Siento vergüenza ajena

El diccionario de la Real Academia Española define vergüenza ajena como "la vergüenza que se siente por lo que dicen o hacen otros". A mayor abundamiento, se reconoce hoy día que "vergüenza ajena es la incomodidad o pena que se siente al ver a otra persona hacer o decir algo ridículo, torpe o humillante, como cuando alguien discute con seguridad sabiendo que está equivocado". Comparto con los lectores que, en los últimos días, he sentido vergüenza ajena por las acciones y declaraciones del Presidente de la República en dos momentos.

Frente al fallo de la Corte de Apelaciones de Santiago que absolvió definitivamente de toda responsabilidad penal al exintegrante de Carabineros Claudio Crespo, en las lesiones que causaron la ceguera total y definitiva de Gustavo Gatica, en ese entonces estudiante universitario y hoy diputado de la República, el Presidente escribió en sus redes sociales: "La justicia ha hablado en el caso de Claudio Crespo y lo ha hecho fuerte y claro. Luego de años de acusaciones, ha sido exonerado de todos los cargos y se confirma que actuó en legítima defensa".

Desde luego, estas declaraciones se apoyan en la versión instalada por la derecha, con la complicidad de sus medios de comunicación, que lo ocurrido en octubre de 2019 fue una asonada violenta y delincuencial destinada a alterar la vida democrática y a propiciar el derrocamiento del gobierno. Hemos sido débiles y hemos carecido de las convicciones para explicar que lo ocurrido fue una movilización social en que los miles de centenares de chilenos que llenamos las plazas a lo largo y ancho de Chile quisimos decir basta a los abusos y levantamos banderas legítimas en busca de una verdadera justicia social ante la imposibilidad de la clase política para dar respuestas concretas y encauzar un proceso de cambios que favoreciera a los ciudadanos. ¡Qué hubo hecho de violencia delincuencial por supuesto! Pero suponer que la inmensa mayoría de quienes nos movilizamos somos cómplices o delincuentes y que se puede tergiversar la historia porque se tienen los medios y recursos para ello no es aceptable señor Presidente.

Dicha versión ha transformado a las fuerzas policiales en héroes -hoy se discute su indulto indiscriminado- que nos defendieron y que merecen nuestro respaldo.

Los hechos son porfiados y contundentes a pesar de la ignorancia con que se argumenta desde el ejecutivo. Incluso se habla de preocuparse de los derechos humanos de las fuerzas policiales y de las Fuerzas Armadas que se supone siempre usarán bien el monopolio de la fuerza que les otorga precisamente el Estado.

Pues bien, las violaciones a los derechos humanos ocurren cuando agentes o instituciones del Estado dañan, niegan o no protegen los derechos fundamentales de las personas. Los ejemplos principales incluyen la tortura, la desaparición forzada y la detención arbitraria. Como los tribunales no han podido negar, se ha establecido, fuera de toda duda razonable, que fueron los perdigones disparados por el excarabinero Crespo los que quitaron para siempre la vista a Gerardo Gatica.

Para el Presidente de la República esto no tiene importancia ni merece un mínimo de empatía. Ni una sola palabra para la víctima y ninguna preocupación por las consecuencias de la acción del excarabinero. Sólo insistir en el principio ideológico, que identifica a la ultraderecha en todo el mundo, y que se expresa como la legítima defensa, aunque ésta produzca violaciones a los derechos humanos. Se entiende la campaña del ejecutivo para desvirtuar el Plan Nacional de Búsqueda o la tarea del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Sobre todo, cuando respecto de los condenados por violaciones a los derechos humanos por estos mismos tribunales, se duda del veredicto de la justicia y se trabaja por instalar la idea de que ellos merecen ser indultados.

No recuerdo en mi historia personal haber sentido vergüenza ajena con alguno de los presidentes elegidos democráticamente por expresiones tan intencionadas como penosas y decepcionantes.

En esta misma línea, durante el reciente Encuentro Empresarial de La Araucanía (Enela), el Presidente de la República relató una conversación que tuvo en Lautaro con una señora que le habría hecho "una comparación entre ella y una familia de altos recursos", a lo que le contestó: "No se compare, dele las gracias al país que hizo que esa familia pudiera salir adelante y veamos todo lo que esa familia ha aportado a la nación".

"Se nos trata de llevar a esa confrontación entre ricos y pobres, impuestos más bajos supuestamente para los superricos y la desprotección para los más vulnerables. Pero no es así", sostuvo. Así, el Presidente defendió a "las personas que han tenido éxito en la nación y que son dignas de reconocimiento", e instó a que lo sigan haciendo. Nuevamente el Ejecutivo nos informa que lo importante en la historia de la patria es lo que ha hecho el 5% más rico de nuestra población y que el aporte de los millones de trabajadores que han dedicado su vida y esfuerzo a aportar el trabajo necesario para que la patria crezca no es comparable al apellido, a la riqueza y a la especulación financiera que en más de un caso ha hecho crecer esas fortunas. Acabo de escuchar a su ministro de hacienda en la televisión, miembro de la misma matriz ideológica, decir, en la misma línea que el responsable del crecimiento es el sector privado.

Llama la atención que un presidente que termina todas sus intervenciones pidiendo a dios que bendiga nuestra patria -igual que Trump- y que se confiesa creyente no sepa que para el humanismo cristiano la primacía del trabajo sobre los beneficios del capital es un principio ético y económico que sostiene que la persona que trabaja y sus necesidades están por encima del dinero o las cosas. El capital es solo un medio para producir, mientras que el esfuerzo humano es el verdadero motor de la sociedad y merece justicia. ¡La soberbia no lo ha dejado ver señor Presidente que esa señora en Lautaro tenía razón en su reclamo!

Es una verdad objetiva que, al volver a promover el crecimiento sólo sobre la base del chorreo, se legisla sólo para los sectores más ricos de la población y los grandes empresarios ni siquiera considerando los intereses de los pequeños y medianos empresarios ni menos de los emprendedores por cuenta propia, como las mujeres rurales que han visto terminado un exitoso programa que durante años desarrolló Indap. El entusiasmo de los gremios que agrupan a los grandes empresarios es evidente y su apoyo al candidato Kast y hoy a su gobierno también lo es. En definitiva, aunque le moleste, menos impuestos para los ricos y recortar los derechos sociales esenciales para las grandes mayorías, es gobernar para los ricos. Y no se necesita militar en la extrema izquierda para pensar así, basta verlo gobernar.

Formado en el humanismo cristiano me reconozco con orgullo como militante demócrata cristiano y esta vergüenza ajena nace de mis profundas convicciones de respeto irrestricto a la dignidad de la persona humana, de todas las personas, aunque no piensen como yo. Tal vez por su admiración confesada reiteradamente por el dictador Pinochet, cuya dictadura nunca ha aceptado condenar, su foco y su admiración están concentrados en las fuerzas armadas, en las fuerzas policiales y en los sectores más pudientes, nunca en las grandes mayorías y en su derecho a expresarse, aunque sean niños que merecen respeto de su parte.

Es cierto que, desde el punto de vista institucional, usted es la autoridad máxima del país lo que no admite discusión, pero más allá de lo legal, es usted señor Presidente que, impulsado por una visión ideológica extrema y por el desprecio a los millones que no pensamos como usted, ha perdido la oportunidad de ser reconocido como "el presidente de todos los chilenos".