Contigo en la distancia

Los partidos de la oposición concordaron, con ocasión de la campaña del Apruebo, una coordinación básica que no es la dispersión ni la unidad completa.  El punto de acuerdo estuvo en establecer reuniones semanales, pero no el comando único. Lo definido puede evaluarse como poco o mucho, sin embargo, podremos coincidir en que permite un trabajo lo suficientemente fructífero como para asegurar buenos resultados.

En lo que no se estableció consenso es en tener vocería y comando único. Como era de esperar, fueron el PDC y el FA los que se pronunciaron a favor de mantener las diferenciaciones en este plano. En ese sentido, se da una señal que pienso se repetirá en los siguientes meses, incluyendo el aspecto de las negociaciones electorales.

Dada la compresión del calendario electoral, pero sobre todo debido al esperado reordenamiento de fuerzas en la sucesión de elecciones que tenemos por delante, en esta ocasión el puro pragmatismo no será la nota distintiva que explique la actuación de los partidos opositores. Es decir, los aspectos prácticos en exclusiva no bastarán para sellar acuerdos, tampoco las amplias coincidencias que se tienen en materia constitucional serán, por sí solas, las que expliquen la conducta de los actores.

Una duda razonable es la que determina el comportamiento de todos. Y es que los números que tenemos a disposición nos dicen lo que fuimos hasta hace poco, pero no lo que seremos en un futuro próximo.

Tras las grandes movilizaciones ciudadanas del año pasado, la convocatoria al plebiscito y el proceso constituyente no es razonable esperar que el cuadro político sea lo único que en Chile permanezca sin variaciones. Como el número de adivinos en los partidos es más bien escaso y poco influyente, nadie puede señalar por anticipado la forma concreta que adoptará tal mutación.

Las explicaciones que cada cual se da para justificar por qué espera salir validado de estos procesos son ricas en imaginación, pletórica de anhelos y optimistas por necesidad. Sin embargo, nada aseguran con antelación. Así que lo importante es partir de lo que sabemos, reconocer nuestra ignorancia compartida y mantenernos lo suficientemente unidos para poder ganar, lo suficientemente distinguidos para después poder establecer agrupaciones parciales. Cuando los pesos específicos sean conocidos, decidir será posible.

Si este es el camino, transitémoslo con plena conciencia de lo que estamos haciendo. Lo que tenemos no es el desarrollo de un drama, sino el de un proceso necesario. Sin embargo, no hay que perder de vista que, al final, nos vamos a seguir necesitando frente a un adversario que nos puede vencer si nos pilla de a uno, dándonos de autosuficientes por la vida.

Puede que los números cambien, pero lo más probable es que no se hayan vuelto locos en términos de identificar las grandes tendencias. Estas tendencias, bajo distintas carátulas, se han de preservar, aunque muchos líderes queden en el camino, posibilitando el estudio acucioso y atemorizado de los arqueólogos. Si esto fuera un bolero, la canción se llamaría “Contigo en la distancia”.

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