Una oportunidad para soñar

El momento histórico que vamos a vivir durante el 2021 con el proceso constituyente abre una inmensa posibilidad de volver a soñar con nuestros fundamentos para quienes participamos en política. Efectivamente, un partido político, o mejor un movimiento político, no debe renunciar nunca a los principios y valores que lo inspiran y a su tarea que es necesariamente la construcción del futuro.

Estamos en nuestra modesta opinión, ante un momento en que "el cosismo", "el pragmatismo" y "el populismo" que lamentablemente caracterizan a la política de hoy, en un desesperado afán por sintonizar con algunas demandas ciudadanas, ha desprestigiado esta noble función social. Los ejemplos sobran, en el Ejecutivo y el Congreso, y, por supuesto en todos los niveles de autoridad a lo largo del país.

Sin embargo, la Convención Constitucional puede ser un espacio de conversación para volver a situar la tarea política al servicio del Chile de los próximos años.

Para nosotros, los demócrata cristianos, rescatar los valores y principios que emanan del humanismo cristiano, de nuestros pensadores y fundadores, es imperativo para ofrecer al país una mirada de futuro movilizadora y que no tiene que ver con el clericalismo o el confesionalismo,

Acostumbramos a decir que, para nosotros, política y espíritu, pensamiento y acción, son términos complementarios e indivisibles. No hay política sin espíritu ni acción eficaz sin un pensamiento que la guíe.

La competencia, la capacidad técnica, las medidas prácticas, no son males en sí mismos, porque estimulan la innovación, el crecimiento y la productividad. Pero son fuente de degradación social cuando se transforman en bienes absolutos divorciados de un referente ético y de un sentido de trascendencia.

La respuesta, pues, no puede ser solamente más crecimiento ni más libertades individuales sino otra forma de organización política que las incluya pero que sea capaz de abarcar a todas las personas y a toda la persona.

Es por aquí que debemos trabajar para enfrentar la crisis de desafección que percibimos en nuestras sociedades, globalmente y en América Latina incluyendo por supuesto a nuestro Chile, respecto de la democracia. Debemos replantear con fuerza el sentido comunitario del derecho fundamental de la libertad. La libertad y la solidaridad son partes indivisibles de los derechos y deberes que tiene el individuo en la comunidad. Una sociedad requiere de un adecuado sentido de comunidad, una comunidad no podrá sobrevivir en el largo plazo si sus miembros no dedican una parte de sus esfuerzos y de sus recursos a proyectos compartidos. Quienes sólo se guían por una obstinación individualista destruyen la red de estructuras sociales, esenciales para la comunidad, perjudicando la naturaleza social del hombre. Se encuentra aquí justamente el fundamento de todo orden democrático. La pandemia global que nos afecta no ha hecho sino reforzar este anhelo ciudadano.

Y nosotros, los demócrata cristianos, coincidentemente estamos realizando nuestro VI Congreso Partidario.

Esperamos que con análisis serio y sin ambigüedades, nuestro Congreso, en el contexto de esta reflexión, defina algunas cuestiones como las siguientes:

- El anhelo de una comunidad de mujeres y hombres libres, plasmado en una sociedad comunitaria

- Un Estado garante y promotor de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales de todos los habitantes de nuestro territorio

- Un régimen político descentralizado en que la realidad y anhelos de futuro de las regiones sean canalizados a través de parlamentos regionales que permitirán el surgimiento de nuevos liderazgos nacidos de la sociedad civil

- Un nuevo ordenamiento de la economía con el fin del neoliberalismo -que cautivó también a muchos en el partido- y que responda a nuestra inspiración fundamental de crear una tercera vía más allá del capitalismo y del comunismo práctico. Al parecer, la economía social de mercado ha funcionado sólo en Alemania, pero en nuestros territorios con tantas y profundas inequidades no es una respuesta posible. Más bien debemos pensar en lo que Francisco llama una economía solidaria que tendremos -en buena hora- que inventar para darle forma

- Una política de preservación del medio ambiente y de lucha activa contra los efectos del cambio climático, y

- Una política internacional autónoma, digna y soberana con participación activa en los organismos multilaterales y alejada de los intereses de las grandes potencias.

Es un conjunto de propuestas que debiera permitir dialogar y buscar la necesaria unidad que todo político, que desee concretar desde el poder sus visiones, tiene como imperativo buscar para ser mayoría.

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