las audiencias cada día más nómades.

Si se quiere cambiar el modelo de la TV pública, especialmente en su financiamiento, cosa que debía ser debatida en los cuatro años que duró la compleja tramitación de la nueva ley de TVN y no se hizo, ello debe plantearse resguardando la autonomía,  el pluralismo político y temático, la misión social de una industria que es antes que nada cultural, de entretención e información y que debe contribuir al debate en la sociedad en los temas ambientales, de libertades, de conciencia, étnicos, de género, de diversidad, de democracia y derechos humanos, para que tenga sentido la existencia de una TV pública masiva.

Pero, además, este debe considerar los cambios profundos e irreversibles que la revolución digital de las comunicaciones y de la imagen instala y que obligan a diversificar, en todas las direcciones el rol de la TV que perderá audiencia y financiamiento en beneficios de otras plataformas, globales, y que crecientemente están al alcance de la mayoría a través de Internet y de la telefonía celular cada día más sofisticada.

Todos los canales de TV abierta han tenido y tienen grandiosas pérdidas en los últimos años. La diferencia reside en que los canales privados han recibido, entre capitalización y aporte de capital, más de 360 millones de dólares y que en cambio TVN ha estado durante 25 años sin recibir capitalización de su dueño, el Estado y sin poder, además, operar en el mercado financiero, como cualquier empresa pública o privada, ya que la ley se lo impedía.

La tramitación de los recursos para TVN se arrastró en el Parlamento por muchos años, retrasando con ello que TVN pudiera agilizar su modernización y una vez aprobados se han puesto múltiples trabas en el ministerio de Hacienda para entregar estos recursos. Orrego incluso los condicionó a la salida del Jaime De Aguirre.

Durante la Presidencia de Ricardo Solari se desvincularon a 400 trabajadores de TVN en todos los niveles. Hoy se desvinculan otros 180 trabajadores y rostros del canal. Pero ello debe ser acompañado de un modelo de gestión ágil, acorde a la nueva situación de la industria TV, con capacidad de inserción de TVN en todas las plataformas digitales y dando un salto en la capacidad creativa que mejore la competitividad del canal público. Para todo lo cual se requieren recursos frescos de los cuales TVN no ha dispuesto ni siquiera después de aprobada la nueva ley.

Los desafíos son enormes y para cumplirlos TVN requiere, en primer lugar, de estabilidad institucional, autonomía de su gobierno corporativo, respeto a las competencias de cada autoridad del canal  de acuerdo a lo establecido en la ley, que Orrego, el Presidente de Piñera, puso en riesgo desde el primer día, y  sobre todo, de una enorme capacidad innovativa en la gestión y en la creación que sigue siendo el tema central de una empresa de contenidos culturales que debe incidir en una población desafecta a la política, con poca fidelidad y que construye identificación adhiriendo a las más diversos temas, nómade, que pasa de un gusto a otro y muy lejana de las viejas formas de organización social, preocupada del presente, su presente, más que de los grandes relatos.

Ni privatización de TVN, como muchos sueñan. Ni salida de TVN del mercado, financiamiento mixto, transparencia total, capacidad para captar la compleja y diversa sociedad en que vivimos y la nueva subjetividad de la población y, sobre todo, fin a las injerencias indebidas del poder ya que TVN no es ni debe ser un feudo político de nadie.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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