Las intensas lluvias que han afectado a gran parte de Chile durante los últimos días han dejado personas fallecidas, miles de personas damnificadas, viviendas dañadas, sectores aislados y prolongados cortes de electricidad y agua potable. Sin embargo, detrás de cada balance existe una realidad que todavía recibe poca atención: las emergencias no afectan a todas las personas de la misma manera.
Para una persona con discapacidad, evacuar no consiste únicamente en abandonar rápidamente su vivienda. Puede requerir asistencia, transporte accesible, medicamentos, ayudas técnicas o información incluso en formatos comprensibles. Para alguien electrodependiente, un corte de energía no representa sólo una incomodidad, sino una amenaza directa para su salud y su resguardo del derecho a la vida. Y para quienes tienen dependencia y necesitan apoyo permanente, la interrupción de los servicios básicos puede dejarlos completamente desprotegidos.
Por eso, la inclusión no puede aparecer cuando la emergencia ya comenzó. Debe estar incorporada desde el diseño de los planes comunales y nacionales, considerando catastros actualizados, rutas accesibles, sistemas de alerta que puedan ser comprendidos por todas las personas, albergues adaptados y protocolos específicos para quienes requieren energía eléctrica, medicamentos o asistencia continua.
También es indispensable escuchar a las propias personas con discapacidad, en situación de dependencia, personas mayores, personas cuidadoras y a sus organizaciones. Las políticas de prevención y respuesta no pueden construirse suponiendo cuáles son sus necesidades. Su participación permite detectar barreras que muchas veces pasan inadvertidas: escaleras que impiden evacuar, mensajes exclusivamente sonoros, falta de intérpretes de lengua de señas, refugios sin baños accesibles o dificultades para trasladar una silla de ruedas.
La responsabilidad no recae únicamente en las familias o en quienes cumplen labores de cuidado. El Estado, los municipios, las empresas de servicios básicos y las comunidades deben coordinarse para asegurar respuestas oportunas. Especialmente frente a cortes prolongados de electricidad, se necesitan mecanismos que permitan identificar y priorizar a las personas electrodependientes, garantizando respaldo energético y canales de comunicación efectivos.
La solidaridad ciudadana es fundamental, pero no puede reemplazar una institucionalidad preparada. Preguntar si una persona necesita ayuda, verificar si algún vecino o vecina vive solo(a) o requiere asistencia y respetar sus indicaciones puede marcar una diferencia. Sin embargo, el resguardar y garantizar los derechos de miles de personas de nuestro país, no puede depender exclusivamente de la buena voluntad.
Chile es un país expuesto de manera permanente a emergencias y catástrofes. Seguir reaccionando sin considerar la diversidad de la población significa aceptar que algunas vidas enfrenten mayores riesgos que otras. Una respuesta verdaderamente efectiva no se mide sólo por su rapidez, sino también por su capacidad de llegar a todas las personas.
La inclusión, en estos escenarios, no es un elemento adicional ni una consideración secundaria. Es una condición indispensable para salvar vidas. Y gracias a un trabajo legislativo intenso que realizamos como Fundación Ronda junto a ONG Inclusiva, y gracias al apoyo de nuestra iniciativa por parte del senador Matías Walker y la exsenadora Carmen Gloria Aravena, se logró conseguir los votos de manera transversal y el respaldo del Ejecutivo, para que el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados recientemente promulgado como ley, incluya una priorización específica para niños, niñas, personas con discapacidad y/o en situación de dependencia, personas mayores y personas cuidadoras ante emergencias y desastres.
Ahora es necesario ver si esto realmente está pasando, situación que lamentablemente ponemos en duda y para lo que seguiremos trabajando incansablemente para que sea una realidad y dejemos de tener en Chile poblaciones de sacrificio cuando tengamos emergencias y desastres. Chile somos todos y todas, y con más fuerza en tiempos de crisis donde nuestras vidas y las de nuestros seres amados corren peligro.