La geografía profesional, su colegio y sus desafíos

Coescrita con María Ester Arancibia, doctora de la Universidad de Zaragoza, España y Magister en la Universidad de Santiago de Chile ambos grados académicos con mención en Medio Ambiente y Ordenamiento Territorial. Geógrafa de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Presidenta del Colegio de geógrafas y geógrafos de Chile. Y por Oscar Liendo Palma, geógrafo Universidad de Chile. Director en Geografía Profesional en Chile. Tesorero del Colegio de Geógrafas y Geógrafos de Chile. Ejercicio de la Profesión como Director Ejecutivo de IGE Ltda. Docencia de pregrado como Director de la Carrera de Geografía en la Universidad Bolivariana, entre otras. Diversas Publicaciones, como Geografía Profesional en Chile.

Los colegios profesionales en Chile surgieron con el propósito de regular el ejercicio de las distintas profesiones, resguardar estándares de calidad, contribuir al desarrollo técnico del país y fortalecer la organización gremial frente a los cambios sociales. A lo largo de su historia han atravesado diversas etapas; sin embargo, desde la década de 1980, con la pérdida de su carácter obligatorio, muchos vieron debilitada su capacidad de acción. En la actualidad, solo los gremios de mayor tamaño —como los de abogados, médicos o ingenieros, entre otros— han logrado sostener un funcionamiento continuo y consolidado.

La geografía, en tanto disciplina científica, es relativamente joven en Chile. Sus primeros titulados datan de la década de 1970, con una cohorte inicial de aproximadamente veinte profesionales. Desde entonces, su crecimiento ha sido sostenido, impulsado por las crecientes demandas del país en materias como resiliencia territorial, planificación integral y análisis sistémico de problemáticas socioambientales. No obstante, en términos numéricos, el universo profesional sigue siendo acotado: se estima que actualmente existen alrededor de 2.000 geógrafas y geógrafos en el país, cifra significativamente menor en comparación con otras disciplinas.

En este contexto, la reactivación del Colegio de Geógrafas y Geógrafos de Chile constituye un hito relevante en el fortalecimiento institucional del campo disciplinar, retomando la labor iniciada en 1983. Este proceso no solo representa un avance gremial, sino que también refuerza la capacidad de la geografía profesional para contribuir a la respuesta del país frente a desafíos socioeconómicos, territoriales y ambientales cada vez más complejos.

Como parte de esta nueva etapa, el Colegio desarrolló recientemente su primera jornada de carácter prospectivo, denominada "Prospectiva del Colegio", orientada a reflexionar sobre los desafíos presentes y futuros de la profesión. En esta instancia se abordaron problemáticas estratégicas vinculadas al diseño institucional y al posicionamiento disciplinar, considerando transformaciones contemporáneas tales como los avances en meteorología, crisis ambiental, las dinámicas migratorias, la redistribución de la población y la irrupción de nuevas tecnologías, entre otros. Estos procesos han renovado y complejizado las exigencias hacia la geografía profesional.

Durante la jornada se profundizó en una comprensión sistémica del campo geográfico, promoviendo la articulación entre la geografía pública —vinculada a órganos de la administración del Estado y universidades— y la geografía ejercida en el ámbito privado, especialmente en consultoras y empresas. Esta articulación resulta clave para fortalecer la profesionalización de la disciplina, ajustando las mallas formativas a las necesidades socioterritoriales y del mercado laboral, potenciando el aporte de geógrafas y geógrafos en el diseño, ejecución y evaluación de políticas públicas con enfoque territorial integrado.

Entre los temas analizados destacó el desarrollo profesional en términos de empleabilidad, niveles de remuneración y trayectorias laborales según etapas de inserción. Se evidenció una brecha significativa entre quienes inician su ejercicio profesional y quienes alcanzan mayor experiencia y consolidación. Asimismo, se relevó la dimensión del liderazgo de equipos y la frecuente asunción de roles de coordinación o jefatura de proyectos, funciones que demandan competencias técnicas y habilidades de gestión. También se revisaron antecedentes sobre ingreso y retención estudiantil en las carreras de geografía, información clave para fortalecer el campo disciplinar de manera sistémica.

Una dimensión particularmente relevante fue la inserción laboral inicial. Se destacó el valor estratégico de tesis, seminarios de investigación, memorias de grado y prácticas profesionales como espacios de especialización temprana. Estas instancias permiten abordar problemáticas territoriales concretas desde el pregrado, fortaleciendo el posicionamiento profesional y la empleabilidad futura. Complementariamente, se abordaron recomendaciones relativas a procesos de postulación, entrevistas laborales y criterios de pertinencia profesional.

El ejercicio profesional de la geografía implica, de manera ineludible, la toma de decisiones que inciden directamente en la organización y transformación del territorio, muchas veces en contextos de asimetrías de poder. En ámbitos como la planificación territorial, la evaluación ambiental o el diseño de políticas públicas, las y los profesionales suelen integrarse a equipos multidisciplinarios donde emergen tensiones éticas. Un caso paradigmático se presenta cuando una evaluación técnica determina la inviabilidad territorial de un proyecto, pero éste igualmente se implementa. Tales situaciones interpelan la responsabilidad ética profesional, evidenciando la necesidad de marcos normativos claros que resguarden la integridad disciplinar y promuevan un desarrollo verdaderamente sostenible. Cabe distinguir aquí entre el cumplimiento de la legalidad —que constituye un piso mínimo— y una ética profesional entendida como horizonte reflexivo más amplio y permanente.

En tanto ciencia social y territorial, la geografía exige una ética crítica que suponga un compromiso con las desigualdades socioespaciales, las relaciones de poder y los impactos territoriales de las decisiones públicas y privadas. En este sentido, la actualización y fortalecimiento de un código de ética profesional se configura como un desafío central para enriquecer tanto los contenidos como los métodos del quehacer geográfico.

El encuentro planteó, además, iniciativas para profundizar la articulación entre universidad, Estado y sector privado. Entre ellas, se propuso la participación activa del Colegio en el próximo Congreso Nacional e Internacional de Geografía, organizado por la Universidad de La Serena y la Sociedad Chilena de Geografía (SOCHIGEO), mediante una conferencia magistral y una mesa temática sobre geografía profesional. Estas acciones favorecerían una interacción virtuosa entre teoría y práctica, con impactos esperables en los planes formativos y en el fortalecimiento de la profesionalización disciplinar. Asimismo, se proyectó la organización de un Primer Congreso de Geografía Profesional en esta nueva etapa institucional, instancia que podría constituir un hito para posicionar estratégicamente a geógrafas y geógrafos en el desarrollo del país.

Finalmente, la inteligencia artificial fue identificada como un eje ineludible tanto en la formación académica como en el ejercicio profesional. Si bien su incorporación abre oportunidades relevantes para el análisis espacial, la modelación territorial y la gestión de información geográfica, también plantea desafíos en materia de empleabilidad y redefinición de competencias. Frente a este escenario, resulta imprescindible abordar colegiadamente sus impactos desde una perspectiva crítica, ética y territorialmente situada.

En suma, los desafíos identificados en el encuentro dan cuenta de un campo disciplinar dinámico, con trayectorias ya recorridas y otras aún en construcción. Ello justifica y reafirma la vigencia del trabajo permanente del Colegio Profesional como espacio de articulación, reflexión y proyección estratégica de la geografía chilena.

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