Perspectivas para el área socialista

“El socialismo chileno hoy se compone de manera compleja”, de esta forma, Carlos Briones caracterizó la situación que corría el Partido Socialista a mediados de los años 80’, en plena dictadura pinochetista.

Por cierto, Briones, junto a otro importante puñado de dirigentes buscaban una efectiva acción antidictatorial mediante la unidad de las diferentes vertientes que surgieron luego de la ruptura socialista de abril de 1979.

Desde esa fecha, el PS se dividió en dos vertientes principales: una, liderada por Carlos Altamirano, y que llevó adelante el proceso de “renovación socialista”, y otra encabezada por Clodomiro Almeyda, y que se erigía como herederos del Documento de marzo de 1974, en consonancia con los principios acordados en el ya famoso Congreso de Chillán de 1967. 

La problemática planteada por Briones no sólo se resumía en la situación del tronco histórico del socialismo, sino que también daba cuenta de la necesidad de reconocimiento a otras fuerzas políticas que, impulsadas por objetivos concordantes, surgieron al alero de dicho Partido. 

En la actualidad, el Partido Socialista tampoco puede arrogarse la potestad de ser la única fuerza representativa de la cultura política socialista. Sí, es su tronco principal, pero no la única expresión socialista, por lo que cabe repensar el presente del socialismo chileno como un “área” tal como la definiese Raúl Ampuero.

Este histórico dirigente, a principios de 1979, y previo al quiebre del PS, impulsó un seminario denominado “El Socialismo chileno: vigencia y perspectivas” en la localidad de Ariccia, en Italia. En la convocatoria del evento, se planteaba como objetivo fundamental la búsqueda de convergencias por sobre las diferencias teóricas y doctrinarias entre los que Ampuero planteaba que eran parte del “área socialista

En virtud de lo anterior, si aceptamos que es real la existencia de un área socialista en Chile, resulta necesario a todo efecto reordenar los elementos conceptuales que delimiten qué entenderemos por ésta hoy. Para ello, es importante guiarse por lo planteado por Tomás Moulián en medio de la renovación socialista. Éste al referirse a dicho proceso, daba cuenta de que una de sus principales apuestas era el refundar una teoría, pero ello debía hacerse entendiendo que la transformación de un sistema de ideas vinculado a organizaciones y proyectos sociales debe hacerse en “un doble movimiento de ruptura y continuidad”

Siguiendo la afirmación de Moulián, para definir lo que es hoy el área socialista se debe, en primer lugar, comprender que dicha área se ha visto transformada por los esfuerzos de reformulación programática, revisión de conceptos teóricos, y readecuación de prácticas y medios de acción que el socialismo chileno generó justamente a posteriori del Seminario impulsado por Raúl Ampuero.

No cabe aquí adentrarse mayormente en un análisis crítico de los alcances de este proceso, pero no es menos cierto que la renovación socialista transformó las identidades y cultura política socialista y que, inclusive, generó las condiciones para que el socialismo como expresión política superase con creces los muros de los partidos afines. 

Entonces, la actual delimitación de lo que es el área socialista se puede comprender por medio del análisis de los elementos de ruptura y vigencia que acompañaron al proceso de renovación socialista.   

Asimismo, tal como en 1964, año en que un grupo de jóvenes militantes se escinden del PS para luego ser parte de la fundación del MIR, o como luego la DC sufriera dos divisiones por la izquierda (MAPU  e Izquierda Cristiana), hoy abundan las organizaciones que se representan en las ideas socialistas.

Para comprender el actual proceso de “parcelamiento” del socialismo en Chile, se debe dar cuenta de los procesos históricos en que se gesta.

Por una parte, la (muy prolongada) transición democrática en nuestro país, con sus consecuentes y “peculiares” características, como también la profundización de la crisis global de la izquierda tanto por el derrumbe de los socialismos reales, como por los derroteros que fue tomando la alternativa democrática de los socialismos europeos occidentales, y su derivada neoliberal.  

