¿Vale la pena sentarse a conversar?

Durante el primer año de gobierno, reiteradamente en la oposición fuimos blanco de críticas y acusaciones. Se nos tildó de obstruccionistas por ejercer nuestra función legislativa y cuando hicimos visible nuestro desacuerdo frente a determinados proyectos, que considerábamos deficientes o perjudiciales para la comunidad, fuimos motejados de antipatriotas. 

La creación de mesas temáticas de trabajo impulsada por el Presidente durante sus primeros meses de gestión tampoco contribuyó a lograr acuerdos amplios, en tanto buscaba trasladar la discusión legislativa desde su espacio natural - el Congreso - a los salones de La Moneda. 

Semejante ambiente, como era de suponer, ofrecía escasas posibilidades de encuentro. 

En ese contexto, la ronda de conversaciones bilaterales iniciada en los últimos días por el Presidente de la República con los partidos de la centro izquierda puede constituir, en efecto, un cambio en la forma en que el Ejecutivo se ha relacionado con la oposición durante su primer año. 

En atención a la experiencia vivida durante los primeros 12 meses de la administración Piñera, es natural que exista cierta reticencia en algunos sectores de la oposición frente a esta nueva convocatoria realizada por el Presidente. Sin embargo, desde los partidos de la centro izquierda estamos dispuestos a conversar y buscar acuerdos. 

Pero el acuerdo, bien sabemos, implica negociación y ésta, a la vez, consiste en que cada parte sea capaz de ceder en determinados aspectos para alcanzar un fin común. 

Este año debería iniciarse la discusión de un conjunto de materias legislativas especialmente complejas. El Gobierno impulsará la discusión de la reforma tributaria y del sistema de pensiones, asuntos que no estarán ajenos al debate, pues afectan en dimensiones importantes la vida de millones de chilenos. El contrapunto entre oficialismo y oposición en estas iniciativas resulta ineludible. Sería preocupante que ocurriera de otro modo. 

El Ejecutivo no puede pretender que cada uno de sus proyectos sea aprobado sin debates, críticas u observaciones, especialmente cuando no cuenta con las mayorías parlamentarias suficientes como para hacer prevalecer su posición. 

En las comisiones de Salud y Pesca, las cuales presido, deberían ingresar proyectos de fuerte impacto social, como la reforma a las Isapres y la llamada Ley Larga de pesca. 

Poco y nada hemos sabido de ambas iniciativas. 

En materia sanitaria, esperamos un proyecto que reforme el sistema de salud que ponga a las personas en el centro de su atención, no uno que favorezca el negocio de la salud privada a costa de sacrificar FONASA. 

En cuanto a la pesca, sea que se anule la ley vigente o que se opte por la vía de su modificación sustancial, es imperativo generar una discusión sólida en sus argumentos, consciente de la amplitud de necesidades del mundo pesquero, artesanal e industrial, y, sobre todo, absolutamente transparente en su tramitación. Hasta ahora, no conocemos el proyecto que de acuerdo al compromiso del Ejecutivo, sería ingresado a fines de 2018. 

Esperamos que el Gobierno esté cambiando la manera en que entiende y ejerce  la gestión del poder. Esperamos espacio para dialogar, pero también esperamos ciertos gestos que expresen esa voluntad de cambio. 

Sería saludable para la convivencia nacional que el oficialismo pusiera fin a la caricaturización de lo ideológico como un rasgo negativo y exclusivo de la izquierda, que refrenara su tendencia a dividir la sociedad entre los que están a su favor y los que están en contra, y que contuviera esa inquietante obsesión por soterrar la imagen de Michelle Bachelet. 

Nadie puede poner en cuestión que el diálogo y la búsqueda de consensos contribuyen a fortalecer la democracia y son, a la vez, la base para establecer coordinaciones que nos permitan avanzar y exhibir logros que favorezcan a la sociedad chilena. 

Si esta nueva propuesta del Presidente no es otra de tantas acciones comunicacionales que sólo elevan los números en las encuestas por un par de semanas y si, en cambio, tiene en su base el propósito de establecer una nueva y productiva forma de relacionamiento, entonces sentarse a conversar habrá valido la pena.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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