Conjeturas sobre escenarios críticos, en torno a una nueva Constitución

Los chilenos asumieron las injusticias y crueldades que deben terminar ya. Por ejemplo, un sistema previsional inicuo; bajos ingresos de la mayor parte de la población; listas de espera por más de 2 años en salud; endeudamiento en educación superior; distribución de las riquezas injusta, la propiedad de los principales bienes en manos de unos pocos o de las transnacionales, etc.

El pueblo ha manifestado masivamente una exigencia de justicia inmediata. El poder ejecutivo y el legislativo acusan recibo y proponen una agenda social rápida y se ponen de acuerdo para realizar una nueva Constitución, basada en una distribución justa de la riqueza chilena, un cambio radical en el sistema de propiedad y en la recuperación del Estado que readquiera la mayor parte de la producción y propiedad de Chile y tenga empresas e instituciones despolitizadas, con personal de carrera profesional o de oficios, científica, académica, técnica, ética y competitiva. Exige también el abandono del sistema capitalista y neoliberal e instalación de sistemas comunitarios, cooperativos, de autogestión, etc. y la clausura a la brevedad de todas las empresas contaminantes peligrosas.  ¿Quiénes serán los más afectados si el  proceso de justicia y la consecuente Constitución se logran?

Desde luego las empresas involucradas en las AFP, Isapres, gran minería, servicios básicos, pesca, forestales, varias de ellas transnacionales, las grandes empresas y riquezas chilenas incluidas las de Piñera.

Por otra parte los partidos políticos que han tomado a las instituciones del Estado como botín político y al servicio del Gobierno de turno. En este escenario pueden plantearse tres salidas

Fascismo dictatorial con compromiso de Estados Unidos. Los riquísimos oligarcas chilenos unidos a las transnacionales se confabulan con los altos mandos de las fuerzas armadas y con la CIA para dar un golpe o poner condiciones a la nueva Constitución de tal modo que su extracción de riqueza no sea tocada.

Le dan un ultimátum al Presidente Piñera para que detenga los procesos si estos toman un rumbo agresivo hacia ellos y dan uno que otro tanquetazo.

Se asocian a este movimiento, algunos partidos políticos cuyos militantes poseen grandes propiedades, forestales, mineras o de pesca.

Piñera responde que la agenda popular iniciada no se detendrá. Hasta el Partido Comunista sale a las calles con pancartas diciendo ¡No afloje Presidente!

Ya no de conjetura y coherente con este escenario, es de notar que Piñera ha dado un golpe grande a la expansión capitalista de EEUU cuando llamó a todo el mundo a no dejarse amilanar por la amenaza comercial de Trump y  ser autónomos para comerciar con China, la Unión Europea, Rusia o cualquier otro país.

La CIA no debe haber visto bien este llamado de Piñera líder del comercio no estadounidense. Piñera llamó al acuerdo entre EEUU y China en materia comercial, acuerdo que se firmaría en Chile durante la COP25 y que se acaba de firmar. Se comete un error de análisis grave al no considerar a Piñera en este aspecto. Él es oligarca, pero no pertenece ni al fan-club de las oligarquías criollas, ni a las transnacionales (que no sean las suyas), ni es incondicional de EEUU, al contrario es un capitalista díscolo incontrolable.

Para calmar el ambiente. El país continúa en este proceso de una nueva Constitución que resulta ser social-demócrata pero que no disminuye el poder de la oligarquía y transnacionales, no recupera Chile ni su Estado las riquezas fundamentales, se logran reformas que dan jubilaciones mínimas cercanas al sueldo mínimo, se disminuyen las lista de espera en servicios de salud de 3 años a un año, se repacta la deuda educacional a muchos años más.

En resumen se palian las principales injusticias y deficiencias pero no se da una solución estructural de fondo del sistema. Continúan las huelgas, paros y manifestaciones de grupos aislados; los partidos políticos hacen su agosto proliferando en los servicios del Estado y en definitiva casi todo continúa igual pero con un ingreso mayor para todos los chilenos que se conforman con ello. La desigualdad aumenta enormemente pero como los más pobres ya no están en la pobreza no se hace más mención de ello.

Reforma profunda. El proceso del despertar de Chile, la nueva Constitución, el trabajo a nivel comunal dan su fruto y Chile se reconstituye con un Estado sólido poderoso que recibe y administra al menos el 75% de sus riquezas; se termina con el sistema de propiedad privada, con el sistema capitalista neoliberal como el único en Chile, se abren las compuertas para los trabajos colectivos, cooperativos.

El Estado, profesional y no político, se reinstala en la Educación y en la Salud teniendo a los mejores servicios del país, la previsión se convierte en seguridad social integral a cargo fundamentalmente del Estado y con el respaldo de ese 75%  de toda la industria chilena.

Hay un periodo de 7 años de transición entre ambos modelos. La Oligarquía y las transnacionales mueven todas sus influencias y aún asociadas a la CIA logran que algunas de las jerarquías más altas de las fuerzas armadas pretendan oponerse con amenazas, pero la mayor parte de las fuerzas armadas permanecen fieles al presidente de turno y se neutraliza ese movimiento.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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