Pesaj, la Pascua judía, una reflexión con todos

Entre el 23 y el 30 de abril se celebra Pesaj  (Pascua Judía), festividad que tiene sus raíces en la historia bíblica, en nuestra conexión con la creación y en los ricos valores espirituales, morales y éticos del Judaísmo.

Pesaj es una fiesta de la primavera (según el texto del Pentateuco), un tiempo de renacimiento y esperanza. En la primavera las plantas vuelven a surgir y florecen en todo su esplendor. Ser conscientes de nuestra conexión con la tierra y la importancia de mantener el equilibrio de todas las creaturas vivientes es una de las lecciones centrales de la primavera y de la festividad judía de Pesaj.

Recreando el relato bíblico de hace miles de años atrás, que recuerda los tiempos de nuestra esclavitud, nosotros, los judíos, tenemos la especial obligación de empatizar con todo individuo o grupo que es oprimido o deshumanizado. Nosotros, que hemos experimentado el sufrimiento, debemos entrenarnos  constantemente en la permanente identificación con aquellos que sufren.

La festividad de Pesaj nos enseña que Dios es compasivo y una amorosa fuerza que está siempre junto al que sufre y al que se encuentra subyugado. A su vez nos enseña que Dios está involucrado cuando y donde haya gente que lucha por realizar la plenitud de su humanidad. De acuerdo al relato bíblico, fuimos los primeros beneficiarios del amor liberador de Dios y lo hemos transmitido a través de las generaciones, portándolo con abnegación durante nuestros peregrinajes.

Esta festividad nos ayuda a distinguir entre dos tipos diferentes de libertad. Una noción muy popular nos habla de la “libertad de…”. Esta asevera que la libertad significa la ausencia de coerción, somos libres de elegir no hacer lo que no nos parezca o de apoyar a quien sea siempre y cuando así lo elijamos. La noción de libertad, valiosa entonces como un comienzo está incompleta. No es la plena libertad de la que nos habla Pesaj.

Pesaj nos convoca a considerar el sentido de la “libertad para”. Por el hecho que fuimos liberados de la esclavitud en Egipto, de la idolatría y de la esclavitud, ahora somos libres para vivir dignamente quienes somos. Ello implica el compromiso de vivir, hablar y trabajar en pos de la libertad y la dignidad de cada ser humano.

Una libertad madura no es huir de las responsabilidades, sino la aceptación de aquellas responsabilidades que funcionan para sanar y reparara nuestro mundo creado por Dios. La liturgia de la festividad nos recuerda que cada ser humano debe sentirse personalmente como si él hubiera salido de la esclavitud.

La libertad y la redención que lideró Moisés fue una revolución política, un evento que cambió la historia de un pueblo; eran esclavos en Egipto y luego eran seres humanos libres trasladándose por el desierto en el camino hacia su tierra.

Un Dios libre quiere seres humanos libres para que sean sus testigos y mensajeros en la tierra. Ese es el mensaje bíblico que resuena en la liturgia de la festividad. Por ello, el Pentateuco no es solo acerca de milagros, revelación y fe.Esos 5 libros contienen leyes, mandamientos y normas para guiar la construcción de una sociedad libre y justa.

Esta festividad nos invita a asumir que somos una fuerza transformadora y que podemos atrevernos a vivir el ejercicio del éxodo de nuestras propias esclavitudes, emergiendo de esas estrechas visiones para hacernos parte activa del proceso que entrelaza a una generación con otra en la construcción de una sociedad posible, la que todos y cada uno anhelamos y merecemos compartir.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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