Sala cuna: el costo que no estamos contabilizando

En contabilidad, aprendemos que toda decisión tiene un costo. Sin embargo, no todos los costos aparecen reflejados en un balance financiero. Algunos son menos visibles, pero sus consecuencias pueden ser igual de significativas. ¿Cuánto le cuesta a nuestro país que una mujer deba rechazar una oportunidad laboral, porque no tiene con quién dejar a su hijo? ¿Cuánto talento, experiencia y capacidad productiva estamos desaprovechando, cuando las responsabilidades de cuidado se transforman en una barrera para trabajar?

Estas preguntas adquieren relevancia en medio de la discusión sobre el proyecto de ley de Sala Cuna Universal. Habitualmente, el debate se concentra en cuánto costará financiarla, quién deberá aportar los recursos y cómo se distribuirán las responsabilidades. Son preguntas necesarias, pero existe otra que también debemos hacernos: ¿cuánto nos está costando mantener las condiciones actuales?

Las estimaciones disponibles permiten dimensionar lo que está en juego. Estudios elaborados por la Fundación ChileMujeres, el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales y la Cámara de Comercio de Santiago, proyecta que una reforma de sala cuna podría generar entre 15 mil y 145 mil nuevos empleos femeninos, dependiendo de su impacto sobre la participación laboral de las mujeres, lo que también podría traducirse en un mayor crecimiento económico.

Se trata de proyecciones y no de resultados garantizados, pero apuntan en una dirección clara: facilitar el acceso al cuidado infantil no es únicamente un gasto social, sino también una inversión capaz de ampliar las oportunidades de empleo y fortalecer nuestra economía.

Es, además, una visión ampliamente compartida. Según la encuesta Cadem publicada en septiembre, el 87% de los consultados considera que la sala cuna universal ayudaría mucho o bastante a que más mujeres puedan trabajar. Y, más revelador aún, el 62% cree que debería entenderse principalmente como un derecho de los niños y niñas a la educación inicial, más que como un beneficio laboral asociado a las madres.

Este último resultado nos invita a ampliar la discusión. Durante demasiado tiempo hemos abordado el cuidado infantil como una responsabilidad fundamentalmente femenina, cuando en realidad involucra a las familias, las empresas y la sociedad en su conjunto. No se trata solamente de permitir que las madres trabajen, sino también de reconocer el valor del cuidado, promover la corresponsabilidad y garantizar mejores oportunidades, para el desarrollo de la primera infancia.

La regulación actual también merece atención. En Chile, la obligación de proporcionar sala cuna recae en las empresas que cuentan con 20 o más trabajadoras. Desde una perspectiva económica, esta condición puede generar incentivos que terminan perjudicando precisamente a quienes se busca proteger: al asociar un costo laboral específico a la contratación de mujeres, puede desincentivar que las empresas superen ese umbral y afectar las oportunidades laborales de las mujeres.

Aquí aparece una contradicción que debemos enfrentar. Queremos avanzar hacia una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral, pero mantenemos mecanismos que pueden dificultar su incorporación. Superar esta situación requiere comprender que la maternidad y las responsabilidades de cuidado no deberían convertirse en una desventaja para acceder o permanecer en un empleo.

Ahora bien, desde la mirada de la gestión y los costos, también debemos ser responsables. Una política pública no se vuelve eficiente únicamente porque sus objetivos sean necesarios o compartidos. Requiere financiamiento sostenible, mecanismos claros de implementación y una evaluación permanente de sus resultados. La discusión sobre cómo financiar la sala cuna universal es, por tanto, tan relevante como los beneficios que se esperan de ella.

Pero evaluar responsablemente una inversión también significa considerar su costo de oportunidad. Cada mujer que posterga su desarrollo profesional, interrumpe su trayectoria laboral o deja de percibir ingresos por falta de alternativas de cuidado, representa una pérdida de oportunidades que trasciende su realidad individual. También puede afectar la productividad, los ingresos familiares y las posibilidades de crecimiento del país.

Es necesario mirar más allá de las cifras inmediatas y comprender las consecuencias económicas y humanas de cada decisión. Gestionar bien los recursos no significa simplemente gastar menos, sino utilizarlos de manera que generen valor y bienestar para la sociedad.

La sala cuna universal, por sí sola, no resolverá todas las desigualdades que enfrentan las mujeres en el mundo laboral. Sin embargo, su discusión nos ofrece una oportunidad para revisar cómo entendemos los costos, el cuidado y el desarrollo económico. Quizás ha llegado el momento de preguntarnos no solamente cuánto cuesta financiar una sala cuna, sino cuánto estamos dejando de ganar como sociedad cada vez que una mujer ve limitadas sus oportunidades laborales, por no contar con alternativas de cuidado.