En mayo de 2022 escribí una columna titulada "Impuestos y el pacto que los crea", donde criticaba la situación que se vive en Estación Central y Santiago, específicamente en el sector donde confluyen Matucana, Chacabuco y la Alameda, por un lado, y Meiggs y Exposición, por el otro. Me refería, en particular, a la proliferación de los llamados "toldos azules". Al finalizar esa antigua columna recordé la película Pandillas de Nueva York, ambientada en las "Cinco Esquinas" del viejo Manhattan, donde se refugiaban pandillas y delincuentes. Hoy, lamentablemente, siento que no estamos tan lejos de esa situación.
Hace algunos días, las cámaras de la prensa llegaron al Barrio Meiggs mientras se realizaba un operativo contra el comercio ilegal. Lo que se observó fue casi una comedia, donde personas justificaban el robo de impuestos bajo el argumento de la pobreza. Sin embargo, esa narrativa contrastaba mucho con las camionetas de alto valor y cadenas de plata u oro colgando de sus cuellos, confirmando las estimaciones que hablan de millones generados gracias a la evasión tributaria. Todo esto me recuerda el eslogan "Evade", que ya comentaba en 2022 como una consigna que comenzaba a institucionalizarse y a transformarse en justificación moral para incumplir la ley.
No puedo dejar de señalar que en ese lugar parecía no existir el Estado. Y cuando el Estado se ausenta, surgen los grupos de protección y la ilegalidad ocupa su espacio. En ese contexto, lo que se instala la extorsión y explotación.
Para mí, lo que más me preocupa es el futuro de las pymes del barrio Meiggs, aquellas que visitaba de niño junto a mi madre, o más tarde cuando compraba cuadernos y artículos al por mayor. Espero que no estén cayendo en la tentación de evadir. Porque la evasión es como un cáncer contagioso, en realidad, es una verdadera epidemia. Es fácil que un comerciante que paga impuestos, patentes y sueldos termine justificando la evasión cuando ve reducido su ingreso por el comercio ilegal instalado en su puerta. Ese es el inicio de un proceso de descomposición. El Estado debe asumir su rol para corregir esta situación, premiando al formalizado y no al que hace trampa, no regalemos excusas para evadir.
Pero combatir la evasión no implica perseguir únicamente a quienes están formalizados. También es necesario investigar el patrimonio de quienes operan en la ilegalidad: camionetas, joyas y propiedades. Las imágenes difundidas durante los operativos mostraban evidencias que despiertan preguntas evidentes: ¿no corresponde una investigación coordinada entre la Policía de Investigaciones y el Servicio de Impuestos Internos? Entonces las preguntas son inevitables: ¿qué ocurre con quienes operaban en Meiggs? ¿Dónde están ahora? ¿A qué actividad recurrirán para seguir justificando que son "pobres"? ¿Cómo financiarán patentes de camionetas de alto valor y joyas si la ilegalidad es su modelo de negocio?
Mientras tanto, este verano, al subir al Metro en Tobalaba, probablemente volveré a ver vendedores ambulantes en el cambio de andén a plena vista de todos. Y otra vez estaremos frente a la misma pregunta: ¿seguiremos buscando justificaciones para la evasión o comenzaremos, de una vez por todas, a enfrentarla?
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