Cuando las directivas visitan a los que tienen poder. Esta es la primera vez que las reacciones a la nominación de un gabinete parecen despertar más suspicacias en el futuro oficialismo que entre sus adversarios. Esta forma de reaccionar no se explica por lo que opinen los partidos de centroderecha sobre las personas nominadas, más bien, lo que los tiene molestos es comprobar la opinión que Kast tiene de ellos.
No es que la relación entre el Mandatario y las tiendas de Chile Vamos haya quedado fracturada, pero sí partió distante y no por decisión de los partidos involucrados, sino como producto del trato recibido. No se hizo el menor intento por acercarse a la cultura institucional de la centroderecha, que es un producto maduro de la forma en que operaron los dos gobiernos de Piñera. Ocurrió más bien al contrario, este tipo de relación ha sido desechada y eso se parece bastante al maltrato.
No se ha hecho un misterio que se considera que el éxito de Kast se debió a su conexión con el votante del voto obligatorio, y que el aporte de los partidos está sobredimensionado. A los militantes y simpatizantes de las organizaciones partidarias se los observa como una minoría que influye poco en la ciudadanía. Este diagnóstico ha hecho que no se haya empleado la coordinación con colectivos, sino que la relación que se establece es con quienes quieren ser reclutados como colaboradores y se hace en relaciones personales.
Durante todo este proceso, las directivas de los partidos se han entrevistado con el equipo cercano de Kast donde se toman las decisiones, no están integrados a ellas y asisten en calidad de visitas o de allegados.
A las directivas partidarias se les escucha, se las atiende, pero no gravitan de manera determinante en la resolución que se adopta. De cómo les está yendo en las gestiones se enteran por la prensa igual que cualquier hijo de vecino. Demás está decir que la centroderecha no había sido tratada nunca de esta forma.
No se combate emergencia con improvisación
La definición de campaña de que estamos ante una emergencia nacional se sostiene únicamente en la retórica oficial, pero en ninguna otra parte. Es tan obvio que pasa desapercibido. El formato en que se dio a conocer el gabinete fue austero, corto y minimalista, no porque ese hubiera sido siempre el diseño, sino como efecto de que estamos enfrentando una verdadera emergencia, los incendios forestales, por lo que los planes originales cambiaron.
Las nominaciones del gabinete pasaron por numerosos cambios que no es lo que ocurre cuando hay una verdadera y múltiple crisis. Se tuvo el tiempo suficiente como para cambiar varias veces de opinión. Si el resultado conocido es el que siguió a la protesta de los partidos que vieron su influencia disminuida, en verdad no se sabe qué es lo que se pudo tener en mente antes de esta petición.
Aunque sea insólito, parece ser que la centroderecha tiene que mostrar por qué su aporte es relevante aunque nunca había tenido la necesidad de demostrarlo. Hacerse notar será ahora una tarea y los parlamentarios, cuando se lo proponen, pueden ponerlo en evidencia.
Por eso las reacciones que se han tenido en el mismo oficialismo son más emotivas y con más matices que los que ha tenido en la futura oposición. Estos últimos se enteran de los nombres de las próximas autoridades con distancia y neutralidad. Su evaluación se producirá junto con el desempeño, no antes.
En la derecha no es así. En este sector pueden comparar el gabinete, tal como se constituyó, con el equipo ministerial tal como pudo ser. Y lo que sienten es que se les distanció. Puede ser que estén en el gobierno, pero están jugando de visita. Se puede constatar que sus dirigentes no se habían imaginado el verse en esta situación y por eso les resulta bastante inconfortable.
En la práctica, nos están tratando como elementos prescindibles, aunque se les pide la máxima colaboración con las nuevas autoridades, pero no está claro que se les esté solicitando todo el aporte que pueden entregar.
Hay una derecha de patio trasero
Puede que ellos mismos no se den perfecta cuenta de lo que está sucediendo, pero Chile Vamos ha visto una puesta en escena donde se le comunica al país de que son colaboradores de un gobierno al que no dirigen, pero al que se espera que sirvan con devoción y patriotismo.
Hasta el menos astuto se dará cuenta que llegará el momento de la reacción. La centroderecha fue tratada duramente cuando era mayoría sin contrapeso en el Parlamento y sus expectativas de conducir al país se acercaban a la certeza. Pensar que ahora que la tortilla se dio vuelta serán mejor tratados no merece el nombre de ingenuidad. Por eso harán sentir su presencia y si eso significa sacar al pizarrón a ministros a los que no les tienen ningún apego, lo terminarán haciendo.
La representación de los gremios empresariales en el poder ha aparecido en reemplazo de la derecha política tradicional. Si esta no reacciona, va camino a alguna sala de museo. Tanto sometimiento no se explica.
Kast y su círculo inmediato se está comportando con una confianza excesiva. Es como si se partiera de la base que la derecha política dura y la derecha empresarial unidas jamás serán vencidas. Es un convencimiento que se entiende porque entre ambos se reparten todo el poder que es hoy visible en el país. Los moderados de su sector están siendo tratados como vencidos del mismo lado de la valla, nada mejor.
La mala noticia es que la política existe precisamente porque ningún sector en una sociedad compleja se puede convertir en hegemónico simplemente porque ganó una elección. Cuando se cree tenerlo todo es cuando se despiertan energías dormidas entre aquellos que no fueron tomados en cuenta.
El exceso de confianza descuida siempre las señales de alerta porque lo que se pierde es la sensación de que los límites de lo que se puede hacer existen. Pasó en los dos procesos constitucionales y es un mal que le puede dar a cualquiera. En el caso de republicanos se trataría de una recaída. El arribo de la tecnocracia empresarial al Ejecutivo no trae aparejado lo que la buena política siempre aporta: el contacto con la vida cotidiana. No es lo mismo la realidad en gráficos, que mirada desde la calle.
Cuando se es experto en todo, menos en el conocimiento de la gente común, se tropieza en lo habitual, no en lo excepcional. La derecha política lo sabe y verá las señales de peligro en el camino, pero algo les dirá que, sin el porrazo, sus vanidosos socios no se dignarán tomarlos en cuenta.
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