¿Cómo construimos una Asamblea Constituyente?

Parece que el consenso en torno a la necesidad de una nueva Constitución a través de una Asamblea Constituyente aumenta cada día entre los diversos actores políticos y sociales del país, así como de la ciudadanía en general.

Por tal motivo, se hace necesario profundizar respecto de lo que se entiende por Asamblea Constituyente y resolver participativamente una serie de dudas y mitos en torno a este procedimiento.

Un Asamblea Constituyente se puede definir como un órgano colegiado conformado por un grupo de personas electas por sufragio popular, para discutir y diseñar exclusivamente una nueva Constitución Política (PNUD, 2015).

Por lo tanto, el debate se puede centrar en algunas preguntas claves que tiene que resolver la propia ciudadanía, teniendo claro que no existe un modelo único ni una receta estandarizada de cómo proceder con una Asamblea Constituyente.

Algunos temas por debatir dicen relación con la forma de convocarla, elección de sus miembros, funcionamiento y formas de participación ciudadana incluyendo el tema de un plebiscito ratificatorio, para lo cual se seguirá en esta columna el estudio del PNUD (2015) denominado Mecanismos de cambio constitucional en el mundo.

El momento constituyente actual de Chile abre el debate sobre el capítulo XV de la Constitución Política y el estallido social acompañado de los cabildos.

De hecho, la llamada primera línea del Estado, es decir, las municipalidades se preparan para una consulta a la ciudadanía sobre el tema constitucional. Lo anterior debería concluir en un plebiscito vinculante que establezca la necesidad de una nueva constitución, como, asimismo, la definición del mecanismo.

En estos momentos contamos con un amplio consenso sobre la necesidad de una nueva Constitución, que va desde el Gobierno hasta la Oposición, lo cual no era posible antes del estallido del 18-O, demostrando el momento constituyente que estamos viviendo.

Estamos en aquellos casos en que la Asamblea Constituyente surge como consecuencia de la presión ejercida preponderantemente por la ciudadanía, es decir, una asamblea constituyente originada “desde abajo”, como los casos de Colombia e Islandia (PNUD, 2015).

En cuanto a los miembros de la Asamblea Constituyente son varios los desafíos a resolver. El número de miembros, en la experiencia internacional, es muy variado, desde 25 personas (Islandia) hasta 255 miembros (Bolivia), en algunos casos con algunas restricciones tales como no ser parlamentario en ejercicio, de las FFAA o miembro del ejecutivo.

Por regla general, son personas electas por votaciones populares directas, con los más variados sistemas electorales, y excepcionalmente se reservan escaños para determinados grupos (PNUD, 2015).

Es así como en Chile tenemos el desafío de construir una Asamblea Constituyente con equidad de género, lo cual implica definir una fórmula de cuotas de género ya establecida en otras elecciones nacionales.

También definir la representación de los pueblos originarios, tal vez respetando los porcentajes de respuesta del último Censo en relación con la consulta de pertenencia a algún pueblo indígena u originario.

Como también la correcta representación de regiones, de los sectores rurales y de sectores populares de las grandes urbes, de manera que sean representados por sus propios integrantes y no por una oligarquía que reside en tres o cuatro comunas del barrio alto de la capital. Todos estos son grandes desafíos del debate en la construcción de una Asamblea Constituyente.

En cuanto al funcionamiento, la función exclusiva y el mandato constituyente deberían ser el debate y redacción de una nueva Constitución, el cual debería establecerse en un tiempo limitado.

El estudio comparado del PNUD señala que el promedio de funcionamiento de las Asambleas Constituyentes ha sido un poco más de un año.

Su funcionamiento interno se puede configurar en torno a los grandes temas que se debatirán en su interior, sesionando en comités o comisiones y en pleno.

También se pueden generar paneles de expertos o asesorías externas, las cuales tienen que ser muy transparentes en su funcionamiento, recogiendo y previniendo la mala experiencia en Chile de un lobby informal o abiertamente corrupto del debate sobre alguna materia. En general, tiene que ser una Asamblea Constituyente con un debate público y muy transparente.

Un aspecto muy importante dice relación con la participación permanente de la comunidad toda, mientras sesiona la Asamblea Constituyente, la cual se ejerce a través de diversos mecanismos, incluyendo las TICs en general y las redes sociales en particular.

En el caso de Ecuador existía una Unidad de Participación Social que recogía, sistematizaba y hacía llegar a cada mesa temática las propuestas de la ciudadanía y, en el caso de Islandia, la ciudadanía era consultada permanentemente de los avances en la redacción de las normas constitucionales (PNUD, 2015).

La Nueva Constitución elaborada y aprobada por una Asamblea Constituyente debe ser sancionada en un plebiscito donde el pueblo de Chile se pronuncie finalmente y ratifique todo el proceso constituyente, dándole la legitimidad necesaria para la refundación de un nuevo Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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