Campaña de desprestigio de la Convención Constitucional

Es un tema que ha venido relevando la mesa directiva de la Convención y que ha sido puesto en el tapete por otras instancias de la opinión pública, sin duda que parece muy creíble, más aún cuando pasado el tiempo se ha podido constatar una conducta irresponsable y negligente del Gobierno, en su puesta en marcha, que incluso parece trasuntar obstaculizar su buen funcionamiento.

No podemos negar que los medios recogen opiniones y las generalizan como si los temas abordados hubiera ya formado parte de la nueva Constitución, pero tampoco podemos negar que hay comisiones y constituyentes que, por darse un gustito, se introducen en temas que no tienen nada que ver con el reglamento en discusión y que son propios del debate mismo de ésta.

Para ser más preciso; el terminar con Carabineros, el liberar el Informe Valech en sus aspectos reservados, la libertad de educación, el negacionismo, entre otros temas, no son para definir ahora y lo único que logra es despertar preocupación de parte de la sociedad, sobre todo cuando tampoco queda en evidencia que los constituyentes cercanos a la llamada fuerza progresista, pongan las cosas en su lugar.

En general ha sido muy bien recibido el acuerdo de la Comisión de Reglamento en cuanto a confirmar los 2/3 para la aprobación del texto constitucional. Sin embargo, el tema del plebiscito dirimente, que sí corresponde al reglamento y por lo tanto puede abordarse sin ningún límite, también genera inquietudes al no ser explicitado y definido en todos sus términos.

Por una parte, es entrar en un tema que corresponde al Congreso ya que implica modificar lo acordado constitucionalmente. Por otra, tiene muchísimas implicancias futuras; ¿cuándo y cómo se realizará? Algunos señalan en el plebiscito final, pero si ahí se definirá si se aprueba o rechaza, nada más. El existir preguntas que lo acompañen imposibilita una respuesta de parte de la población, ya que la aprobación o rechazo de las consultas dirimentes, podrían condicionar su decisión final.

Por otra parte, con este tipo de plebiscito se debilitan los acuerdos. En efecto, cuando hoy se sabe que hay que dialogar hasta llegar a los 2/3, esto se vería afectado, ya que no se hará todo el esfuerzo para ello, sino que algunos lo harán hasta el límite que permita llevarlo al plebiscito. Ahora, si con el acuerdo de los 2/3 se estaba casi garantizando una aprobación en el plebiscito final, ahora su resultado podría ser muy incierto.

Tema aparte es la participación social en la Constituyente, tema imperioso y necesario para que su gestación no se haga entre cuatro paredes. Sin embargo, una cosa es escuchar y otra es usar de la gente. Se escucha cuando se trabaja con una metodología seria que posibilite la sistematización de las ideas que se expresan. También cuando se señala con total claridad que sus opiniones serán también confrontadas con las de expertos y con la experiencia internacional. Se abusa, cuando se recogen opiniones libremente, generando una catarsis social, que no llegará a ninguna parte porque son solo opiniones aisladas. Esta figura es la del populismo que solo busca usar al pueblo para sus intereses.

Vivimos un proceso histórico que merece ser cuidado y defendido por todos. Sin una nueva Constitución no habrá paz social en el país, y sin ella no tendremos un futuro estable y próspero para todos. Su cuidado debe provenir de todos los ciudadanos, particularmente de los medios de comunicación, pero también y muy especialmente de los mismos constituyentes que deben centrarse en su compleja e importante labor y terminar con los gustitos políticos que algunos se dan y que terminan contaminando a todos.

A medida que transcurre el tiempo, se ha podido constatar que hay buenos niveles de diálogo y encuentro. Que los personajes que parecieron llegar con capa y espada para no alcanzar acuerdos están siendo abandonados por sus pares. Por otro lado, a quienes los motivaba un espíritu refundacional, han comprendido que en diálogo con todos podemos llegar a acuerdos que posibiliten gestar ese Chile mejor que todos queremos.

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