Hoy se vota

Las elecciones democráticas en Chile se restablecieron en 1989, como imperioso mandato del Plebiscito del 5 de octubre de 1988, que tras la derrota de Pinochet, impuso el fin de la dictadura y el proceso democrático que tuvo un hito determinante en la realización de los comicios presidenciales y parlamentarios, el 14 de diciembre de 1989.

En ellos fue derrotado el "gurú" de la tecnocracia autoritaria, Hernán Buchi, vocero del fundamentalismo de mercado propiciado por el régimen pinochetista, y resultó electo Presidente de Chile, el líder de la Concertación de Partidos por la Democracia, Patricio Aylwin.

En junio de 1992, se restableció la elección democrática de alcaldes y concejales, luego de un acuerdo en el Congreso Nacional, que puso término al extenso mandato de las autoridades comunales designadas por Pinochet durante el periodo de la dictadura, cargos desde los que se proyectó una extensa lista que formó parte de las candidaturas parlamentarias de la UDI, y de RN en menor medida.

No obstante, con la vuelta de la democracia se logró rehacer la legislación y ya estamos en los séptimos comicios municipales desde entonces. Hubo una primera etapa en que el alcalde surgía desde el cuerpo de concejales, luego para su designación se colocó un piso de 35%, hasta que se legisló la actual elección directa de la alcaldía.

El gobierno comunal es una pieza clave del régimen democrático. Es un pilar de ese edificio, sin el cual no puede funcionar bien la democracia. Como tiene defectos graves, hay que mejorar la calidad de sus integrantes. Por tal razón, los y las chilenos y chilenas deben participar. Restarse en nada ayuda a enfrentar y dar solución a los errores, problemas, dificultades y desafíos que existen y hoy se presentan en el país.

Sean fenómenos de corrupción, de ineficiencia administrativa, como el tremendo error cometido con el padrón electoral, de abusos de poder o de ineptitud política, aunque ciertos voceros se empeñan en payasadas que desprestigian más la política, en el ámbito en que ocurra lo que genera desencanto o descrédito institucional no se avanza restándose y absteniéndose.

Vale más el voto de cada persona que la ineptitud, frescura, frivolidad o la caradura de muchos. El ejercicio de la soberanía popular es lo más valioso de la democracia. Es el momento en que cada cual vale uno, expresando con ello el principio de igualdad, que en lo jurídico materializa el valor de la democracia.

Sería muy desafortunado para Chile como país, y lamentable para nuestra sociedad que se echara por la borda esta conquista civilizacional, que se logró con siglos de reclamos y luchas contra las fuerzas tiránicas, conservadoras y despóticas.

Ahora se hace presente una nueva generación en los gobiernos locales, paso a paso, no es un reemplazo completo e inmediato de quienes han tenido esa responsabilidad, pero es un cambio significativo. Hay que votar para respaldarlos. Así se van creando las condiciones de sucesión en estas tareas, y va surgiendo la nueva camada de hombres y mujeres que paulatinamente tendrá en sus manos la conducción del país, para hacerlo no deben caer en una auto complacencia que marchita sino que deberán madurar para florecer.

Hay quienes desean que esa evolución sea un acto instantáneo, una súbita llamarada desde la que surge un nuevo sistema político, se ha usado incluso el término de "big bang". Esa eclosión, de tal magnitud y simultaneidad no es posible.

La institucionalidad democrática no brota espontánea, es un proceso histórico que se recorre y se construye racionalmente. La idea del "gran salto" que llenaría de gozo el corazón refundacional de algunos no se produce como una especie de milagro a escala nacional, tampoco en los municipios, entre otras causas por qué hay quienes tienen el aprecio de la comunidad que apoya su labor y legítimamente permite la continuidad de su trabajo.

Los males de la democracia se sanan con más democracia. Suprimirla fue un fracaso histórico y una aberración conceptual. Que la democracia sea mejor es una tarea de cada día. Otra vía no existe. Es imposible caminar hacia un Chile mejor de otra manera.

De modo que la presencia de todos y todas es la llave, lo fundamental, del proceso de fortalecimiento de la gobernabilidad democrática. Ello se materializa yendo a votar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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