Resulta difícil esquivar la infoxicación, un fenómeno que describe la saturación mental y la confusión provocadas por la exposición constante a un volumen de información que supera nuestra capacidad para procesarla, comprenderla y analizarla. Parece estar en todas partes. Noticias, datos, mensajes y contenidos de diversa procedencia se acumulan a diario, principalmente en internet y las redes sociales, pero también en los distintos espacios y canales que forman parte de nuestra vida cotidiana.
¿Dónde está lo confiable, lo serio y lo valioso? ¿Quiénes estratifican las noticias relevantes de las que no lo son? Lo bueno es que las audiencias están volviendo a buscar lo que durante algunos años dejaron de valorar: rigor, contexto y criterio. Y una parte de ellas está dispuesta a pagar para acceder a contenidos que cumplan con esos estándares.
En casi dos décadas, las noticias se volvieron gratuitas, inmediatas e inagotables. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute, que analiza 48 mercados, confirma un cambio en los hábitos de consumo. Por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video (54%) superan a los sitios y aplicaciones de los propios medios como principal vía de acceso a las noticias. También tiene consecuencias en la confianza. Esta cayó al 37%, su nivel más bajo registrado, mientras que la preocupación por la información falsa o engañosa alcanzó el 62%.
El mismo informe revela que el 45% prefiere noticias que no tomen partido. En medio de la polarización, las audiencias parecen buscar más distancia, contexto y criterio.
Ground News responde a esa demanda. La plataforma canadiense se diferencia por reunir distintas coberturas sobre un mismo hecho y por clasificar a los medios según su orientación política. Su herramienta Blindspot identifica historias que un sector del espectro ignora. La existencia de este modelo apunta a una necesidad creciente de contrastar fuentes, reconocer sesgos y salir de la burbuja informativa. Obliga a ampliar la perspectiva que el algoritmo nos armó y, además, tiene un costo.
The New York Times entendió que su valor no radica en competir por cada clic, sino en ofrecer razones para que las personas quieran volver y pagar por sus contenidos. Su modelo combina periodismo de investigación, análisis y cobertura especializada con productos como juegos, cocina, deportes y recomendaciones de compra. La propuesta trasciende la noticia del día y construye una relación sostenida con sus audiencias.
Conviene, eso sí, no idealizar. Todavía son pocos los que pagan por informarse digitalmente. El péndulo tampoco regresa exactamente a su punto de partida. Emerge un escenario en el que una audiencia más acotada está dispuesta a pagar por contenidos rigurosos y de calidad, mientras que una mayoría que no paga sigue depositando su confianza en los medios que logran construirla y sostenerla.
Chile vive esta tensión con especial intensidad. En 2025, solo uno de cada 10 adultos chilenos declaraba pagar por noticias en línea. La publicidad migró a las grandes plataformas y el informe describe una industria bajo fuerte presión financiera, con canales y grupos editoriales ajustando equipos y reestructurando sus deudas.
Aun así, el péndulo se mueve. Diario Financiero fue pionero en cobrar por sus contenidos; El Mercurio cerró su acceso digital a fines de 2018 y La Tercera lo hizo en 2019. La tendencia apunta a menos volumen y más valor editorial, con información verificada, opinión con criterio, análisis que conecte los hechos e investigación que revele lo que otros no ven. Todo ello exige transparencia, mucha transparencia. La audiencia ya aprendió a preguntar quién le cuenta la historia.
Atentas las marcas también: esta lección no es solo para los medios. Según el Estudio de Confianza 2026 de PwC Chile, el 86% de los directores cree que los consumidores confían plenamente en sus empresas, pero solo el 24% de los consumidores lo confirma. Una brecha de 62 puntos. Quienes asesoramos a directorios y gerencias generales sabemos que la reputación se construye con coherencia entre lo que una marca dice, lo que hace y lo que puede demostrar.
Para los medios chilenos y cualquier marca que aspire a ser importante, la confianza debe ser el resultado de lo que se hace, se dice y se demuestra. No se compra ni se improvisa. Se construye con cada decisión y se pone a prueba con cada información. La infoxicación es difícil de esquivar y la ventaja la tendrá quien se convierta en alguien en quien valga la pena creer.