Hay que reconocer que la mentira ha sido un arma muy usada en la política, en la historia se ha manifestado en hacer promesas que no se cumplen e incluso que no se intentan cumplir y tampoco se dan explicaciones de ello. En nuestro continente, solo en este siglo, tenemos muchos testimonios de mentiras o engaños de los gobernantes y daría para una larga lista de hechos; como Fujimori en Perú, quien negó durante años la existencia de paramilitares como el Grupo Colina, responsable de diversas matanzas; y negó una red sistemática de compra de parlamentarios y medios que los "vladivideos" confirmaron.
En Argentina, el Indec fue acusado de manipular estadísticas oficiales, especialmente sobre inflación, durante parte del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Posteriormente distintos organismos revisaron esas cifras y lo confirmaron. Jair Bolsonaro difundió afirmaciones falsas o engañosas sobre las vacunas contra el Covid-19, la deforestación amazónica y el sistema electoral. Muchas fueron desmentidas por autoridades científicas y electorales. Bueno podríamos seguir con una lista muy larga de malos ejemplos.
Sin embargo, hoy la mentira y el engaño no es un accidente o un detalle, lo invaden todo. Forman parte de la estrategia política. Se miente con cifras, se niegan hechos posteriormente comprobados, se manipulan estadísticas oficiales, se construyen campañas basadas en desinformación y se engaña con información falsa: se ataca al adversario con estos instrumentos. Con ello, el descrédito de la política es mayúsculo, ya no se sabe dirimir entra la verdad y la mentira.
Vamos a los hechos. El equipo de verificación de datos de The Washington Post registró 30.573 afirmaciones falsas o engañosas realizadas por Trump durante su primer mandato presidencial (2017-2021), abarcando temas como economía, inmigración, elecciones, política exterior y salud pública. Asimismo, organizaciones como FactCheck.org, PolitiFact, AP, Reuters y CNN han documentado de forma sistemática numerosas afirmaciones falsas o engañosas de Trump que, según la evidencia disponible en ese momento, no estaba respaldada por hechos verificables o eran contradichas por pruebas documentales, decisiones judiciales, datos oficiales o consenso científico. En algunos casos, Trump ha seguido defendiendo esas afirmaciones pese a las refutaciones públicas y judiciales.
Es cierto que se podría argumentar que en la política norteamericana esto no es nuevo, basta recordar la presencia de armas nucleares en Irak con George W. Bush en 2002, sin embargo, nunca había sido usado como una herramienta política abiertamente.
En nuestro caso, la estrategia del Presidente José Antonio Kast sin duda ha utilizado esta herramienta como parte de su campaña electoral y ahora en el gobierno, sin interesar a quiénes y cómo les afecte. Basta recordar lo que hizo con su infame campaña contra Evelyn Matthei para sacarla de la contienda política, una conducta nunca conocida y menos imaginada entre aliados políticos.
Verificadores independientes han calificado como falsas o engañosas algunas afirmaciones sobre delincuencia, migración, economía y políticas públicas. Kast ha defendido varias de esas afirmaciones argumentando diferencias de interpretación o de fuentes. Veamos algunas de estas afirmaciones.
Kast como candidato presidencial: "En el gobierno de Gabriel Boric hubo más homicidios que en el de Sebastián Piñera". Diversos verificadores concluyeron que la comparación era engañosa, porque utilizaba períodos no equivalentes y omitía el contexto estadístico.
Afirmaciones sobre migración y delincuencia. En distintas campañas se difundieron cifras que relacionaban directamente inmigración irregular con el aumento de la delincuencia. Verificadores como Fact Checking UC, Fast Check y otros medios calificaron varias de estas afirmaciones como imprecisas o sin suficiente respaldo estadístico, al no existir evidencia de una relación causal general.
Información sobre educación sexual y políticas públicas. Durante la campaña circularon afirmaciones sobre contenidos obligatorios en establecimientos educacionales que fueron catalogadas como engañosas por verificadores independientes al exagerar o descontextualizar la normativa vigente.
Como Presidente (2026) en su primera Cuenta Pública: "Nunca habíamos visto estos niveles de desempleo". Un análisis basado en datos del Instituto Nacional de Estadísticas y del Banco Central de Chile concluyó que esa afirmación era falsa, porque Chile ha registrado tasas iguales o superiores en diversos períodos históricos, incluyendo la pandemia.
"Estado en quiebra". Diversas autoridades, importantes economistas y la Contraloría General de la República cuestionaron el uso de esa expresión, indicando que Chile no se encontraba técnicamente en quiebra, ya que seguía cumpliendo normalmente sus obligaciones financieras. La afirmación fue considerada incorrecta desde el punto de vista económico y jurídico.
A esto habría que agregar la llamada metáfora sobre los 300.000 migrantes que serían expulsados el primer día de gobierno, como el plan que decía tener para terminar con la violencia delictual y que en los hechos no tenía nada. La información sobre el estado económico del país cuando asumieron, señalando que el gobierno de Boric había falseado los resultados. El Consejo Fiscal Autónomo los validó y la acusación constitucional contra el exministro Grau fracasó.
La Cuenta Pública 2026 fue analizada tanto por Fact Checking UC como Mala Espina Check y Fast Check, quienes revisaron decenas de afirmaciones del discurso presidencial y algunas fueron señaladas como falsas, especialmente en materias económicas y laborales.
El papa León XIV, en su encíclica "Magnifica Humanitas", presenta la verdad como un bien indispensable para la convivencia democrática y la dignidad humana. En el n. 131 afirma que la transformación digital exige "redescubrir la verdad como un bien común". La mentira destruye la confianza social. En general retoma una enseñanza constante del Magisterio: la mentira no es solo un problema moral individual; cuando se convierte en desinformación organizada, corrompe la vida pública, debilita la democracia y atenta contra la dignidad de las personas. La defensa de la verdad aparece como una exigencia de la doctrina social de la Iglesia Católica.
Es hora que nos preguntemos qué estamos construyendo. Con el engaño y la mentira nada bueno se puede lograr. Es preciso que la conciencia pública se revele frente a un camino sin destino y el Presidente Kast, declarado católico, escuche lo que el magisterio de la iglesia ha entregado sobre el particular y enmiende el camino.