Todo ello además en un marco de instalación global de la hegemonía neoliberal, de su ética, de sus prácticas, y, por cierto, de su modelo de desarrollo. 

¿Qué es lo que entonces agrupa a una posible área socialista en la actualidad? Pues bien, la valoración de la democracia como eje y espacio de acción, y con una consecuente lucha por su radical profundización por medio de la participación activa de los actores, la valoración de lo político, de la construcción de mayorías, y un reconocimiento de la tradición autónoma, libertaria y no dogmática de las corrientes socialistas del siglo XX.

En general, cada uno de estos elementos forma parte de las declaraciones de principios y matrices conceptuales de las organizaciones políticas que uno podría afirmar como parte del área socialista (por ejemplo el PS, el MA, IA o RD).

De igual forma, se han ido incorporando nuevos elementos: crisis democrática, mundialización de las migraciones, terrorismo, seguridad, reivindicaciones feministas y por las identidades de género, luchas medioambientales, crisis institucionales, entre otras.

Así también, hay otras de orden procedimental que se deben entender como estándares para cualquier política, transparencia, participación y probidad. 

Teniendo en cuenta entonces cuáles son algunas de las ideas, conceptos y contradicciones que dan forma al “área socialista” en la actualidad, toma notorio sentido el por qué el socialismo hoy también se compone de manera compleja.

Por cierto, hay contradicciones que potencian aún más las diferencias dentro de dicha “área”, la disputa generacional, la diferenciación entre la novedad y la tradición, el derrotero de los gobiernos “progresistas” pos-dictadura, entre otros. Cada una de éstas, deben ser también discutidas y resueltas. 

Sin embargo, superior a estas honestas diferencias, el hecho de la existencia de un área socialista definida en la actualidad debe llamar a todas y todos aquellos que se sienten parte de un ideario común, a buscar espacios de convergencia. 

Tal como en los 80’ el socialismo reflexionó sobre el vínculo entre socialismo y democracia, una nueva convergencia debe elaborarse por medio de las respuestas en conjunto a las nuevas contradicciones antes señaladas, especialmente, sobre el tipo de Estado y modelo de desarrollo que aspira, como aquellas que se han articulado en relación al capital y al trabajo, a la innovación y la tecnología, y las que colocan en cuestión el sistema de representaciones, ético y moral, en que se sustenta occidente desde hace siglos. Todas estas contradicciones, y sus resultados, cambiarán irremediablemente el cariz del mundo que contemplamos

Entonces, se debe abrir una opción para una convergencia, que en base al área socialista, permita un impulso transformador y de ruptura con el orden actual.

Un impulso perpetrado, por los partidos y organizaciones que se representan en un socialismo democrático para el siglo XXI, pero no sólo en ellos, sino también en la gente, en las y los intelectuales, que se expresa en las artes y en la cultura, en el movimiento de pobladoras y pobladores, como en el movimiento sindical, de mujeres, y en la juventud, superando con creces los muros partidarios. 

Ante la emergencia conservadora en Chile y en el mundo, sólo un socialismo cohesionado, abierto, plural, de movimiento y de organización, puede proyectarse como una alternativa democrática y de ruptura ética y política con el orden actual.

Ética, ante un neoliberalismo exacerbado que se ha hecho sentido común y pervive en el orden hetero-patriarcal que es urgente desacoplar, y política, para construir un nuevo vínculo entre Estado y ciudadanía, entre sociedad civil y sociedad política, por medio de un ejercicio democrático radicalmente participativo y legitimador. 

Toda reformulación teórica, política y cultural del proyecto socialista, tiene un punto a favor.

Se da en un contexto democrático, lo cual permite su despliegue en mejores condiciones que las habidas en la dictadura pinochetista.

Por tanto, la emergencia de una nueva convergencia socialista, expresión de partidos, de gente sencilla, de un movimiento social, de la cultura y del arte, puede retomar la tarea siempre inconclusa de una sociedad más justa, diversa, democrática, inclusiva, y participativa. 

Es cierto, el socialismo se compone de manera compleja.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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