El recién pasado 3 de junio, la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) convocó a un paro estudiantil y a una manifestación pública de nivel nacional. La movilización se realizó en la mayoría de las principales ciudades del país y convocó a estudiantes universitarios, estudiantes secundarios, docentes y asistentes de la educación, quienes se manifestaron en contra de los recortes gubernamentales al presupuesto en educación, en ciencia y medio ambiente, así como en contra de proyectos que implican un claro retroceso, como es la nueva norma denominada "Escuelas Protegidas".
Las políticas y los anuncios del Gobierno, con un evidente tono economicista que, al parecer, busca retrotraer los avances que desde 2006 se han alcanzado en el campo educativo, logran generar -en tiempo récord- un amplio y extendido malestar en las bases y dirigencias estudiantiles de universidades públicas y privadas, en las y los estudiante secundarios y en amplios sectores del profesorado nacional y de las y los asistentes de la educación. Sin embargo, la situación parece que en el futuro se tornará aún más compleja, dada la evidente falta de disposición al diálogo ciudadano y al entendimiento democrático que el gobierno manifiesta en lo cotidiano.
La represión desmedida a la movilización de las y los jóvenes y trabajadoras y trabajadores de la educación, es otro signo evidente de la ausencia de vocación democrática que el gobierno manifiesta día a día. Decenas de estudiantes heridos y detenidos, prohibir la manifestación por la Alameda, desplegar una masiva fuerza policial que ejerció una brutal represión hacia los manifestantes, son otros síntomas de este fenómeno.
Y esta actitud, hasta ahora, parece ser una constante, parece ser una expresión de una posición política extremadamente conservadora. La línea política predominante en el gobierno parece estar hegemonizada por un grupo extremadamente ideologizado, un sector militante de claro cuño ultra neoliberal que pretende volver a un escenario educacional dominado por las leyes de mercado y, por tanto, por la falta o debilidad en las regulaciones y exigencias a quienes sostengan iniciativas privadas en educación.
Las restricciones a la gratuidad, los anuncios de modificación al sistema de admisión y matrícula en la educación escolar, la reducción del presupuesto vía recortes a la inversión pública en educación, la anunciada paralización y revisión a la Nueva Educación Pública, los cuestionamientos y recortes a la inversión en ciencia, son manifestaciones de este proceso. Estos lineamientos, a poco andar, traen a la memoria las medidas y declaraciones de los "Chicago Boys".
No obstante, esta verdadera restauración conservadora en proceso, le plantea al país un problema de marca mayor. El sistema educativo chileno, en el nivel escolar y en la educación superior, producto de este tipo de políticas fracasadas tanto en Chile como en el mundo, arrastraron a las escuelas y universidades, a profundos y sostenidos procesos de crisis, de los cuales el sistema educativo estaba recién recuperándose. El abandono estatal a la educación pública y la privatización de la educación chilena, son procesos que generaron un sistema educativo de mala calidad, además de ser un sistema altamente desigual y segregado, rasgos que han golpeado y golpean a la sociedad en su conjunto.
La pérdida de competitividad país, la cesantía y la pobreza estructural, la pérdida sostenida de poder adquisitivo de las profesiones, la desafección de la ciudadanía con el sistema democrático y con la política, los descendidos niveles de comprensión lectora que caracterizan a gran parte de la población chilena, incluyendo a gran parte de su masa de trabajadores, técnicos y profesionales, son fenómenos de los negativos efectos de un sistema educacional privatizado.
Nuevamente, así como los años 2006 y 2011, es el movimiento estudiantil quien toma la iniciativa y plantea a la opinión pública nacional, la necesidad de prestar atención a este tipo de políticas. Es de esperar que la clase política, gobierno y oposición, reaccionen a tiempo ante esta escalada que pretende restaurar un régimen ultra neoliberal. El país ya conoce los nocivos efectos de este modelo fracasado. Ojalá que la sociedad chilena en su conjunto tome consciencia del riesgo que corre el país.