Dejar vivir o matar: ésa es la cuestión

La Presidenta envió al Parlamento la “ley del aborto” en medio de un debate nutrido en los medios. Que la Universidad Católica y su hospital y la Universidad de los Andes y su hospital no van a realizar abortos. Que esta negativa se ampara en la objeción de conciencia. Que no puede ampararse en ella como institución ya que las instituciones deben someterse a las “ordenes” del “Estado” que es “laico”. Que el derecho de la mujer embarazada está por encima de la vida del feto. Que el feto no es persona de derecho. Que la vida del feto está por encima de la madre. Que el respeto a la vida no es absoluto ya que se vulnera en la guerra, la defensa propia, la eutanasia o suicidio asistido, en el aborto terapéutico. Qu’esto que l’otro.

Todo es atendible pero no van al fondo ético-legal y de realidad del problema. La realidad como proceso de desarrollo vital y de decisiones humanas, decisiones con responsabilidad moral y legal es simplemente: matar o dejar vivir al feto con todo su contexto valorativo, emotivo, afectivo, socio-económico-cultural, legal, familiar. Pero no puede el contexto confundir al hecho decisivo para enjuiciar las intenciones sin las que no hay ni legalidad ni moral posible, ni aborto ni no-aborto.

Si no hay intención directa y primaria de matar al feto no hay aborto ni legal ni ético. Se enfrentan dos vectores valóricos irreductibles, porque las decisiones son sobre alternativas contradictorias (feto vivo o muerto).

Deberá legislarse respetando estos valores irreductibles.

1) Los que valoran más la vida del feto que la condición y decisión de la madre.

2) Los que valoran más la decisión de la madre y por ende su “derecho”. Pero las decisiones humanas, los derechos, la concepción de persona, las leyes, los sentimientos y los juicios están en la cabeza de los seres humanos digamos en el plano gnósico, plano que no puede equipararse al feto y su vida que está en el plano óntico y se da con independencia de todo lo que los seres humanos tengamos en nuestras mentes.

¿Qué vale más un ser vivo y su vida o lo que los seres humanos pensamos, hacemos convenciones sobre y sentimos de ese ser vivo? Un hipopótamo ¿existe independiente del ser humano o es un producto de la mente humana?

Esto soluciona totalmente el problema religioso, agnóstico, laico, ideológico, materialista o espiritualista porque obliga a todos los seres humanos a pronunciarse valóricamente sobre este vector (feto y su vida)-(madre y sus sentimientos y mente). No hay escapatoria.

Los que somos médicos de más de 55 años vivimos la época heroica del aborto séptico y realizábamos abortos en los turnos cuando llegaban mujeres con infección ovular o uterina y septicemia y teníamos que proceder al vaciamiento con “cucharillas” filudas que descuartizaban al feto (¿muerto?), sacando trozos de él cuyas extremidades aún se retorcían.

Un amigo partidario del aborto libre insistía que éste debía aprobarse en Chile, le expliqué lo del descuartizamiento fetal y le ofrecí enseñarle para que él hiciera un aborto en esas condiciones, dijo que por ningún motivo, que eso debían hacerlo los expertos (nunca más lo vi).

Entonces ¿porqué pedir al equipo de “Salud” que se haga cargo de asesinar a seres humanos (piense también en la eutanasia)? La legalidad tiene al verdugo que administra veneno o baja la palanca de la silla eléctrica, o al pelotón de fusileros. ¿Porqué no se fusila al que solicita eutanasia? o viceversa ¿por qué no se eutanasia al sentenciado a muerte?

La Medicina está orientada a dar salud y calidad de vida. No existe entre sus prescripciones “mátese a fulano o a zutana, o abórtese a este feto”.

Cuando un médico (personal de salud) realiza una acción para matar a alguien se sale de la medicina (especialmente de la Hipocrática) y por lo tanto si la ley obliga a que alguien por algún procedimiento mate a otro alguien, la ley debe proveer la existencia de locales, especialistas, formas y medios para hacerlo diferenciados de la acción de salud, porque la acción de matar está fuera de ella.

Esto es meridianamente claro en la declaración de la Asociación Médica Mundial y en el Código de Ética del Colegio Médico de Chile. Curiosamente la responsabilidad del que mata en el aborto o en la eutanasia no es tratada por la ley ni por la ética corriente. Estas muertes ocurren por procesos impersonales que suceden en los recintos de salud cuyas murallas, camas e instalaciones trasudan muerte que cristaliza en el aborto de ese feto o muerte de ese eutanasiado.

El Estado no es “laico” (RAE: que no tiene órdenes religiosas; escuela o enseñanza que prescinde de la instrucción religiosa). En el Estado de Chile hay religiones y aún la Masonería es iniciática (no profana que es sinónimo de laico), con ritos de ascensos de grado y liturgias con ornamentos.

Por otra parte no hay ser humano que no tenga concepción y valoración de mundo a las que esté re-ligado por creencia profunda y eso es su religión no adscrita a una formal, pero religión al fin.

Al contrario el Estado es plural y dado que valora positivamente esa pluralidad el Estado de Chile es pluralista. Luego debe legislar para todos respetando todas las religiones, ideologías y posturas de valores irreductibles; no puede imponer fascistamente una posición que obligue a las otras a una objeción de conciencia, que de suyo muestra el fracaso completo al respeto a la pluralidad.

Si el Estado admite como posibilidad la realización de abortos ante la solicitud de una mujer, debe proveer de abortorios estatales, fuera (no necesariamente físicamente puede ser con distinto horario en el mismo recinto) del clima de salud, donde atiendan especialistas en aborto, con el vector valórico respectivo.

Los actuales abortorios clandestinos y sus especialistas podrían acreditarse como abortorios estatales dada su gran experiencia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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