Rechazar el rechazo

“Rechazar para reformar” dice el slogan oficialista que se opone a una nueva Constitución. Una tesis que, a simple vista, parece ser atractiva, pero que en el fondo carece de veracidad y contenido.

Este 26 de abril, nos someteremos a un plebiscito ciudadano que podrá dislocar la dependencia de la trayectoria de nuestra República. Por primera vez en nuestra historia, la ciudadanía podrá escoger si aprueba o rechaza una nueva Constitución para Chile.

Los sectores políticos y sociales que llaman a votar por la opción “Rechazo”, no solo están imbuidos de una determinada ideología que tributa la Constitución heredera de la dictadura, sino también esgrimen un tipo de discurso que va de la mano con al menos dos elementos que en política tienden a ser claves, sobretodo en los tiempos de apogeo de los nacional-populismos, a saber, el miedo y la decisión racional del “no hacer”.

El miedo en ciencia política es un recurso que ha sido minuciosamente analizado, desde la lectura de Maquiavelo, pasando por Carl Schmitt y Michel Foucault, hasta Martha Nussbaum, por ejemplo.

Este sentimiento es un recurso antiguo que puede verse amañado a distintas conductas y se estriba en la necesidad del soberano de someter a control a un determinado grupo de personas, para que estos terminen subyugados a la voluntad de quien gobierna.

De este modo, el miedo se vincula directamente con el poder. ¿Historia conocida? Claro que sí. Donald Trump, Jair Bolsonaro, Marine Le Pen, Matteo Salvini, Boris Johnson, entre otros.

En segundo lugar, la fisonomía del “Rechazo” está fundada en dotar de incertidumbre a la población, sin embargo, el discurso sería estéril sin respaldo en el terreno de la toma de decisiones.

La Moneda deliberadamente ha decidido no hacer, la agenda social no avanza y las iniciativas de carácter presidencial parecen no ser exhaustivas en la línea de canalizar el estallido social del pasado 18 de octubre. No solo tranquilos con eso, se ha decidido no actuar respecto al orden público y seguridad.

Así, el ejecutivo entiende que, al tensionar la violencia, el “Rechazo” suma preferencias.

El oficialismo tendrá que lidiar con que la negativa a la nueva Constitución carece de profundidad, al constituirse como el sector político que está a las antípodas de ser reformista. La historia no se repite, pero rima y el “Rechazo para Reformar” es de los mismos creadores de “Los Tiempos Mejores” y del “Chilezuela”.

El 26 de abril la opción “Apruebo” tendrá que imponerse con el objetivo de construir entre todos y todas, la casa de todos.

Rechazar el rechazo es una oportunidad para dar un salto adelante, ejercitar la musculatura de una mejor democracia y de un Estado que garantice una plataforma que derribe las desigualdades de un Chile que carece de dignidad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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