Chile y la consolidación de una política de Estado para los océanos

Días atrás se dio a conocer una excelente noticia para la conservación de los océanos de Chile. El Presidente Gabriel Boric, previo a finalizar su mandato, firmó la aprobación de los Parques Nacionales Mar de Juan Fernández II y Nazca-Desventuradas II. En este proceso, la comunidad fue clave para su avance e, impulsada por su experiencia de más de 100 años de protección de sus mares y argumentos científicos sólidos, promovió esta iniciativa de gran trascendencia que posiciona globalmente a nuestro país en la materia.

Estos parques nacionales se ubican en territorios con una biodiversidad excepcional de alto valor ambiental, científico y cultural, donde habitan especies endémicas vulnerables ante las actuales condiciones climáticas. El 87% de los peces de Juan Fernández y 72% de los de las Islas Nazca-Desventuradas poseen esta condición única. Por ello, esta expansión de la protección marina es de máxima relevancia, ya que integra sectores que permanecían desprotegidos dentro de nuestra zona económica exclusiva.

El anuncio también es coherente con el hito del 17 de enero de 2026, cuando entró en vigencia el Tratado de Alta Mar (BBNJ, por su sigla en inglés). Este instrumento, trabajado por más de 15 años, contó con un rol activo de nuestro país en la promoción de acuerdos globales para la protección de ecosistemas más allá de las jurisdicciones nacionales.

Así, el Estado de Chile avanza firmemente hacia la consolidación de una política sostenida para proteger su mar. Con la aprobación de estos nuevos parques, el país superó el 50% de protección de sus océanos, situándose entre las cinco naciones con mayor porcentaje de su zona económica exclusiva bajo resguardo.

Este escenario es inmejorable para consolidar a Chile como líder mundial en protección marina. El acuerdo BBNJ adquiere una dimensión estratégica mayor tras la presentación formal ante Naciones Unidas, en noviembre de 2025, de la candidatura de Valparaíso para ser sede de la Secretaría del Tratado. Lograrlo no solo sería un hito diplomático, sino que convertiría a Valparaíso en la primera ciudad de América Latina en albergar la sede central de un organismo del sistema de la ONU; una oportunidad que debemos sostener con convicción y voluntad política.

De cara a este desafío país, los líderes políticos actuales y futuros tienen la responsabilidad de defender esta candidatura como una expresión de política de Estado. Esta iniciativa beneficiará significativamente a Valparaíso y al país, impulsando la economía local y reforzando nuestra tradición de respeto por el derecho internacional en la búsqueda de soluciones globales.

Chile debe reconocer con orgullo sus avances en conservación y mirar hacia el futuro con la certeza de no retroceder, sino de profundizar el liderazgo estratégico que permite la preservación de nuestros ecosistemas marinos.

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