El racismo en el fútbol

En medio de un disputado partido de fútbol, entre Real Madrid y Benfica, un incidente -con diferentes interpretaciones- afectó gravemente al jugador brasileño, Vinicius Jr, y se reactivo el debate sobre el racismo en el deporte, en particular, el fútbol.

Aún cuando sobre el césped de los enormes estadios que acogen las diversas competencias se comprueba a simple vista que los equipos son una abigarrada mezcla de jugadores y jugadoras de todas las razas, nacionalidades, creencias religiosas y orígenes culturales, y las multitudes de espectadores también lo reflejan, no obstante ello, persiste el encono y la odiosidad racial en muchos asistentes que se fanatizan tras los vítores a los equipos de sus preferencias.

En el alma humana asoma una violencia racial inusitada en personas que pocos minutos antes se entretenían lejos de los desbordes irracionales que han provocado gravísimas tragedias en los estadios...

La ausencia o el debilitamiento de los proyectos de vida que marcaron siglos de relaciones sociales crea espacios para que se anide el odio radical sin justificación alguna en el mundo de hoy, de modo que el retroceso de criterios humanistas compartidos en el sistema global contribuye a sembrar la ira salvaje del racismo.

La confrontación como estrategia global también alimenta el desprecio a los pueblos y naciones, a sus culturas y diversidad cultural. La oligarquía financiero-digital globalizada se mueve tras las guerras y conflictos políticos, institucionales, religiosos y raciales que destruyen países y Estados, su negocio es la proliferación del miedo, la carrera armamentista y la concentración del poder.

Así, sembrando la ira salvaje y la división racial logran intervenir donde se les antoja. El problema de fondo es que se excluye y elimina el porvenir de la humanidad como un objetivo compartido por los pueblos, naciones y Estados que constituyen la civilización humana que debe cobijarnos sin exclusiones de ningún tipo ni especie.

Esta estrategia de mantener la humanidad "al borde de la catástrofe", de modo similar al periodo de la "guerra fría", está incubando una crisis de incalculables consecuencias. Si la extrema derecha global impone indefinidamente esta estructura de confrontación la ruptura de la convivencia entre los Estados alcanzará un grado de inestabilidad de efectos irreparables.

La civilización humana testigo de genocidios terribles como en Gaza, en que se masacra despiadadamente al pueblo palestino, además, amenazada de un confrontación nuclear a escala global que puede poner en peligro su propia continuidad y el estupor ante la falta de perspectivas compartidas en las potencias mundiales vive en una encrucijada que afecta, claramente, sus opciones de futuro. Se atraviesa una situación de incertidumbre global.

Ante un vacío de valores humanistas ya no se repara que el racismo es una de las principales expresiones del desprecio a la vida y la dignidad de la persona humana el que de imponerse conduce también a la destrucción de avances civilizacionales que han costado siglos de evolución y luchas en todos los rincones planetarios.

Hasta hace poco era un hecho trascendente que las selecciones nacionales deportivas tuvieran, en sus filas, notables estrellas de todas las razas, pero, ahora podemos estar una peligrosa regresión de la sociedad contemporánea por animosidades raciales. Es de esperar que se frene esta lamentable conducta. "Una pelotita" no puede enceguecer millones de personas. La humanidad no debe volver a la época de las cavernas.

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