Requiem para la confianza

Durante el último trimestre del 2019 se han registrado varios estallidos sociales en países de América Latina (Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia) producto de la pérdida total de confianza de la población en sus gobiernos, mandatarios e instituciones. Si bien aquella recuperación en la confianza debía prometer una nueva etapa donde pudiésemos tener la voluntad política de construir una sociedad más inclusiva, acogedora y desprejuiciada, aquello se fue al tacho de la basura.

El caso chileno es el más reciente, también el más extenso. La subida de 30 pesos fue el pistoletazo de salida a una frustración ciudadana que se ha extendido como efecto dominó a otros países de Latinoamérica.

Abusados durante 30 años por un sistema injusto, con costos de vida muy por encima del ingreso promedio, las expectativas de las personas han crecido con mayor velocidad que sus ingresos económicos, provocando que los chilenos se revelen contra su realidad, en un contexto de completa desafección política, con la aprobación del Presidente, el Gobierno y las instituciones en el suelo.

Según datos de la OCDE, en el año 2015 el 52% de los ciudadanos de América Latina consideraban disculpable evadir impuestos.

Cuatro años después los chilenos no han tolerado que la familia presidencial sacara a través de fideicomisos US$500 millones a paraísos fiscales, lanzándose a las calles.

Y sucede que aquel círculo vicioso al que estaban acostumbradas las grandes fortunas del país, ha debilitado a las instituciones y han menguado la capacidad para proveer mejores servicios a la población.

Tras dos meses del estallido social, el Gobierno no ha sido capaz de concretar medidas para detener la evasión de las grandes fortunas del país.

El parlamento tampoco ha tenido la valentía de tocar el sistema instaurado de aquella trampa institucional, enmarañado en burocracias que ha tensionado la relación entre los Estados y los ciudadanos.

Sebastián Piñera prometió tiempos mejores a una ciudadanía cuyas expectativas de vida mejoraban paulatinamente desde el regreso a la Democracia hasta la fecha, donde sin embargo dichas aspiraciones se vieron paulatinamente frustradas para una gran clase media aspiracional, creciente pero a su vez vulnerable.

Se trata de una realidad donde el modelo de desarrollo continúa estando entrampado y amarrado al modelo de la élite económica, con un gran número de mercados de productos y servicios coludidos frente a la vista gorda de la clase política, a vista de los ciudadanos, carentes de integridad ética.

La ciudadanía chilena ha escuchado durante años anuncios de más normas para impedir la evasión. Sin embargo, han apreciado atónitos como dichas normas no se respetan, especialmente por aquellos con mayor poder económico. No es raro entonces que los ciudadanos de a pie se pregunten cuál es el verdadero sentido de pagar sus impuestos. Los servicios públicos que reciben los más pobres son de una calidad inaceptable mientras crece la percepción de injusticia fiscal, de un pacto que redistribuya la riqueza, que provea una correcta protección social, lo que merecen: dignidad de parte del Estado.

Muchos políticos dicen que nadie tiene la respuesta. También que no pueden hacerse cambios de un día para otro. Mientras balbucean dichas frases para la historia, en la calle la ciudadanía sigue manifestándose, enfrentándose a las fuerzas policiales que han traído de vuelta a la memoria colectiva el trauma de una dictadura jamás superada.

Se han violado Derechos Humanos de la población por parte del Estado, constatados por informes de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y el Alto Comisionado de la ONU.

La confianza en estos momentos vive su Réquiem, en un momento crítico cuyo futuro se ve incierto mientras permanezca la figura del Presidente.

¿Cómo recuperar la confianza en él cuando ha sacado a las calles a los militares, donde una vez más han vulnerado los derechos fundamentales de la población junto a las polìcìas?

¿Cómo recuperar la confianza en un parlamento que rechaza la salida anticipada del presidente, argumentando que fue democráticamente electo, desconociendo con ese motivo las graves violaciones a los DDHH y constatando a su vez la evasión en paraísos fiscales?

El modelo de inequidad chileno producido por grandes fortunas, a dos meses del estallido, no ha sufrido modificación alguna y en ese sentido es difícil encontrar una salida pacífica a la crisis sin considerar seria y finalmente, a juicio personal, la salida tanto del Presidente como del Congreso pleno.

Si no existe aquella voluntad de producir cambios consustanciales que liberen a los ciudadanos de esa frustración, de esa rabia contenida durante décadas, no les quedará otra alternativa que salir de donde están, todos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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