Tropezar tres veces con la misma piedra

Involucrar al Ejercito en la lucha contra el narcotráfico, en la forma ostentosa en que se ha hecho, es mucho más decisivo que aclarar que se circunscribe a sus funciones en la frontera. ¿Cuál es el sentido de gobernar a punta de anuncios que provocan efectos negativos y abren interrogantes, antes que pase nada? 

Las interrogantes que se abren son múltiples. ¿La policía no basta para cumplir con funciones que les son propias?, ¿hasta dónde llega la “frontera”?, ¿por qué involucrar a personal dedicado a la guerra?, ¿la mayor presencia militar en la frontera no produce ningún otro efecto? 

Militarizar la función policial no soluciona problemas. Agrega problemas. Este no es un acuerdo nacional, sino que una sorpresa nacional. Cambia la mano dura por la mano armada. Cuando esto sucede siempre se termina cometiendo errores, solo que, en este caso, los errores no pueden ser reparados. 

La habilidad en la lucha contra el narcotráfico no reside en la frontera sino en el centro donde se resuelve que hacer. Junto con la militarización que ya vimos en La Araucanía, es en la frontera donde se están cometiendo los mayores errores. Mejor dicho, donde se están haciendo visibles los mayores errores de gobierno. 

Está claro que se tienen dificultades serias para graduar los efectos de las resoluciones tomadas bajo la consideración demasiado unilateral de su efecto mediático de corto plazo. 

Hay que recordar que fue el propio gobierno el que incentivó la inmigración venezolana, bajo condiciones preferentes. Solo que los interesados en venir fueron muchos más que los presupuestados. Los efectos de lo comunicado continuaron después que se apagaran las cámaras tras los anuncios. 

Como la finura no ha estado nunca presente, se decidió el abrupto cierre de las fronteras para los inmigrantes venezolanos. Esto provocó una crisis humanitaria como no podía suceder de otra forma. 

El gobierno nunca ha podido explicar por qué es que no se fijó un plazo razonable para aplicar las nuevas condiciones de ingreso. Era imposible que personas que estaban llegando a la frontera cumplieran con condiciones que no tenían al abandonar sus hogares. 

Se dio una fuerte señal internacional de que se estaba ofreciendo un refugio acogedor a las víctimas de una dictadura. Los interesados no hicieron otra cosa que responder a una invitación ampliamente difundida. 

Piñera se presentó como un buen samaritano. Por un rato. Hasta fue a la frontera (no a la nuestra sino a la de Venezuela con Colombia) para ser protagonista de la caída del régimen. El acontecimiento no se produjo. Ahora Piñera se presentó como paladín de la democracia continental. Por un rato. 

Ahora ese mismo gobierno, nuevamente toma una medida de impacto mediático en sentido contrario. La visión de corto alcance le impide ver las implicancias que provocan sus decisiones. Los brazos acogedores también resultaron cortos (aunque esto último era de esperar). Como en el caso del comando jungla. Pero ahora en un territorio mucho más extenso. Decididamente esto es gobernar mal.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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