El Foro Madrid arriba a Santiago. Lo organiza la Fundación Disenso, el think tank del diputado español Santiago Abascal y del partido Vox. Este será su V Encuentro Regional. El objetivo de este espacio de la ultraderecha internacional es articular un bloque que se define a sí mismo como alternativa al orden liberal de posguerra y como oposición firme a los regímenes comunistas y socialistas.
¿Por qué Santiago? La propia organización explica que la llegada al poder de José Antonio Kast, uno de los primeros firmantes de la Carta de Madrid, era el escenario perfecto.
Ese vínculo no es una anécdota menor. Es la evidencia que permite trazar un mapa de afinidad ideológica transnacional entre gobiernos que comparten un mismo ideario. Que Chile reciba el encuentro pocos meses después de la asunción de J.A. Kast convierte a Santiago en escenario simbólico de esa disputa de cómo se entiende la libertad.
Se ha dicho que esta red es la concreción de lo que se conoce como iliberalismo. Pero, ¿cómo entender este concepto? El politólogo Fareed Zakaria popularizó en 1997 la idea de "democracia iliberal". La fórmula es simple: se gana en las urnas, pero se erosionan las instituciones. Son gobiernos que llegan al poder mediante elecciones limpias y luego debilitan los contrapesos que sostienen a toda democracia sana: tribunales independientes, prensa libre, protección de las minorías. Ese es el núcleo del concepto.
Entonces el iliberalismo no rechaza las elecciones. Rechaza el pluralismo que debería acompañarlas. Sus síntomas son reconocibles en la literatura que se ha preocupado del tema: concentración del Poder Ejecutivo, deslegitimación de jueces y periodistas, apelación constante a "el pueblo" frente a las "élites", y una agenda cultural que privilegia la tradición por sobre la diversidad. El repertorio discursivo es reconocible, la seguridad como eje central, la retórica antielites y el escepticismo frente a los organismos multilaterales.
¿Qué decir de esta forma de entender la política? El cuestionamiento es el siguiente: el Foro Madrid reivindica democracia, libertad y Estado de derecho, pero promueve al mismo tiempo una concepción muy fuerte de soberanía nacional, identidad cultural y autoridad política. Esa combinación puede entrar en tensión con componentes centrales de la democracia liberal.
La crítica de fondo es que reduce un campo político heterogéneo a una lógica de "ellos contra nosotros". Este foro no busca solo competir en las urnas. Busca también disputar valores, ideas, lenguaje e identidad cultural.
Por ello, se ha advertido un riesgo importante: que la política se desplace desde los problemas materiales, crecimiento, empleo, educación, salud, vivienda, desigualdad, hacia conflictos culturales sobre identidad, inmigración, género, familia o nación.
Bajo este contexto, en Chile se ha generado una serie de cuestionamientos. Esta crítica no proviene solo de la izquierda. En Chile, dirigentes de la propia derecha liberal han expresado reservas. Por ejemplo, desde RN y Evópoli se ha cuestionado que la llamada "batalla cultural" termine alejando la discusión de las prioridades ligadas a la calidad de vida de las personas.
Sin duda, ningún análisis serio puede ignorar que J.A. Kast gobierna con una legitimidad de origen indiscutible. Pero esa legitimidad no inmuniza contra la erosión iliberal. Esa es la lección de Hungría de Orban y de El Salvador con Bukele.
A meses de iniciado el gobierno, sería apresurado hablar de un "gobierno iliberal" consolidado en Chile. Pero sí existen señales que ameritan revisar: el discurso de mano dura en seguridad, el impulso de reformas constitucionales que concentran poder en el Ejecutivo, y la retórica confrontacional en migración.
En consecuencia, el riesgo no está en cómo se llega al poder, sino en cómo se ejerce con el tiempo. El iliberalismo no es una etiqueta para descalificar gobiernos electos, pero es un concepto que encierra una amenaza a la democracia liberal.
Chile conserva una arquitectura institucional robusta: Tribunal Constitucional, Poder Judicial independiente, prensa plural y sociedad civil activa. Hoy esa arquitectura es el mejor antídoto contra cualquier deriva iliberal, venga de donde venga. La tarea no es hacer profecías ni interpretaciones sesgadas. Es observar con rigor, exigir con altura y defender siempre el pluralismo como valor no negociable. Aquello es un pilar que sostiene la convivencia democrática.
El Foro Madrid llega a Santiago izando las banderas de la "libertad" y la "seguridad". La mejor respuesta democrática no es "cancelarlo", sino entenderlo: nombrarlo con precisión conceptual es el primer paso para que la vigilancia ciudadana no llegue tarde. La democracia es un régimen exigente. No puede quedar sometida a la polarización, a la descalificación y, menos, una disputa entre "buenos y malos".