El Castillo rodeado

“...Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo […] Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La Historia es nuestra y la hacen los pueblos.”

Aún resuena ese metal tranquilo de la voz de una de las figuras más trascendentes de la historia política de Chile. Salvador Allende caía muerto ese fatídico 11 de septiembre de 1973, asediado por las fuerzas golpistas de las Fuerzas Armadas nacionales. Un presidente electo democráticamente pagó, como él mismo lo dijera, con su vida la lealtad del pueblo.

Mismo pueblo que casi una década antes, había elegido de manera democrática siempre, a otra figura gravitante de la política chilena del siglo XX, Eduardo Frei Montalva.

En 1964 Frei y Allende fueron candidatos presidenciales, siendo elegido como ya se dijo, el primero. Como telón de fondo, toda la artillería de los sectores acomodados chilenos (con la siempre bienvenida ayuda norteamericana), materializada en la campaña del terror, que día tras día y hasta la elección, publicó en El Mercurio, las gráficas (y grotescamente descabelladas) “consecuencias” que ocurrirían en Chile si fuese elegido el candidato Allende.

Pero ese pueblo sentía día a día que dejaba de ser antagonista de la historia. Como protagonista sentía que era el momento de conquistar aquello por lo cual habían luchado tantas generaciones de anónimos.

Y esta vez, ni toda la artillería, ni el miedo inventado en la prensa, ni el poder del país del Norte, pudieron frenar el triunfo socialista en Chile. Triunfo por las urnas, ni más ni menos.

Frei entregaba la banda presidencial a Allende. Una imagen de esas inquietantes, de esas que pueden ser utilizadas para graficar momentos en la historia. Por la tensión que contienen, por la importancia que capturan, o, simplemente, por lo paradójico que encierran. Todo esto es lo que encierra esa imagen de Frei con Allende.

“Este plebiscito” diría Frei en su famoso discurso del Caupolicán, convocado con motivo del Plebiscito del 80, “no es válido por, porque no existe libertad de información ni de expresión. No es válido, porque existe la permanente amenaza de detenciones, relegaciones o secuestros”.

Al frente, oyendo, nuevamente estaba el pueblo. Temeroso pero esperanzado. Decidido a hacer frente a la Dictadura Militar. Bastó esto, y la importancia que encerraba la figura de Frei, para ponerlo en la mira de los asesinos a sueldo de la Dictadura.

Frei, un duro opositor de Allende y de la Unidad Popular que este encabezaba, fue asesinado, según consta en la sentencia del Juez Madrid dada a conocer recientemente, por terceras personas mientras estuvo hospitalizado en la Clínica Santa María. Algunas de estas terceras personas, pertenecían a la CNI.

El pueblo, ese mismo que danzó por las alamedas tras el triunfo de Allende en 1970, ese mismo que se vio reflejado en la Revolución en Libertad encabezada por Frei en 1964.

El mismo pueblo que fue azotado, secuestrado, torturado y excluido tras el golpe de Estado de 1973, veía ahora, cómo las dos figuras, quizás las más gravitantes de la historia reciente chilena, compartían un trágico final: Salvador Allende muerto tras el bombardeo a La Moneda por las fuerzas Golpistas. Eduardo Frei Montalva, asesinado por agentes de la dictadura militar.

Opositores políticos muertos por la misma violencia represiva que llevó a cabo la dictadura chilena.

En este estado de las cosas, y luego de la sentencia del juez Madrid, seguimos preguntando qué pasa con el subsecretario de Redes Asistenciales Luis Castillo, que, aunque es exculpado en la investigación, tiene responsabilidades, tal y como se señala en la misma sentencia, por no haber “informado en forma inmediata a la familia del ex mandatario” de la existencia de muestras del cuerpo de Frei Montalva. Es decir, una figura política en ejercicio, como Castillo, está obligado a dar un paso al costado tras la sentencia de Madrid.

Lecciones, a la hora de la hora. Lecciones para la “clase política” justo en un momento en que se les cuestiona por lo político… Lecciones para el pueblo… para no caer en cantos de sirenas baratos… el pueblo debe recoger el trayecto del mismo pueblo anónimo… ese que supo de triunfos y de conquistas.

Como diría el propio Frei en el Prólogo del Libro de Genaro Arriagada “De la Vía Chilena a la Vía Insurreccional” de 1974.

“Muchas veces pensamos que constituíamos un mundo aparte en América Latina y que la democracia era un juego donde se podían tolerar todas las demasías […] La verdad es que en el camino se corrompieron los fines y los medios. Cuando los que gobiernan no sólo son arrastrados por esta ola, sino que la empujan, nadie se escapa y la sociedad entera es presa de aquel torbellino funesto. Esa es la enseñanza que debiéramos aprender”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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