Gestiones transitorias, infancias priorizadas

El cambio de mando de este miércoles 11 de marzo entre Gabriel Boric y José Antonio Kast no solo es un hito político, sino que abre un nuevo ciclo de decisiones que pueden consolidar o desandar avances claves en educación e infancia, es el tiempo preciso para saber si nuestro país profundizará en el rumbo de derechos integrales o se devolverá más a lo contingente.

No podemos dejar pasar que es casi poético que este cambio de mando coincida con el inicio del año escolar, como el inicio de un curso donde todos deberíamos aprender y desarrollarnos. Así mismo, debería ser obligatorio que nuestros estudiantes sigan el rito, no por civismo romántico, sino para que sean testigos de cómo funciona esa extraña criatura llamada "institucionalidad", ya que el cambio de mando es -en rigor- un examen de madurez colectiva, donde lo que se pone a prueba no es la capacidad de mando del nuevo presidente, sino la capacidad del país para no borrar con el codo lo que se escribió con la mano, una especie de templanza democrática y proyectiva.

Se hace muy importante por lo mismo consolidar la idea de que la educación y la infancia son políticas de Estado que transcienden gobiernos y colores políticos o ¿seguimos administrando ciclos de entusiasmo de cuatro años?

Para ir más allá del periodo establecido se necesita de la coherencia entre discurso y presupuesto, no basta hablar de "prioridad en la infancia" si ello no se refleja en el erario, en la formación docente y el fortalecimiento de equipo psicosociales. Un compromiso explícito de no retroceder en enfoque de derechos, diversidad e inclusión. Y que la pretendida excelencia no signifique exclusión.

La urgencia que emana de las salas de clase es la priorización a la primera infancia, y con esto asegurar sala cuna y jardín como derecho universal efectivo, con foco en los sectores que se encuentran más postergados. Promover la estabilidad institucional, evitar reformas estructurales que impliquen la alta rotación y apostar por ajustes graduales con evidencia técnica. Consolidar políticas integrales de convivencia escolar y salud mental, que apueste por escuelas felices y con liderazgos eficaces, ya que recordemos que las transformaciones no son súbitas, si no que gradual y sostenible.

Porque, al final del día, las verdaderas transiciones no ocurren en La Moneda, sino en las escuelas, en sus salas de clases y en los hogares. Y allí, lejos de los discursos y pretensiones, se juega cotidiana y silenciosamente el futuro nuestro como país.

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