Persianas abajo

Para escribir sobre este 11 de marzo de 2026 hay que mirar las manos: las de quienes aplauden con una alegría que tiene un rancio sabor a revancha, y las que se hunden en los bolsillos con el frío de la incertidumbre. José Antonio Kast ha cruzado el umbral de La Moneda tras una victoria que duele en la memoria. Ese 58,16% de los votos frente a Jeannette Jara no fue solo un número; fue el portazo de una sociedad que, asfixiada por el miedo inoculado en seguridad y migración, buscó refugio en la prosa antigua de un orden severo. El país eligió una casa con las persianas abajo, donde el silencio se confunde con la paz, aunque el ambiente huela a vigilancia.

Vimos a Gabriel Boric entregar la banda con la melancolía de quien intentó arar el mar y terminó con los zapatos mojados, bajo el eco de excusas sobre contextos difíciles y aprendizajes tardíos. Al otro lado, el hombre de la sonrisa imperturbable asumió el mando con la rigidez del heredero que recupera un latifundio. Kast llega con un ajuste fiscal de 6.000 millones de dólares que, como siempre, pagarán los mismos: los que esperan en el consultorio y los que suben al sistema Red de madrugada.

Su promesa de bajar el impuesto corporativo del 27% al 23% es el desmantelamiento del Estado disfrazado de libertad; un margen financiero para el sector privado a costa del recurso público. Es, en esencia, la mirada de quien ha pasado 30 años en los negocios y entiende la gestión del país como la de una empresa propia ¿qué puede salir mal?

Lo que estremece de este tiempo es la falta de matices. En la narrativa republicana, la patria es un sitio cerrado donde solo florece el que "agacha el moño". Su plan de militarización fronteriza y presidios de máxima seguridad son los muros de un Chile que ha decidido lamerse las heridas hacia adentro.

Sin embargo, ninguna barrera física contiene la precariedad: la ausencia de futuro no se resuelve con candados. Que Chile haya elegido la reja frente a la plaza, el autoritarismo frente al diálogo, es una historia ya leída en otros siglos: la de hombres que confunden disciplina con justicia. Mientras el nuevo Presidente saluda desde el balcón, bajo la banda tricolor late un país que se resiste a olvidar que el futuro no se construye regresando a los cerrojos y a la oscuridad. El camino no es el encierro, sino defender, palmo a palmo, la luz de lo público. Eso sí que lo sé.

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