El verdadero triunfo del No

Hoy todos se reclaman a sí mismos  dueños del NO, incluso los que votaron SÍ y los que no votaron. Quizás ese sea el verdadero triunfo del NO que deberíamos celebrar 30 años después. 

Se dice que eso es despolitizar el NO. Sí, es cierto, ¿pero qué tendría de malo aquello? Sería tomar la celebración del aniversario como una fiesta de unidad en torno a los valores de la democracia, del valor de las instituciones y del coraje ciudadano. 

Sería reconocer que el triunfo del No en el plebiscito de 1988 no tiene una explicación unidimensional.

Sería una oportunidad para agradecer a una iglesia comandada por el cardenal Raúl Silva Henríquez comprometida con la defensa de los derechos humanos ferozmente violentados por una experiencia inédita de violencia, criminalidad y abusos ejecutada por agentes del Estado.

Sería reconocer que la dignidad de Chile se sostuvo gracias al ejemplo heroico del presidente Allende, a medios de comunicación como radio Cooperativa, abogados dedicados a la defensa de los derechos humanos, líderes estudiantiles y sindicales, familiares de las víctimas, sacerdotes de base, pobladores, exiliados, presos políticos y militantes de base. 

Sería valorar que a pesar de que nunca hubo una total unidad política a nivel de las dirigencias de los partidos, siempre hubo una radical convergencia en la sociedad y en especial en los movimientos sociales, donde siempre primó la unidad en la acción para defender la vida. 

Sería reconocer la inteligencia política de la oposición social y política que optó por, sin legitimarla moralmente, aceptar la Constitución como un hecho de la causa y aprovechar las rendijas que ofrecía, especialmente, la oportunidad de derrotar a Pinochet en un plebiscito diseñado para su ratificación.

Sería reconocer que Pinochet, seguro de su triunfo, aceptó, inducido por sus colaboradores civiles, dar garantías mínimas (registros electorales, legalización de partidos políticos y franja televisiva para la opción NO) que legitimaran el acto electoral y, lo más importante, forzado por sus mismos aliados militares y civiles, aceptó que no podía desconocer el resultado del mismo. 

Digamos las cosas como son: el triunfo del NO fue básicamente una gesta ciudadana valiente y sabiamente dirigida por quienes supieron identificar una estrategia viable.

Su posibilidad estaba dada por el peso de la cultura institucional y política democrática de Chile y de su pueblo.

Así como el Golpe de Estado de 1973 cuestionó la venerada tradición democrática chilena, el plebiscito de 1988 la confirmó.

Por eso todos celebramos legítimamente el término de la dictadura y la recuperación de las libertades, porque se trata del reencuentro de Chile con su tradición democrática. Ese es el verdadero triunfo del NO.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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