En el inicio del gobierno

El problema de los chequeos previos de las nominaciones del nuevo gobierno no se relaciona con cuanta pulcritud se estudiaron los antecedentes. Al menos no es este el aspecto que reviste mayor interés.En el inicio de una administración los errores están siempre presentes.Lo que está en cuestión, antes que nada, es cómo reaccionan los partidos de la coalición ante las dificultades encontradas.

Los errores se pueden maximizar o contener. Se puede hacer de cada caso encontrado un motivo de escándalo o una ocasión de perfeccionamiento de los procedimientos empleados.

En otras palabras, las reacciones están lejos de ser obvias y no resultan ser siempre las mismas.Se decide cómo se ha de reaccionar. Y cada cual refleja en sus opiniones públicas algo más que su opinión sobre los casos concretos, sino también nos sirve para definir la posición política en un sentido más amplio.

En efecto, ocasiones como esta son las que permiten establecer el estado de las relaciones de cada partido con la Presidenta y su equipo de colaboradores inmediatos. Como ya no se trata de un tema de adhesión a la candidata (ahora Presidenta electa) ni tampoco a su programa central de trabajo (el programa de gobierno), se tiene más libertad para dar opiniones y evaluar.

Así que, mediante el procedimiento de opinar sobre situaciones concretas, lo que de verdad se pretende es entregar un mensaje en relación a cómo se dio el final de la campaña presidencial y cómo ha de darse en inicio de la nueva administración de La Moneda.

Y, sin duda, no hay que ser adivino para darse cuenta que uno de las primeras opciones de los partidos es justificar que los propios partidos sean más consultados y más tomados en cuenta de lo que ha sido la practica hasta ahora.

Todo esto se puede entender. Lo que no hay que hacer es alterar las distinciones básicas de tareas que permiten que el próximo gobierno de lo mejor de sí y que la coalición que lo respalda cumpla lo mejor posible las funciones que le son propias.

Cada cual tiene un papel que cumplir y se ha de buscar siempre el complemento en la cooperación constante.

Como siempre, lo que importa más no es cuanto cada cual quiera ser tomado en cuenta a la hora de influir, sino cuanto quiere participar de las responsabilidades de gobernar. En un gobierno corto, partir bien lo es todo. Lo vimos en el caso de Piñera, que tuvo un episodio notable con el rescate de los mineros, pero que este mismo éxito ayudó a cubrir o encubrir un vacío de diseño y de preparación efectiva para gobernar que nunca tuvo tiempo suficiente para subsanar.

De modo que los cálculos y la búsqueda de ventajas más pequeñas han de ser dejadas de lado. Lo que no se dice, pero que es evidente, es que lo que afecta al equipo político de apoyo más directo de Bachelet la involucra a ella. Incluso permite la crítica sin hacer la referencia directa. Sin embargo, lo decisivo es que cada cual busque colaborar para que el equipo de trabajo que ha de representar a todos tenga el mejor desempeño posible.

En verano, pequeños problemas u obstáculos inmediatos de carácter menor se ven agrandados por la falta de noticias. En la ausencia de otras voces y otros hechos, una dificultad inmediata hace un ruido que detona como si se tratara de una explosión de grandes proporciones. Pero no es así.

Nada es demasiado grave si hay tiempo de subsanarlo antes de que provoque efectos sin posibilidad de retroceso. Por eso, junto con el término de la temporada estival, entrando en la etapa de asumir con propiedad los cargos y las responsabilidades, hay que recuperar la debida capacidad de calibrar las proporciones de las cosas y ponerse a trabajar.

Afortunadamente, el gobierno que se inicia tiene una gran ventaja respecto del que terminó. La gran diferencia estriba en que la Nueva Mayoría cuenta con un programa de gobierno, exigente como pocos, pero que constituye una carta de navegación real y efectiva. El objetivo prima por sobre las individualidades.

Los ajusten que se tengan que hacer por el camino no han de significar oscilaciones dramáticas la acción en las diferentes áreas de gobierno. Siempre se irá avanzando de manera acumulativa. Las diferencias de estilo aporta tonos y matices pero no diferencias de sustancia.

Eso se demostrará, una vez más, como una característica notable de los gobiernos de centroizquierda en nuestro país. A condición, por cierto, de tener una partida ordenada y que se aproveche la oportunidad de constituir los equipos de trabajo específicos por cada tarea estratégica que ya se tiene bien identificada. Como siempre ocurre, centrarse en lo importante y mantener objetivos comunes resulta vital para la consolidación del liderazgo político de gobierno.

En política siempre se debe desconfiar de lo que ocurre cuando nos concentramos demasiado en las relaciones de poder e influencia en el ámbito de los aliados.Lo que se deja de ver no por ello deja de existir. Y lo que ocurre con el gobierno saliente no dejará de influir directamente en la administración que le suceda.

También conviene estar atento al proceso de reestructuración que está en curso en la derecha.Pero, antes que nada, no hay que perder el contacto con las organizaciones sociales y la opinión pública. Al fin y al cabo, en el mundo social es donde se han producido las grandes reacciones que han transformado profundamente la sociedad chilena.

Lo que hay que saber del gobierno de Piñera es que no está preparando su despedida sino su regreso. Y esta circunstancia pone una complejidad adicional en un traspaso de poder que no será un puro ejercicio burocrático.La prueba de fuego de la administración Bachelet a este respecto es conseguir, en el más breve plazo posible, el ejercicio a plena capacidad de las funciones recién asumidas.Hay que recordar que el gobierno de Piñera fue muy lento y poco hábil en este rubro.

Respecto de la derecha lo más importante es identificar, en el parlamento, al sector de la oposición que está dispuesto a dialogar en torno a la implementación del programa de gobierno comprometido. En democracia la mayoría ha de prevalecer pero no avasallar. El diálogo no tiene reemplazo y si queremos que las reformas se implanten bien y prosperen sus resultados en el tiempo, hay que emplear tiempo en dialogar.

Pero, ante todo, hay que concentrarse en la ciudadanía. Si las redes sociales han demostrado la influencia que tienen, hay que pensar lo que ocurra desde el primer día, cuando los movimientos y las organizaciones sociales estén en condiciones de expresarse.

No hay que perderse, el glamour dura hasta la ceremonia de asunción del mando.De ahí en adelante lo que sigue es duro. Demanda mucho esfuerzo, pero es también apasionante.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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