La anticolumna en tiempos desalmados

Hablar de Palestina es como suplicar que la humanidad no se extinga... ya pareciera que no hay vuelta atrás. ¡El buenismo debe desaparecer! Chile normaliza las relaciones militares con Israel, posiblemente este paso pueda dar un reimpulso a una mejor relación con los Estados Unidos, quien nos ha castigado con política arancelaria por no ser todo lo dóciles que debiéramos en momentos de pugnas con China por la hegemonía mundial.

Ante tal diagnóstico, ni siquiera el hecho que la comunidad más numerosa de Tierra Santa fuera de los países árabes resida en Chile puede ser un factor de análisis para comprender que el dolor y la tragedia de los palestinos tuviesen alguna incidencia en nuestra política exterior. Todo chileno debe comprender que hoy la "emergencia" demanda atraer inversiones y facilitar el comercio a como dé lugar. ¿Qué utilidad pudiese representar palestina para tales efectos?

En tal sentido, posiblemente el Gobierno no se equivoque en estar seguro de que primará la razonabilidad entre los chilenos -en especial los que simpatizan con Palestina- de que resulta menester cumplir la palabra empeñada en tiempos de campaña con cierta elite mundial alineada con el sionismo. Además, comprenderán que el faro de luz de la civilización es sinónimo de Israel, quien desarrolla las startups, los sistemas de armas, provee acceso al mercado financiero global y nos vende las anheladas tecnologías de control social y seguridad.

En tiempos postmodernos poca relevancia asignamos a la democracia entendida como un sistema de valores, derechos humanos, dignidad de la persona humana, derecho internacional o moral. Estos conceptos pierden su naturaleza universal y sólo aspiran a ser aplicables a los connacionales... lo demás es música.

En los hechos, el Gobierno de Chile no podrá resolver el destierro o genocidio de los palestinos, así que enfocarse en los temas de interés material de la nación debiese ser el único horizonte.

Por lo tanto, la Cancillería está a la altura de las razones de Estado, es decir, toma de decisiones fuera de todo sentimentalismo. La política exterior está de regreso, ya que sin titubeos vela por nuestros intereses tangibles. El espíritu puede renovarse en una eucaristía, podemos orar por los niños de Gaza sin necesidad de conculcar beneficios materiales que se concederán si nos alineamos con los indicados.

En consecuencia, el Gobierno sincera la realidad: Palestina no existe o al menos no es un problema de Chile; lo que además hace consistente su mirada de desconfianza ante los organismos internacionales que, a su juicio, tanto daño han hecho, principalmente por ser una caja de resonancia del wokismo, lo que permite comprender su escepticismo respecto de todo lo que proviene de ellos, tales como las órdenes de arresto por genocidio y crímenes de guerra sobre el primer ministro de Israel.