Escuchar latidos, una trampa aberrante y escandalosamente cruel

Durante los últimos días el Congreso volvió a poner el aborto en el centro del debate. El proyecto de ley "Escucha su corazón", impulsado por sectores de extrema derecha, busca obligar a las mujeres a escuchar los latidos del embrión o feto antes de una interrupción del embarazo en las tres causales legales. La polémica no ha parado de crecer y ya son varios los organismos que han fijado su postura.

Esta es la mía: he dedicado gran parte de mi vida profesional a acompañar a mujeres en la búsqueda de la maternidad. Trabajo en fertilidad y conozco el peso de la infertilidad en miles de familias chilenas. Por eso valoro cada gestación como lo que es: profundamente humana. Pero valorar la vida no es validar la crueldad, ni actuar con falta de humanidad, ética y empatía.

La ley 21.030 ya obliga a entregar información veraz, completa y objetiva, sin presionar la voluntad de la mujer. Eso ya existe. Lo que trae esta moción es otra cosa: convertir la consulta médica en un mecanismo de coerción con la letra chica de siempre. Y en la letra chica hay una trampa denigrante y escandalosa.

Pensemos en quién enfrentaría esto. Una niña violada. Una madre a la que le confirman que su hijo no sobrevivirá fuera del útero. Una mujer cuya vida corre riesgo. A esas mujeres se les exigiría además un trámite pensado no para informar, sino para hacerlas desistir. ¿Eso es consentimiento informado? Por supuesto que no. Eso es una coerción con ultrasonido.

Hay algo peor aún escondido en esto. Si la paciente declina escuchar los latidos, el médico queda obligado a negarse a practicar el procedimiento, es decir impulsa una causal de bloqueo asistencial, nacida no de la conciencia y opción del profesional, sino del rechazo de la paciente, lo que distorsiona profundamente la relación médico-paciente que debe estar basada en la confianza y el respeto.

El Colegio Médico ya fue categórico: la iniciativa carece de respaldo ético y clínico, y arriesga revictimizar a mujeres en pleno sufrimiento. Coincido plenamente y creo que fortalecer la natalidad no pasa por instrumentalizar el dolor de una mujer en las tres causales, pasa por invertir en cobertura de tratamientos de fertilidad y acompañar con dignidad la maternidad deseada. Eso sí construye país. Eso sí construye futuro.

Mi compromiso, como médico y como senador, es con una salud pública que acompañe, respete y repare, no que castigue. Como ginecobstetra, que trabaja para que el latido de un corazón sea la mayor de las alegrías en una consulta de vida nueva, me niego rotundamente a que ese mismo latido sea instrumentalizado como una herramienta de crueldad. La medicina está para sanar el dolor, jamás para multiplicarlo.