El pasado martes 17, un grupo de colonos ilegales israelíes irrumpió con armas de fuego en una escuela de niñas en Palestina, en la Cisjordania ilegalmente ocupada por Israel. Intimidaron a los docentes y a las jóvenes estudiantes, en plena jornada escolar. Se trató claramente de un acto de violación, uno más entre miles, a las normas y convenios internacionales que protegen el derecho de la infancia a recibir educación en condiciones de seguridad y tranquilidad.
Organismos de Naciones Unidas han documentado que en Cisjordania escuelas han sido cerradas o forzadas a suspender clases debido a ataques de colonos y acciones militares, y que estudiantes y docentes enfrentan hostigamiento e intimidación que interrumpen su derecho a la educación. Esta situación tiene décadas de historia y de impunidad en Palestina, pero tras el inicio del genocidio en Gaza, este tipo de agresiones han escalado.
Pese a la frecuencia que presentan estas acciones de amedrentamiento, este es un caso que no podemos dejar pasar, por su directa relación con nuestro país: quien encabezaba el grupo violentista era Zvi Sukkot, el que ostenta el cargo de presidente del Grupo interparlamentario chileno-israelí. Zukkot irrumpió, según muestran las imágenes, con una pistola al cinto, cual vulgar pistolero.
Presidir un grupo interparlamentario internacional no es un cargo decorativo. Estos grupos existen para mantener y fortalecer la relación política entre dos países a nivel de sus parlamentos. Su presidente no actúa solo como individuo, sino como representante de ese vínculo institucional, participando en reuniones oficiales y enviando señales políticas al país contraparte. Por eso, quien ocupa esa presidencia asume una responsabilidad pública: su conducta y sus acciones impactan directamente en la imagen y en la calidad de la relación entre ambas naciones.
Antes de este cobarde ataque contra niñas, Sukkot ya acumulaba antecedentes de actos violentos. En 2009 fue arrestado por la incineración de una mezquita y por participar en acciones de "Price tag" contra palestinos y sus bienes. En 2012 fue incluso expulsado de Cisjordania mientras se le investigaba por planificar y ejecutar ataques violentos contra civiles palestinos.
La lista es mucho más extensa y eso se suma a múltiples declaraciones de incitación al odio contra la población palestina. A pesar de todos estos antecedentes, en 2025 senadores y diputados chilenos del grupo interparlamentario chileno israelí de nuestro país, mantuvieron reuniones con él.
Hoy, pese a la amplia difusión de las imágenes y a la gravedad de los hechos, el grupo parlamentario chileno-israelí no ha emitido ninguna declaración. Cuando quien preside el vínculo parlamentario con Chile encabeza un ataque contra una escuela, la ausencia de una reacción transmite una señal de tolerancia o conformidad institucional. Ese silencio proyecta la idea de que este tipo de acciones pueden ocurrir, sin afectar la relación con nuestro país. Y cuando Chile no marca una mínima línea de rechazo frente a la violencia contra la infancia, lo que se pone en juego es la coherencia de nuestros propios estándares en materia de derechos humanos y nuestra reputación como nación.
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