Urge cambiar la Constitución

Y no tan sólo la Constitución sino muchas leyes y la concepción de estado de derecho, no tan solo en Chile sino en el mundo. Limitémonos a Chile. La Constitución que nos rige tiene deficiencias profundas insuperables para que en Chile se genere una sana convivencia equitativa y en paz.

El problema indígena. En la creencia profunda, religiosa de valoración y visión de mundo, para los Amerindios no existe el sistema ni el derecho de propiedad, la tierra es su madre, el agua su sangre, los ríos sus hermanos; dijo el indio Seatl (mal identificado con Toro Sentado) al Presidente de USA “esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados… Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto”.

La Constitución y las leyes chilenas tienen como fundamento el derecho a la propiedad, contradictorio con la concepción y visión de mundo del Amerindio que se fundan en el derecho de pertenencia a la tierra y en la convivencia armónica con la naturaleza.

En Chile con la Constitución y leyes actuales no es posible la convivencia amerindia, el sistema actual los perseguirá siempre, arruinará su existencia, sufrirán un genocidio perpetuo, porque su concepción de mundo es antitética a la del huinca. Con espanto lo constatamos en nuestra historia.

Los sistemas de convivencia con los pueblos amerindios y con todos los comuneros son imposibles con una Constitución capitalista neoliberal. La convivencia y la vida amerindia son fraternas, equitativas, comunitarias; coinciden con la genuina convivencia cristiana y la profunda de todas las religiones del planeta. Esta convivencia tiene una fraternidad más universal con todo el ecosistema y llega al nivel cósmico.

La existencia y vida están orientadas a la felicidad en comunidad, para la expansión del ser humano integral en sus aspectos, cognitivos, afectivos, emotivos, morales, éticos, intelectuales, deportivos, estéticos, espirituales, integrados armónicamente en el ecosistema, viviendo todos en una comunidad respetuosa y equitativa en cuanto al poder, propiedad-pertenencia, prestigio, dignidad, ingreso, oportunidades, acceso a la salud, educación, información.

Esta comunidad puede instalarse autónomamente en energía, nutrición, vestimenta, educación, salud, previsión, etc., y dedicarse a su desarrollo humano integral; no es necesario explotar la tierra para que se vaya a otro lugar y enriquezca incluso a extranjeros o gastar ingente energía y tiempo para producir y consumir.

En el capitalismo neoliberal el tiempo y la energía de las personas no se invierten en su desarrollo integral equitativo sino en producir mayoritariamente para otros y en buscar los consumos necesarios donde se gastará casi todo lo ganado para enriquecer a otros que pueden ser los mismos enriquecidos en la producción, lo que aumenta la desigualdad al infinito. La Constitución debe estar abierta para permitir todos los sistemas de convivencia, de otro modo se hace claramente fascista, inicua y peligrosa.

En la Constitución y leyes chilenas la propiedad material vale más que las personas. Hay casos en que un plagiador de CD muere quemado en la cárcel y un barrista que mata a otro anda libre. En la propiedad de productores de energía, en el derecho a aguas, etc., unos pocos se apropian de lo que es necesario para muchos y todavía le cobran por los servicios que estas apropiaciones prestan en sus manos.

Las personas valen en tanto cuanto le dan ganancias a los que tienen la propiedad, especialmente el capital; la educación, la salud no importa si no da lucro monetario a las empresas; los Gobiernos abandonaron la salud y la educación estatal, para correr tras las empresas privadas incluso mediante concesiones de hospitales y centros educacionales de todo el pueblo de Chile, sin su consentimiento (robo).

La Constitución está reñida con la ética y consagra una ética relativista. Es claro el artículo 19 que dice que la ley protege la vida y la del que está por nacer y a renglón seguido dice que la pena de muerte se aplicará conforme a ley.

La ley al suprimir los Colegios Profesionales y transformarlos en Asociaciones Gremiales intrascendentes suprimió toda la ética profesional y de oficios en Chile.Un contador que se opone a una transacción no ética de la empresa en que trabaja se arriesga a ser echado (La Polar), con lo que para vivir hay que faltar a la ética; se ha instalado la tuición antiética de las empresas.

En educación se condiciona la contrata de un profesor a que ponga buenas notas en un porcentaje determinado; esta inmoralidad está muy extendida y vicia cualquier sistema de aumento de la calidad educacional. La putrefacción moral, pero legal, en Chile es la norma.

En algún momento se separó la Iglesia Católica del Estado.Ésta no se completó ya que ahora hay muchas Iglesias, ideologías, partidos políticos, grupos de poder, empresas, etc.El Estado debería estar separado de todos esos grupos y no tan solo de la Iglesia Católica.

El Estado debe acoger igualitariamente a todos por lo que debe ser plural, pero no laico, ya que esto es la nada misma y deviene fácilmente en una ideología laicista.El Estado debe estar separado de toda ideología aún de la neoliberal o capitalista, puesto que estas son algunas de todas las ideologías posibles, y por su integrismo y fundamentalismo han devenido en verdaderas religiones economicistas. Por huir del “estatismo” se ha caído en el “empresarismo” que termina siendo el patrón de Chile y hace prácticamente impotente al Presidente, al Parlamento y a la democracia.

Hay muchos otros aspectos insostenibles como la negociación colectiva, concepción y desempeño de los partidos políticos, etc. pero lo anotado ya es suficientemente conclusivo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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