Futura ministra de la Mujer del gobierno de Kast: con el pie izquierdo

La supuesta moderación del Presidente electo, José Antonio Kast, pareció ser una quimera tras los anuncios del gabinete con que asumirá el próximo 11 de marzo. Presionado por los sectores conservadores de las coaliciones de derecha, Kast nombró a varios personeros que están reñidos con la transparencia y los derechos de las mujeres y disidencias.

Es en este punto donde hay más resquemores, ya que en el cargo de ministra de la Mujer nombró a Judith Marín, profesora de Castellano y Filosofía, quien adscribe al sector de la religión evangélica más dura. Por informaciones en los medios de prensa, ya se conoce de su irrupción en espacios públicos contra el aborto, contra los derechos reproductivos y sexuales, e incluso su incursión en el exorcismo, como una caricatura que bien podría ser una pesadilla para quienes luchan por la igualdad y el progresismo.

¿Qué mensaje envía Kast al movimiento feminista y de mujeres LBT+ (lesbianas, bisexuales y trans) con este nombramiento? ¿Es un intento de moderación, de control o de vaciamiento del ministerio? ¿El ministerio será un espacio de ampliación de derechos o de contención? ¿Hay una señal simbólica de usar a las mujeres en cargos para legitimar agendas regresivas? Que una mujer lidere el Ministerio de la Mujer no garantiza, por sí solo, una política feminista y de diversidad.

Como bien han dicho organizaciones feministas donde también se encuentra la diversidad de mujeres que existe en este país, este mandato exige experiencia y capacidad para dar respuesta a los compromisos internacionales en materia de igualdad y no discriminación. Es decir, la nueva ministra no puede mirar a un lado y hacer como que todo eso no existe. A ello se suma la Ley de Violencia Integral contra las mujeres que establece medidas para prevenir, sancionar y erradicar la violencia en razón de su género, orientación sexual o identidad, lo que refuerza que la conducción del ministerio debe contar con sensibilidad en estas situaciones. ¿Qué hará entonces la futura ministra frente a estos desafíos?

Por eso surge ésta y muchas más preguntas, si es que efectivamente este nombramiento estará a la altura de las exigencias de los movimientos sociales liderados por mujeres y disidencias, liderazgos que han trabajado años en incidencia en los espacios de decisión política para que sus voces no sean invisibilizadas y para que sus preocupaciones concretas tengan eco.

Según la experiencia en otros países donde han sido electos gobiernos conservadores, la característica de esos mandatos en estas materias es que se presenta un debilitamiento del enfoque de género en políticas públicas; retrocesos en educación sexual integral; desprotección de mujeres LBTIQ+ y negación de la violencia estructural y económica. Sin duda, preocupaciones en que los movimientos de mujeres y de disidencias ya se han manifestado en alerta y dispuesta a defenderlos.

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