Institucionalizar la voz de los ciudadanos

Hace largo rato que los chilenos vienen manifestando su disconformidad con las asimétricas relaciones de poder que han ido configurando nuestra sociedad y nuestras instituciones.

Quienes tienen acceso a recursos de todo orden: simbólico, financiero o político, son parte de una ínfima minoría y la sensación de los que andan a pie es de inaccesibilidad a esos recursos: han sido destinados para otros.

Tal como muestra un ya lejano informe del PNUD del año 2004 (“El poder: ¿para qué y para quién?”), la reproducción de estas asimetrías ha terminado por molestar a las personas y los ha llevado a exigir ser considerados, de verdad, en la distribución de esos recursos.

En el caso de la política y de la definición de los asuntos públicos, ello se traduce en la exigencia de tomar parte, de no permitir que sean sólo unos pocos los que asuman decisiones que afectan a muchos.

Ese es el sentido profundo de las primarias: invitar a los ciudadanos, a aquellos que NO son parte del club del poder político, a codecidir quiénes serán los que, representando a un determinado sector de la política chilena, compitan con los adversarios del otro u otros sectores.

Más allá de la polémica que ha rodeado a las primarias de la Concertación, lo que quedará es la práctica de convocar a participar en algo que, hasta ahora, era privativo de los partidos políticos, como es la designación de los candidatos a un proceso electoral.

La desconfianza de la gente en los actores y en las instituciones –reflejada en las encuestas y en las movilizaciones- impone el deber de recuperar la credibilidad perdida.

Por eso es tan relevante que los ciudadanos participen de estos procesos de manera transparente y puedan incidir, ya como un derecho y no sólo como una concesión de los políticos, en las grandes definiciones políticas. Sean del color que sean.

El desafío siguiente, tal vez, es que más que elegir sólo personas o partidos políticos, podamos avanzar en la elaboración de propuestas programáticas que estén en sintonía con la comunidad. Los chilenos tenemos que recuperar la capacidad de empatizar con el otro.

Tenemos que volver a confiar y a respetar, sin descalificaciones, sin prejuicios.

Teniendo en cuenta, entonces, la extraordinaria importancia que este ejercicio de participación y de inclusión de los ciudadanos como son las primarias, resulta vital que las instituciones públicas asuman que ellas llegaron para quedarse.

Por ello debe avanzarse decididamente en la aprobación del proyecto de Ley sobre el tema que está en el Congreso y, especialmente, en asegurar el financiamiento suficiente para hacer de este ejercicio una práctica viable y permanente que facilita la transparencia y la participación ciudadana, aspectos esenciales para recuperar las confianzas.

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