La desigualdad derrumbó la paz social

Como tantas afirmaciones que suenan como definitivas, hoy hay una frase que contiene una verdad incuestionable, se trata que la desigualdad entre la gran mayoría y un sector muy acaudalado del país está en la raíz, el tronco, ramas y hojas de la estructura de injusticia e inequidad cuestionada por el hondo malestar de chilenos y chilenas. Esta causa no excluye otras, pero es la esencial.

Ante ello, ciertas figuras políticas señalan que “todos somos responsables”, al menos en el tema de la desigualdad económica y social en Chile, hay responsabilidades de diferente naturaleza. Las fuerzas políticas no son idénticas, tienen programa, visión de país, patrimonio y perfil cultural diverso y una trayectoria histórica que a cada una de ellas la distinguirá siempre. No todos somos lo mismo.

En efecto, bajo la dictadura, suprimiendo las libertades, con Estado de excepción y dura violencia estatal, la derecha unida al gran empresariado forjó e instaló la estructura de desigualdad existente, se fortaleció y enriqueció gracias a ella, desconoció sus nocivos efectos en la vida cotidiana y la defendió durante décadas, uno de sus rostros más insignes que decía bregar por la libertad económica, pero que en realidad lo hacía por sus propios intereses, fue el mismo Sebastián Piñera, junto a Hernán Büchi y otros, agrupados en la UDI y sus bien provistos centros de estudios.

Cuando recuerdo ese pasado funesto no lo hago por odio, aunque llevo en el alma a los caídos, a las víctimas del terror del Estado, lo qué pasa es que no hay que olvidar, para que ahora no se produzca un gigantesco engaño que traiga otras frustraciones y más desencanto. Se necesita una memoria histórica sana, sin enceguecerse, pero firme, sin renuncias oportunistas.

El impulso que ha provocado la movilización social en curso, hacia un nuevo tipo de convivencia en Chile no se debe perder ni defraudar por promesas demagógicas que después se dejan de lado y tampoco se deben desmoronar por la violencia irracional y el vandalismo del lumpen. La amnesia no sirve y hay que saber quien impuso la estructura de concentración de la propiedad y de la riqueza.

Sin embargo, hubo otro sector político, un ancho bloque de izquierda y de centro, que aún reprimido y perseguido luchó contra la desigualdad, pero que no logró desmontar ni remplazar ese complejo andamiaje de injusticia institucionalizada.

En efecto, los senadores designados que se abolieron recién en marzo del 2006, no sólo resguardaron los enclaves autoritarios que protegían a Pinochet sino que también, muy especialmente, fueron decisivos para votar en contra de cambios decisivos, como la reforma laboral presentada en 1999 por el ministro Germán Molina, o contra las reformas al Código de Aguas, presentada por Lagos en 1997, o el chantaje que hubo para aprobar el Plan Auge en Salud, el Programa Chile Solidario o el mismo ministerio de Cultura que al inicio fue rechazado y el repudio ciudadano fue esencial para reponerlo y aprobarlo.

También la derecha que hoy se separa de Piñera como lo acaba de hacer Pablo Longueira, llegó a la presión antidemócratica en diversas ocasiones, para mantener como sacrosanto el modelo de la desigualdad neoliberal. Efectivamente, hubo colusión.

Por mi parte, desde el Informe que presente, en mayo de 1998, al Congreso del Partido Socialista realizado en Concepción, señalé que lo esencial del desafío histórico era la brega contra la desigualdad en Chile, lo hice después sistemáticamente en mis intervenciones de sentido programático, insistiendo que de esa lucha dependía afianzar o no la gobernabilidad democrática del país.

Ese esfuerzo, aunque fue constante no resultó suficiente porque prevaleció el dogma de la ideología mercantilista, que incluso llegó a tocar e influir en cierto sector de lo qué se había formado como la tecnocracia concertacionista de entonces.

Más tarde, el año 2012, en la gestión que desplegué como Presidente del Senado, fue aspecto principal preparar material para colocar en el centro del debate presidencial del 2013, precisamente, el tema de la desigualdad.

Por ello, solicité a la Biblioteca del Congreso Nacional un estudio sobre el impacto de la desigualdad. Recibí ácidas críticas desde la derecha por esa iniciativa, pero los profesionales de la BCN hicieron una sólida labor y se publicó en la segunda mitad del 2012, uno de los trabajos más completos a disposición de todos los interesados, en la pagina Web de la BCN.

Asimismo, efectuamos Seminarios de representación pluralista para compartir una visión que permitiese hacerse cargo de este reto fundamental. Así lo recogió el Programa Presidencial de Michelle Bachelet.

Los avances de Chile estuvieron ayer y lo están hoy anulados y desconocidos por la desigualdad. Se trata de un lastre que deforma las relaciones humanas, distorsiona la vida de las parejas y de las familias y socava como incansable termita las bases de la estabilidad democrática hasta generar la crisis de gobernabilidad que esta conmocionando a Chile.

Lamentablemente, no se entendió que el foso de la desigualdad iba quebrando la cohesión de la vida social y que acumulaba un material inflamable que llegaría a quemar una parte del progreso social y crearía una crisis de gobernabilidad, porque la desigualdad irrita, divide y polariza, a unos les entrega opulencia y privilegios y a otros privaciones, pobreza e indignidad.

Era evidente que esa estructura no podría soportar indefinidamente. Nadie va a aceptar vivir sin la dignidad que hoy la civilización humana está en condiciones de entregar a cada persona integrante de la comunidad nacional. Esa es la gran tarea del régimen democrático en el próximo tiempo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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