64 niños… un poquito de altura, por favor

Durante dos semanas la agenda pública ha estado atenta al caso de 64 niños haitianos que entraron con documentación sospechosa, a cargo de adultos con los que no compartían lazos familiares y cuyo paradero era desconocido. El miércoles recién pasado, luego de un trabajo de los tres poderes del Estado, un rastreo policial y, por cierto, la investigación periodística de algunos medios, la totalidad de los niños fue encontrada en condiciones adecuadas -"adecuadas"- y la mayoría de ellos recibiendo educación escolar.

Desde luego, quedan muchas preguntas sin responder que, confiemos, las autoridades pertinentes, actuales y pasadas, tendrán que ir esclareciendo hasta conocer en detalle los vacíos y desprolijidades que hubo -según ya confirmó la Contraloría- en todo el tránsito de los menores desde Haití hasta Santiago. Es de esperar que por encontrar a los 64 niños eso no sea leído como que el caso está cerrado.

Es cierto que el Gobierno, principalmente en voz del actual jefe de Migraciones, Frank Sauberbaum, puso el tono catastrófico desde el comienzo, aunque, como suele decirse, con el diario del lunes es fácil opinar sobre lo acertado o no de reacciones frente a una emergencia. De no haber hecho nada y haberse sabido por otra vía de este incidente, estaríamos criticando al Ejecutivo de omisión y falta de humanidad.

Ahora bien, lo ocurrido estos días deja también un sabor amargo por el modo de abordarlo de parte de algunos políticos, concretamente de oposición. Es posible que sea necesaria una reflexión ética y hasta moral en el modo de "hacerse cargo" de la situación de 64 almas.

A modo de ejemplo, podríamos señalar al verborreico diputado Gonzalo Winter, al cuñero senador Vlado Mirosevic y al "preclaro" exministro Giorgio Jackson. Los tres, cada uno en su estilo pontificador, abordaron el caso de los 64 niños desde la sospecha de una suerte de montaje y oportunismo de parte del gobierno y dan por confirmado aquello por el hecho de haber sido encontrados sanos y a salvo.

El mal gusto que queda en el paladar es que ellos -insisto, a modo de ejemplo, pues son más- abordan en sus redes sociales lo ocurrido con 64 personas, con la misma liviandad de si se hablara de 64 millones de pesos malgastados o 64 computadores sustraídos. Y claramente no es lo mismo.

Tres son las ideas que podrían someterse a una reflexión de mayor altura. En primer lugar, decir que si fueron encontrados "nunca estuvieron perdidos" es de una bajeza argumentativa preocupante. Lo cierto es que si algo (o alguien) se encuentra, es porque se estaba buscando. Y si se estaba buscando es, precisamente, porque estaba perdido. ¿Por qué todos los organismos involucrados, en Haití, Perú (donde se hizo escala) y Chile no tienen claridad absoluta de lo ocurrido? ¿Quién falló a la hora de no poder ubicar a una cantidad importante de niños inmigrantes que, se suponía, venían a una reunificación familiar? ¿Si esto pasa con niños, ocurre algo similar con mujeres adultas, por ejemplo? ¿Esta opacidad ocurre en todos los vuelos? Falta, desde luego, una reflexión algo más pausada y honesta de parte de nuestros políticos. Estamos hablando de 64 vidas.

En segundo lugar, si Winter, Mirosevic o Jackson sospechan que esto es, como dicen, un "montaje", un "oportunismo" o una "exageración" de parte del gobierno actual para denostar a la administración anterior, desde luego esa pataleta de doncella ofendida no puede quedarse en sus perfiles de redes sociales.

Si efectivamente el extravío de 64 personas es una jugada política de parte de alguien, es tremendamente grave y debería hacerse una denuncia formal en las instancias pertinentes. No sólo en reels e historias pasajeras. Si quienes acusan al Ejecutivo de montaje u oportunismo no denuncian correctamente, finalmente son ellos también los oportunistas que, además, si hablamos de millones, computadores o haitianos, da igual. Es bastante grave.

Por último, la soltura en las redes de algunos políticos como los mencionados parece reflejar la omisión -seguramente por torpeza y no por mala intención- de una realidad global preocupante. En el mundo, la trata de menores con fines de trabajo forzoso y criminalidad forzada aumenta año tras año, según indica la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito. En Chile, según cifras de 2025, la trata de personas ha crecido 600% en la última década, siendo mujeres y menores las principales víctimas y el crimen organizado el principal victimario. Es un crimen silencioso y muy lucrativo.

Las estadísticas que reflejan violencia contra seres humanos deben ser atendidas con especial cuidado y si una señal de alerta se enciende parece mejor exagerar todo lo que haga falta. En suma, es necesario -era que no- que los políticos eleven el contenido y el tono de sus declaraciones y no se refugien en la inmediatez ni se rindan ante los likes. Esto, con especial cuidado, cuando se habla de seres humanos vulnerables.