La responsabilidad de gobernar

Con la frente en alto y las manos limpias, el expresidente Boric entregó la jefatura del Estado a su sucesor, J.A. Kast, realizando un gran esfuerzo para que el traspaso se diera en un clima de solemnidad y respeto propio de la tradición democrática del país, excepto el periodo dictatorial, por cierto.

En cuanto a su sucesor, tiene que bajar el tono confrontacional de la campaña presidencial, pero insiste en el "gobierno de emergencia" como réplica al desorden e ineficiencia que, supuestamente, impera en el país que "se cae a pedazos". Ese discurso promueve la polarización que J.A. Kast debiese evitar, aunque difícilmente lo hará con su programa económico que rebaja impuestos a los consorcios financieros y pretende cercenar la gratuidad en la educación superior.

El equilibrio no le será fácil. Jeannette Jara, su oponente, tuvo más del 41% del electorado, un respaldo suficientemente significativo que no se puede desconocer. ¿Puede el nuevo gobernante estar en guerra permanente con ese sector de opinión? Sería insensato. Pero, el equilibrio social y político no fue el articulador de su primer discurso al país, sino que buscó los aplausos más fervientes, que no es la ruta para dirigir el Estado, sin exclusiones ni odiosidades.

Por su parte, el expresidente Boric, junto a su familia, se retiró contento, traslucía buen ánimo, el tiempo despejará, finalmente, el balance que se configure de este periodo, con una mayor perspectiva y colocando la situación nacional en su conjunto como referente del juicio ciudadano. No hay apuro, ya habrá mayor objetividad y altura de miras.

De todos modos, en un sector considerable se estima que la responsabilidad para gobernar que ejerció el expresidente Boric fue un factor esencial para garantizar la gobernabilidad democrática en medio de la fragilidad política, social y económica, luego del estallido social y los estragos de la pandemia del Covid-19. Sólo controlar la inflación heredada con 14,1% al iniciarse la gestión, habla de una proeza.

Ahora bien, al parecer el nuevo gobernante no va a asumir las lecciones del pasado reciente que señalan que los liderazgos personalistas se equivocan rotundamente al creer que con ellos comienza la historia de sus países. La amenazante frase "estar dispuestos a hacer lo que hay que hacer" viene a reponer el objetivo de instalar una democracia bajo tutela que Chile ya sufrió y que no se debe repetir.

Con ese fin se levanta una nueva excusa: hay que hacerlo "aunque sea impopular", es lo que pasa con la gratuidad en la educación, reducirla es una decisión odiosa que provoca regresión social, pero intentarán implementarla igual, el costo social no les importa.

El expresidente Boric lo dijo certeramente, su gobierno, no obstante ser liderado por él, militante de una fuerza política nueva como el Frente Amplio, no partió de cero, fue integrado e influido por la larga trayectoria del país y los sucesos históricos que le antecedieron. Quien cree que se puede burlar, menoscabar o humillar a sus adversarios porque con rapidez y transitoriamente, logró instalarse en posiciones de poder dominantes yerra totalmente. La soberbia autoritaria conduce al abuso y la derrota.

La democracia tiene como base esencial la alternancia en el poder, tener conciencia que en el devenir social la mayoría declina y pasa a ser minoría, pero que puede reponerse y conseguir nuevamente ser mayoría. En el caso que se petrifiquen los avances sociales serán puestos en discusión.

Los cambios y transformaciones perduran en la conciencia y la vida cotidiana de millones de personas. Se sostienen en su capacidad de responder a los desafíos de la evolución humana. Por eso, la exclusión perpetua de una parte de la nación es imposible. Comprenderlo asegura la paz social. Esa voluntad política y social es la clave, el respeto al pluralismo significa excluir intentos de perpetuación en el poder, como los que trajeron las dictaduras que tanto daño causaron en América Latina.

Esa es la tarea de las fuerzas que estuvieron junto al expresidente Boric, ejercer desde la oposición una labor coherente y eficaz que resguarde las conquistas sociales, los derechos y libertades democráticas y desarrolle la unidad en la diversidad de los demócratas chilenos, con vistas a rehacer su condición de mayoría nacional tras un proyecto trasformador cuya perspectiva sea un país digno, justo e igualitario.

Naturalmente, hay que ponderar lo que estuvo bien y lo que se hizo mal. Analizar sin descalificaciones y sacar conclusiones constructivas. La centroizquierda y la izquierda son los actores fundamentales que han construido la democracia chilena. Cuentan con un patrimonio esencial para un proyecto país futuro. No lo pueden abandonar. Por el bien de Chile.

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