2026: entre la innovación y el riesgo de retroceder frente al VIH

El inicio de 2026 encuentra a la respuesta global frente al VIH en una encrucijada crítica. Mientras la ciencia avanza con nuevas herramientas preventivas y líneas de investigación que abren oportunidades inéditas, los recortes al financiamiento internacional han tensionado como nunca los sistemas de prevención, diagnóstico y tratamiento.

El cierre de 2025 dejó claras señales de alerta. El Informe Mundial de OnuSida advirtió que la crisis de financiamiento internacional provocó el mayor retroceso en décadas en la respuesta al VIH. Según estimaciones de la OCDE, la asistencia sanitaria externa cayó entre 30% y 40% en solo un año, afectando directamente programas comunitarios, acceso a PrEP y servicios esenciales para poblaciones clave. Detrás de estas cifras hay personas que quedaron sin protección ni atención oportuna.

Este escenario se agrava en un contexto de debilitamiento de los derechos humanos. El aumento de países que penalizan la orientación sexual o la identidad de género no solo vulnera libertades fundamentales, sino que también dificulta el acceso a la salud y profundiza el estigma, uno de los principales obstáculos para controlar la epidemia.

Pese a ello, 2026 no comienza sin esperanza. La aprobación por parte de la Organización Mundial de la Salud del lenacapavir inyectable semestral para la prevención del VIH marca un punto de inflexión. Esta innovación puede cambiar la vida de miles de personas que enfrentan barreras de adherencia, estigmatización o dificultades para acceder a tratamientos diarios. A esto se suman investigaciones prometedoras en inmunoterapia que apuntan a una posible cura funcional, demostrando que la ciencia sigue avanzando incluso en escenarios adversos.

Las mayores alertas están puestas en niños, niñas y adolescentes. Las cifras recientes muestran que miles de ellas y ellos continúan adquiriendo VIH cada año y que el acceso al tratamiento sigue siendo profundamente desigual.

En Chile, el desafío también es urgente. Aunque existen avances en cobertura de tratamiento, persisten brechas en prevención, diagnóstico oportuno y acceso a nuevas tecnologías. El desafío no es la falta de herramientas, sino la falta de voluntad para usarlas con decisión y sin dejar a nadie fuera.

Con 40,8 millones de personas viviendo con VIH en el mundo y la meta de poner fin al sida como amenaza de salud pública en 2030, 2026 aparece como un año decisivo. La ventana de oportunidad sigue abierta, pero se estrecha. Retroceder no es inevitable; es una elección. Y las consecuencias de esa elección marcarán a toda una generación.

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