Acceso a la anticoncepción: informar es parte de cuidar

En la construcción de una salud pública moderna, la salud sexual y reproductiva ocupa un pilar central. Sin embargo, en el acceso efectivo a la anticoncepción persiste un desafío silencioso, y es la brecha de información clara. En la farmacia, cada semana, se recibe la misma pregunta formulada de distintas maneras: "¿Esta pastilla sirve para prevenir o para una emergencia?". La confusión no es un detalle menor ya que, muchas veces, es la diferencia entre una decisión informada y un embarazo no planificado.

Chile ha avanzado notablemente en este ámbito. La tasa de fecundidad adolescente cayó de 60 nacimientos por cada mil jóvenes hace dos décadas a 11,9 por cada mil en 2021, mientras el uso de anticonceptivos en personas de 15 a 29 años alcanzó el 84,5% en 2022. Son cifras que reflejan una población más consciente. Pero según Sernac, 29,9% de las mujeres en edad fértil declara no usar ningún método anticonceptivo.

Lejos de juzgar o criminalizar el uso de medicamentos -grandes aliados de la autonomía y del bienestar femenino-, es momento de reivindicar el valor de la educación sanitaria. Según registros del Instituto de Salud Pública, los anticonceptivos se mantienen entre las terapias de mayor demanda en el país. No obstante, reportes del Ministerio de Salud evidencian que las dudas sobre esquemas de toma, olvidos de dosis o interacciones farmacológicas siguen siendo causales frecuentes de errores en la adherencia.

Y es aquí donde está el problema real: no es sólo de acceso, es de comprensión. Entender la diferencia entre los métodos habituales (a base de progestágenos o estrógenos) y la anticoncepción de emergencia es fundamental.

Un método anticonceptivo regular -sea oral, inyectable, un dispositivo intrauterino o un implante- se usa de forma sostenida, requieren rigurosidad diaria para garantizar su eficacia y previene el embarazo antes de que ocurra la relación sexual, no después. Por su parte, la anticoncepción de emergencia, popularmente conocida como "la píldora del día después", no reemplaza un método regular. Según el Minsal, tiene hasta 93% de efectividad si se toma dentro de las primeras 24 horas tras una relación sexual sin protección, y su eficacia disminuye con el tiempo, hasta un plazo máximo de cinco días. Fue diseñado para retrasar la ovulación en situaciones excepcionales, no para reemplazar la protección continua.

En este escenario, la farmacia se consolida como un espacio de salud cercano, confiable y libre de juicios. El rol del químico farmacéutico trasciende la entrega de un producto; orientamos con base científica, derribamos mitos, fortalecemos la prevención y orientamos recurrir a la matrona o a un centro de salud en caso de evaluación adicional. Ya que brindar información y que ésta sea clara y oportuna es la herramienta más sólida para garantizar elecciones responsables.