Chile se aleja del desarrollo

Con el último de sus artículos aprobado, la megarreforma tributaria está en marcha. La reforma de Kast reduce permanentemente los impuestos de grandes empresas, sus propietarios e inversionistas financieros, con la promesa de impulsar el crecimiento. La evidencia muestra lo contrario.

Primero, debilita la capacidad fiscal del Estado. El Consejo Fiscal Autónomo advirtió que sus costos y pérdidas de recaudación se materializarán desde los primeros años y con alta certeza, mientras los ingresos adicionales serían graduales e inciertos.

Según el FMI, el gasto público de Chile equivale apenas al 26% del PIB: 14 puntos menos que en las economías avanzadas y 23 menos que en la Unión Europea. Aunque el gasto público suele aumentar a medida que los países se desarrollan, Chile avanza en la dirección contraria. Cuando España y Portugal tenían un PIB per cápita similar al de Chile, ya destinaban más del 40% del PIB al gasto público, con mejores pensiones y salud, más inversión y capacidades para crecer.

Segundo, profundiza la desigualdad. Según Hacienda, el 1% de mayor patrimonio concentra más de la mitad de la riqueza del país. Pese a ello, recibirá cerca del 80% de los beneficios de la rebaja del impuesto corporativo y será el principal favorecido por la exención a las ganancias bursátiles, pues posee sobre el 90% de las acciones. Más de la mitad de los beneficios de la reintegración irá a 12 mil contribuyentes con ingresos superiores a $20 millones mensuales.

La lógica se repite con las contribuciones: la exención para mayores de 65 años no tendrá límites de ingreso ni avalúo. Para compensarla, quienes pagan IVA en Copiapó o impuestos a los combustibles en Puerto Montt financiarán cerca de $30 mil millones que el gobierno central transferirá a Las Condes, Providencia, Vitacura y Lo Barnechea.

Tercero, posterga las transformaciones necesarias para crecer. Una agenda seria en la materia debería modernizar el Estado, fortalecer sus capacidades, invertir en infraestructura y conocimiento y desarrollar industrias a partir del cobre, el litio y las energías renovables.

La OCDE estima que aumentar el empleo femenino, reducir las cargas administrativas, elevar la inversión pública en I+D y mejorar los resultados educacionales podría incrementar el PIB potencial por habitante en 7,2% en 15 años. Esa es la discusión que deberíamos tener. En cambio, el Gobierno impulsó una enorme transformación tributaria basada en la vieja doctrina del chorreo: entregar más recursos a quienes están arriba, esperando que algún día sus beneficios alcancen al resto del país.

La megarreforma introduce incertidumbre y aleja a Chile del desarrollo. La certeza no se construye con amarres tributarios por veinte años ni con leyes aprobadas por un voto, sino mediante acuerdos políticos con amplio respaldo técnico, como las reformas de permisos y pensiones. La tarea de la oposición es convertir en mayoría política la mayoría social que ya reconoce que esta reforma beneficiará a los más ricos y no a quienes viven de su trabajo.